Cadenas

De regreso a casa, más temprano que nunca, José miraba anonadado a través de la ventana del auto bus de la compañía para la que había trabajado por 7 largos años; y que hoy, junto con ocho compañeros más, lo había despedido.

Desde que empezó todo esto era lógico pensar que en muchas empresas hoteleras ocurrieran despidos masivos de empleados, pero José nunca se imaginó que fuera uno de los afectados. Se había comprado un vehículo hace poco y tenía dos préstamos en el banco que eran pagados entre su esposa y él.

Ahora, su vida había dado un vuelco en negativo, en todo el camino sacaba cuentas y, lo que el gobierno le iba a dar, no daba más que para las necesidades básicas, por tanto, era un lujo para ellos en ese momento que; doña Luisa, que tenía ya 5 años trabajando para ellos como ama de llaves, siguiera con sus labores.

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Doña Luisa es una mujer fuerte de 73 años y está trabajando desde muy joven. No tuvo oportunidades para estudiar en la universidad, pero, nunca le faltó trabajo. Es una mujer inteligente y confiable que se ha encargado de criar a su nieto desde antes de que su hija muriera de una enfermedad catastrófica.

Esa tarde, Luisa notaba que Don José estaba muy apenado por la situación que le presentaba, pero ella entendía que, en este momento, no era tan necesario pagarle a alguien por aquel trabajo. Preguntó si podían recomendarla con alguien que necesitara ayuda en su casa y les agradecía por todo.

Se fue a casa con el dinero de los días trabajados. Tendrá que sobrevivir con una pensión paupérrima que le dejaron tantos años de servicio en el sector público.

Manuel abraza a su abuela muy fuerte cuando esta llega a la casa. Con 12 años, es un niño cariñoso e inteligente. Era de los pocos niños del barrio que iba a una escuela privada, su abuela hacía de tripas corazón para poder darle la educación que ella no tuvo y este, la estaba aprovechando al máximo, aun sin saberlo.

Luego de dos meses de encierro, al fin la abuela le compraría la computadora que necesitaba para seguir sus clases online, pero Manuel no entendía por qué abuela estaba tan triste. Un día, escucho una conversación de la abuela con alguien a quien le hablaba en voz baja pero molesta: “Voy a tener que cambiarlo de escuela porque no me da para pagar este año”

Tomó el celular de la abuela, donde podía jugar cuando ella no lo estaba usando y, buscando entre los contactos escribió el nombre de su mejor amigo para contarle, insertando muchos emojis tristes, que no iba a seguir yendo a la escuela.

Felipe se preocupó mucho al leer esos mensajes. Él y Manuel tenían la misma edad y eran muy buenos amigos, tanto que doña Luisa había guardado el número del niño para que hablaran de vez en cuando.

Felipe fue corriendo donde su madre y, preocupado; le contó lo que su querido amigo le había dicho. Le preguntó si ellos no podían hacer nada para ayudarlos. “Habla con tu padre, hijo” le dijo su madre cabizbaja.

Agustín escuchó a su hijo atentamente y, con un perfil muy serio le explicó: “Felipe, sabes lo que está pasando en el mundo, eres un niño inteligente. A nosotros esto nos afectó mucho y, estaremos bien, gracias a que hemos tenido la oportunidad de guardar dinero suficiente para un momento como este”

Don Agustín, como solían decirle, sabía que la pandemia les daría un golpe fuerte a sus negocios, trató por todos los medios que su mayor orgullo, un hotel turístico de 4 estrellas cerca del mar, se mantuviera en pie, pero era imposible ante la naturalidad del virus. Ese día estaba muy triste, había despedido a 8 de sus mejores empleados operativos, incluyendo a José, que era como parte de su familia.

La vida es una cadena y, esta pandemia nos afecta a todos, arrasando como un domino muchos sueños, muchas ilusiones, metas y planes. Sin embargo, como cadena, si nos mantenemos fuertes, si nos ayudamos y respaldamos los unos a los otros, podemos volver poco a poco, a ser lo que éramos, a tener lo que teníamos, a soñar lo que soñábamos… no dejemos que mueran nuestros sueños.

“Las ganas de soñar es lo único que la realidad no debería poder quitarnos”

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Cuando una musa se va.

De la misma forma en que en aquella historia ficticia donde una flor, al deshojarse, encadena eternamente a la bestia; dando como castigo el nunca mas volver a ser humano.
Igual al sol, cuando abandona su cenit, muriendo en naranja en el horizonte más lejano, dejando en penumbras a una tierra con hambre de luz de Luna.
Así se siente mi ser ahora.

Te digo adios-poemas-Antonio Gala-Poeta

Ahora que se aleja aquello que no me atreví a conquistar de nuevo, aquella isla prohibida donde se esconde un tesoro que nadie se atrevía a robar y ahora se va sumergiendo palmo a palmo.
Así se siente perder la musa…
Poco a poco se va para siempre y lentamente me pierdo en la soledad.
Como dejar el aire fuera y cerrar las puertas.
Como si el alzaimer alcanzará mis sentidos.
Como cuando mis dones se parten por deshuso.
Como si mis virtudes hirieran cual aspas tajantes.
En cada pétalo caído de aquella flor mencionada, en cada uno de ellos que toca el frío cristal del tiempo, así se va alejando la musa que dormía en mi consciencia.
No la puedo detener y se aleja.
No la puedo detener y la pierdo.

¿Si lo hago?

¿Si la pierdo?

Es lo mismo que mi alma deje mi cuerpo inerte…por que parte de mi ser le he regalado.

Intimas Amigas

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No recuerdo un solo día en el que me haya dejado sola en mis momentos de soledad.

Siempre había estado en las peores, más que en las mejores, pues, no vivimos tan cerca como para visitarme constantemente, sin embargo aquí está, otro día fatal en que me arrulla y me frota el pelo para que deje de llorar por las estupideces que me hacen las personas que deberían amarme.

-¿Por qué ya no me quiere igual? Soy sincera con él, trato de ser bueno esposa, soy una buena madre y nunca le he faltado…será que no le gusto.

-Es un idiota y eso es todo querida. Un hombre que no vea la belleza que llevas dentro no merece ser parte de tu vida, y menos si es feo. _Dijo, haciéndome reír en mi penuria, como siempre.

Tocó mi barbilla con su dedo índice y levantó mi rostro húmedo de lágrimas de dolor, ira y desesperanza.

-No me siento amada hace tiempo ya, Carla.

-Si es así, entonces no me consideras parte de tu vida, yo te amo amiga y nunca dejare de hacerlo.

En sus ojos había tal verdad, una sinceridad enorme que ya hacía tiempo no veía en Carlos, en nadie. Me miro con amor y me abrazo con una sonrisa tierna, tanto como sus brazos en mi primera desilusión adolescente.

Quise corresponder a su cariño, al amor que me tenía. La mire y me acerque tanto a su rostro que nuestras narices se tocaron, su mano como de manera automática toco mi cuello y el calor de sus manos quemaba sin hacerme daño.

Su sonrisa, tan hermosa y su aliento al respirar me erizaron la piel…y toque mis labios con los suyos.

Si, la bese…así sin fuerzas, desgastada por el llanto que derrame por alguien que había olvidado que era mujer, que me hacían falta detalles, que no me amaba hacia tanto tiempo.

Un beso inmóvil, suave, se podía palpar en el aire el cariño y la verdad de los labios que se juntaron en aquel momento, creando un mundo desconocido.

Se despegaron nuestros labios sin el ánimo de hacerlo, solo por la curiosidad de vernos y tratar de adivinar que pensamos.

Aún tenía los ojos cerrados cuando realicé mi segundo ataque y como aspas chocamos entre carne y fluidos por unos minutos.

Me recosté en sus hombros y mientras besaba mi piel recordé como me consolaba cuando mi primer novio me trato como estúpida.

Me recostó de la almohada húmeda que tenía en sus piernas y se posó sobre mi…al parecer vio cuando mis labios temblaron de nervios. Yo aún no sabía lo que estaba pasando.

Sonrió y casi al instante mordió mis labios, quito mi blusa y se dirigió a mis pechos.

Sabía que me conocía, compartíamos toda nuestra vida y cada detalle, pero no sabía que tanto podía conocer mi cuerpo…

Sus manos me estremecieron solo con un toque en el lugar ideal con la presión específica; mi cuello, mis pechos, mis piernas estaban a su merced.

Había olvidado como se siente el éxtasis de que alguien que te ama te toque con devoción y Carla lo estaba haciendo como nadie.

Sus labios en mi abdomen contraían mis músculos y mis manos luchaban entre el sigue y el detente mientras empujaban su cuerpo hasta el templo de mi ser.

Aquella, mi amiga íntima, se refugió en mi intimidad y bebió del mana de mi sexo.

Un calor friolento subió desde mis piernas hasta mi cabeza con el simple roce de su respiración en mi nido y como relámpago bajó a mis caderas al frote de sus labios.

Sus manos agarraron fuerte las mías como previendo un huracán, pero fue un tornado el que sentí cuando se inspiró a devorarme.

Apreté tan fuerte que mis uñas la hirieron creo…un éxtasis de placeres junto con el ardor de lo prohibido carcomió mi conciencia y fue cuando mis piernas abrazaron su cuerpo como cinturones ardientes.

No escuchaba más que mis gemidos y algunas neuronas sentí que explotaron de un momento a otro varias veces, cada molécula de mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y un grito ahogado me dejaba jadeante,  perdí la visión por segundos mientras contemplé mentalmente un paraíso…

Volví en mí y aún sentía el dulce sabor del clímax, Carla estaba a mi lado, observándome, mientras regresaba del viaje al país de las maravillas.

La mire sonriente.

Y ella respondió coqueta con un ademan muy particular.

Entre mi respiración turbada y agitada solo pude decir:

-Creo que debo llamar a mi abogado.

Reí.

Me beso.

Olvidado seré

Soy aquella gárgola maldita que en noches derretía cuerpos ardientes que nadaban en brasas de deseos.

Doblando razones, descorazonando e hiriendo de muerte a mis victimas.

Un alma desalmada que apenas tiene cabida en el reino de las absurdas acciones que motivan mis desvaríos.

Prestidigitador de falsas ilusiones, prometedor de esperanzas invisibles, amigo inconsciente del desamor.

No me declaro culpable de nada pues ya los hechos hablan por sí solos y el sentirme tan solo entre tantas personas confirma que soy un espíritu que pronto será olvidado por lunas y princesas, por reinas y poetisas, por niñas y doncellas, por diosas y deidades.

Como no me olvidaran si lo que recordaran de mí son golpes abruptos luego de un tiempo de sosiego, como no recordarme solo para traer penas a su memoria; desilusión y decepción.

Creador de las corazas que ahora cubren sus sentimientos haciendo casi imposible ganar batallas a caballeros que quizás si valgan la alegría.

Olvidaran que yo existo, recordaran que existió de mí solo el mal que engendre…y será mi exilio de sus sentimientos, pasiones, deseos y razones.

Y me veré en un espejo oscuro mientras mi reflejo se aleja por la penumbra que transmitirá la tristeza de estar solo…solo entre una muchedumbre que intenta que despierte, que cambie, que vuele. Como volar si temo a las alturas.

Un guerrero con las armas necesarias para ganar cualquier batalla, pero, sin la valentía necesaria para llevarlas hasta el final y conseguir al menos una victoria absoluta.

Me volveré piedra, aun cuando el sol bañe mi cuerpo con sus rayos para despertarme, esta gárgola quedara ahí; inerte, encima de aquel tempo de rocas y silencios, mirando el amanecer y deseando no haber matado tantas oportunidades de ser feliz.

Maldito sea aquello que no me permite olvidar, maldito aquello que trae a mí solo el miedo, el dolor y la soledad, maldito yo, por ser como soy.

Feliz cumpleaños poeta desdichado.

Entre aguja y tela.

Bajo la luz tenue de una vieja y gastada bombilla de tungsteno, ensarta con facilidad la aguja con un hilo cuasi invisible, imposible de ver a simple vista. Con una maquina más antigua que su fallecido padre, es uno de los personajes más populares de la sociedad marginada.

Aquel señor al que le encanta el etílico líquido que lo mata amablemente, aquel al que llaman sastre, el que no huele muy bien según los niños e irresponsable según los grandes.

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Además de coser, deshilachar, cortar y ensartar, tiene un nombre, Andrés.

A veces sí, se tardaba demasiado para hacer su trabajo, pero de que se quejan si es el trabajo que más barato pagan. En ocasiones, sí, extraviaba los enseres, pero no se puede esperar mucho cuando cose en su habitación que, por mal o bien, se encuentra llena de ropa.

Con más caladas de cigarro en un día que puntadas al encoger un pantalón de la señora no tan delgada que quiere estar a la moda, no tiene otra cosa que pensar que con lo que ganara hoy no será suficiente para la cena.

Dos pantalones, tres camisas, las mismas medias del señor de la motocicleta y un vestido roído por los ratones. “Puede ser que el día mejore” piensa mientras se da un trago de veneno de largo plazo.

Con 60 años y 40 de ellos en aquel aparato viejo, oxidado y desgastado en la incómoda butaca culpable de la curvatura que a leguas se observa en su espina dorsal, paró de coser un día antes de la hora acostumbrada. Y vinieron tantas cosas a su cabeza, su esposa, sus hijos, lo difícil que era para el trabajar cada día y noche para que ellos no fueran lo mismo que él, un don nadie.

Se sintió triste y humedeció la camisa que en aquel momento le arreglaba las mangas. Un llanto mudo salía de sus ojos mientras miraba la bombilla que apenas permanecía encendida y parpadeaba como quien agoniza luego de una larga batalla contra espartanos.

La bombilla se apagaba, la de sus ojos; y sintió un peso enorme que lo golpeaba, perdió la visión en un instante y sus pies no respondían cuando intento ponerse en pie. Cayó al piso pero la ropa tirada amortiguo su caída.

Eran las 8:00pm y su esposa tenía 5 minutos sin escuchar el sonido metálico de la aguja contra el corre telas. Lo encontró tirado, en estado de shock y con una aguja en la mano intentando, aun inconsciente, coser el botón faltante de aquella camisa.

Sentado, enfrente de la humilde vivienda que habitaba, estaba el popular Andrés. Dueño de una fama inconfundible de cuenta cuentos exagerado, mentiroso de mentiras blancas y sastre irresponsable pero de calidad.

Quizás su cabeza no soporto tal encierro, tal vez su corazón no entendía lo que había pasado. De lo que estoy seguro es que antes de aquel fallo que llego a su cerebro, ambos órganos se preguntaron al unánime: ¿Qué hizo con su vida?