Intimas Amigas

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No recuerdo un solo día en el que me haya dejado sola en mis momentos de soledad.

Siempre había estado en las peores, más que en las mejores, pues, no vivimos tan cerca como para visitarme constantemente, sin embargo aquí está, otro día fatal en que me arrulla y me frota el pelo para que deje de llorar por las estupideces que me hacen las personas que deberían amarme.

-¿Por qué ya no me quiere igual? Soy sincera con él, trato de ser bueno esposa, soy una buena madre y nunca le he faltado…será que no le gusto.

-Es un idiota y eso es todo querida. Un hombre que no vea la belleza que llevas dentro no merece ser parte de tu vida, y menos si es feo. _Dijo, haciéndome reír en mi penuria, como siempre.

Tocó mi barbilla con su dedo índice y levantó mi rostro húmedo de lágrimas de dolor, ira y desesperanza.

-No me siento amada hace tiempo ya, Carla.

-Si es así, entonces no me consideras parte de tu vida, yo te amo amiga y nunca dejare de hacerlo.

En sus ojos había tal verdad, una sinceridad enorme que ya hacía tiempo no veía en Carlos, en nadie. Me miro con amor y me abrazo con una sonrisa tierna, tanto como sus brazos en mi primera desilusión adolescente.

Quise corresponder a su cariño, al amor que me tenía. La mire y me acerque tanto a su rostro que nuestras narices se tocaron, su mano como de manera automática toco mi cuello y el calor de sus manos quemaba sin hacerme daño.

Su sonrisa, tan hermosa y su aliento al respirar me erizaron la piel…y toque mis labios con los suyos.

Si, la bese…así sin fuerzas, desgastada por el llanto que derrame por alguien que había olvidado que era mujer, que me hacían falta detalles, que no me amaba hacia tanto tiempo.

Un beso inmóvil, suave, se podía palpar en el aire el cariño y la verdad de los labios que se juntaron en aquel momento, creando un mundo desconocido.

Se despegaron nuestros labios sin el ánimo de hacerlo, solo por la curiosidad de vernos y tratar de adivinar que pensamos.

Aún tenía los ojos cerrados cuando realicé mi segundo ataque y como aspas chocamos entre carne y fluidos por unos minutos.

Me recosté en sus hombros y mientras besaba mi piel recordé como me consolaba cuando mi primer novio me trato como estúpida.

Me recostó de la almohada húmeda que tenía en sus piernas y se posó sobre mi…al parecer vio cuando mis labios temblaron de nervios. Yo aún no sabía lo que estaba pasando.

Sonrió y casi al instante mordió mis labios, quito mi blusa y se dirigió a mis pechos.

Sabía que me conocía, compartíamos toda nuestra vida y cada detalle, pero no sabía que tanto podía conocer mi cuerpo…

Sus manos me estremecieron solo con un toque en el lugar ideal con la presión específica; mi cuello, mis pechos, mis piernas estaban a su merced.

Había olvidado como se siente el éxtasis de que alguien que te ama te toque con devoción y Carla lo estaba haciendo como nadie.

Sus labios en mi abdomen contraían mis músculos y mis manos luchaban entre el sigue y el detente mientras empujaban su cuerpo hasta el templo de mi ser.

Aquella, mi amiga íntima, se refugió en mi intimidad y bebió del mana de mi sexo.

Un calor friolento subió desde mis piernas hasta mi cabeza con el simple roce de su respiración en mi nido y como relámpago bajó a mis caderas al frote de sus labios.

Sus manos agarraron fuerte las mías como previendo un huracán, pero fue un tornado el que sentí cuando se inspiró a devorarme.

Apreté tan fuerte que mis uñas la hirieron creo…un éxtasis de placeres junto con el ardor de lo prohibido carcomió mi conciencia y fue cuando mis piernas abrazaron su cuerpo como cinturones ardientes.

No escuchaba más que mis gemidos y algunas neuronas sentí que explotaron de un momento a otro varias veces, cada molécula de mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y un grito ahogado me dejaba jadeante,  perdí la visión por segundos mientras contemplé mentalmente un paraíso…

Volví en mí y aún sentía el dulce sabor del clímax, Carla estaba a mi lado, observándome, mientras regresaba del viaje al país de las maravillas.

La mire sonriente.

Y ella respondió coqueta con un ademan muy particular.

Entre mi respiración turbada y agitada solo pude decir:

-Creo que debo llamar a mi abogado.

Reí.

Me beso.

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Cazador cazado

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Con las ganas caninas de un lobo siberiano te olfateo, tu escencia, tu olor; y salgo a la cacería.

Es inevitable el deseo de morder tu carne y rasgar tu piel hasta desnudar tu ser.

Has creado en mi una necesidad, es hambre de ti sin haberte probado.

Un hambre voraz que quema mis huesos por las ganas de tenerte desnuda entre mis piernas.

Tu piel morena me incita al pecado, a la curiosidad…al morbo, al tiempo que tu sonrisa y tu mirada entran, llaman a la puerta de mi ternura; por la ventana a mi dulzura.

Así se polimerizan esos paradójicos sentimientos, y es que te quiero con ternura desgarrar y con dulzura penetrar, con mi lengua tus labios; con mis ojos tu mirada, con mi deseo tu alma y con mi sexo tus adentros.

Penetrar tu piel con mis caricias, enaltecer tu ego, y tu furia con gemidos.

Así mi cacería terminaría, aun sin entender que el depredador fue vencido y abatido por la presa.

La ternura de tu ser

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Chocar con aquella mirada de suaves sensaciones y tranquilidad caótica por ver aquellos ojos grandes y brillantes, con el poder de aquietar tu vista fijamente a ellos, viendo dentro, aquella ternura de tu ser, aquella esencia bella de colores pasteles y reflejo de acuarelas.

Aquella energía inagotable que se transfiere a los que te rodean, como virus de alegría y espontaneidad, esas sonrisas; esos gestos, tus lindos pómulos…

Cada musculo de tu rostro, los contrastes, luces y sombras que en tu cara se puede apreciar, cada detalle hacen que la felicidad fluya al momento en que llegas y te haces sentir.

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Aquello que tienes, que no sé lo que es pero encanta, esa belleza exótica que de tu personalidad brota, no sé lo que sea…pero me agrada.

Transmites unos deseos de cariños y caricias, una paz romántica que se apodera del entorno, es como un instinto de deseos bonitos, de besos lentos y mordidas pequeñas, de mirar en lo profundo de tus ojos y ver los deseos de tu piel, verlos más de cerca, cada vez mas…

Perderme en tus ojos y encontrarte en tus labios, Ni mil palabras podrían describir aquello que posees, solo sé que encantas con la ternura de tu ser.