Tu hombre metafísico

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De pie en frente de ti, acostada en aquella cama que una vez fue mía, esa extraña sensación de magnetismo que tienen nuestros cuerpos aun con las características que ha tomado el mío, la ansiedad de tocarte, de besarte.

No me iré.

No me iré sin antes recostarme de tu pecho desnudo, aquella piel que extraño cada día de mi inacabable existencia.

No me iré hasta rozar aquel templo, ese cáliz que hacía que el gemido de tu voz sea una dulce melodía.

No me iré hasta besar, esos labios que me hicieron adicto desde la primera vez que logre probarlos.

Sé que me sientes, me introduzco en tus sueños, hago que te erices y que quieras arrancarte la piel.

Cada noche estaré aquí para ti, para hacerte el amor, aunque ya no pueda tocarte cuando estés despierta, te amare, y te haré el amor, aun cuando elijas otro que ocupe el lugar del que un día fue tu hombre en la vida.

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Besos Internos

De mis pasiones besos internos

Cada vez que tengo la oportunidad y el honor de probarte, de besar tu boca de miel, de morder tu cuello suave y delicado, de probar tus deseados y tiernos pechos, es una sensación y placer únicos, es una extrema satisfacción de que te estoy satisfaciendo, es la plenitud del acto al pensar en ti como mujer y darte la prioridad en el sexo; pero cambiaría todo eso por darte un beso interno, esos besos prohibidos, besos deseados, que suben el morbo, que te dan vergüenza pero que anhelas con locura, esos besos que muerden, que rosan, que no duelen, te erizan y hacen que por momentos te vayas y vuelvas como boomerang.

Besos que sientes salir y entrar, esos besos que no quieres dejar de probar, que hacen que tu libido controle tu cerebro dejando salir a la fiera que llevas dentro, esos besos que sientes desde adentro y terminan afuera pidiendo con tus manos que no se detengan y empujando con tus piernas como que ya no quisieras…esos besos que me encanta darte, que no puedo dejar de brindarte, donde siento el calor de tu cuerpo y con la nariz mojada me quedo.

Besos que aprisionan tus labios entre tus dientes, mordiendo por el placer que sientes, esos besos que hacen que rasgues la cama, y que intentes acallar gritos con la almohada, esos besos que hacen que me duela la cabeza, por los tirones que me das cuando mi lengua muestra pereza, esos besos que terminan para empezar el acto principal de la cama al cual le llaman amar.

Vestido Rojo

de mis pasiones vestido rojo

Parado en la acera de aquel lugar de clase media, esperando a alguien, que al ver, me daría una sorpresa; su mirada y su sonrisa traviesa, su caminar o su presencia tan inquieta.

La noche negra que posada estaba, en donde volteo la luna mientras llegaba, aquella mujer cruzando la calle, con ese vestido rojo tan elegante.

Me miro, y suspire tan hondo como largo el tiempo que no la veía, y mi piel se erizó como piel de gallina, me dijo hola y sin más palabras, se monto en el taxi que nos esperaba.

Elegimos el lugar de cenar en el camino, pero no dejaba de mirar su sexy y lindo vestido, dejaba ver su piel por aberturas, que a mi vista se duplicaba en hermosura.

Sin importar el humo ni la contaminación, la ciudad no quitaba su dulce olor, dulce aroma que con placer respiraba, la fragancia a cielo que de su cuerpo emanaba.

Vi sus labios que resaltaban con el vestido, y me dieron ganas de pedirle un besito, pero no lo hice pues muy bien sabia, que esa noche junto a mí dormiría.

Fuimos a cenar hablo toda la noche, y yo entretenido solo la escuchaba a ella entre ese mar de voces, su lindo vestido resaltaba aquel lugar, por el color escarlata parecido al sangrar.

Se reía, me hizo reír, y esperamos muy tarde para poder salir, hacia un lugar que solo tendría, un baño, un mueble y una cama vacía.

La cama la llene con su cuerpo mientras entre besos quitaba, el hermoso vestido que su piel abrazaba, tratando de no romper en pedazos, aquella bella pieza que cubría su regazo.

En el mueble descansamos luego de hacer el amor, donde respiramos y nos besamos con furor, y allí mismo pensé comenzar la faena, de darle placer hasta que mi cuerpo muriera.

Acostado junto a ella, viendo sus labios carmesí, decidí besarle antes de sueño morir, con aquel vestido rojo soñé aquella noche, mientras tu cuerpo abrazo mi alma hasta el derroche.