Ellos – Divergentes

Parte 3

“Me encantó. Te veo en la calle donde nos besamos. Sábado, 4:00pm” _ Decía la nota que ella había ocultado entre su ropa interior.

Se le escapó una sonrisa que bailaba entre la duda y la picardía.

Era jueves al medio día y él no había ido a trabajar. Se puso los pantalones y los zapatos apurado al recordar su rutina, pero, segundos después, se abandonó a las consecuencias de una noche indescriptible. Se recostó en la cama y durmió.

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El sonido desesperante del timbre de teléfonos que, sin parar repiten su tonada cada 2 segundos. El bullicio de gente conversando sobre divisas y productos. La alfombra manchada con corrector para bolígrafos. El retumbar incesante del golpe seco e inmisericorde de un sello pre tintado contra el escritorio y, en medio de ambos, hojas de papel.

Al final del pasillo, entre la madera de un cubículo cuadrado y el humo espeso que salía de una taza llena con una mezcla de leche y chocolate caliente, estaba ella. Con las orejas invadidas por unos audífonos que emanaban música movida; tabulaba en automático, informaciones desde un pedazo de papel a una vieja computadora.

Era viernes, y casi terminaba su labor. Sus compañeros de trabajo la habían invitado a salir luego de la jornada, pero, de inmediato había dicho que no. Esto le recordó la razón por la que no deseaba salir con sus compañeros justamente ese viernes; Él.

Entonces su mente le hizo ver, entre imágenes destellantes, las cosas que podía recordar con claridad de aquella madrugada donde amaneció sobre su regazo.

Él, por su parte, hacia las compras de la quincena. Un listado que había hecho en su celular donde tachaba las cosas que le hacían falta y que ya tomaba del escaparate. Dentro de la lista estaba escrita la palabra “Bóxers” … A su mente se acercó el recuerdo de aquel papel entre su ropa interior y la silueta de la persona que lo había escrito.

Ella recordó las manos grandes, fuertes; y los dedos largos de aquel hombre que había arrasado su piel, como una oz segando un sembradío.

En aquel hombre se asomaban memorias del olor a alcohol caramelizado que provenía de aquella fémina borracha de deseo y cócteles.

En la oficina, ella tomaba la taza con ambas manos y acercaba sus labios a esta con cuidado, imaginando el cuello robusto que dejó aquel sabor a tequila y sal en su paladar.

lips lickingEn el pasillo 9 de aquel supermercado, había un hombre con el cuerpo en un lugar y su mente entre dos piernas.

Ella temblaba mientras trataba de quitar una grapa de un par de papeles por pensar en las mordidas recibidas mientras lamía sus labios.

Con una bolsa llena de lonjas de pan, él trataba de tapar las secuelas que provoca el aumento de la velocidad de la sangre, dirigiéndose como bólido sin freno ombligo abajo; por culpa del departamento de damas en la sección de ropa interior, donde en cada maniquí se la imaginaba a ella.

Cinco minutos antes de las 6:00pm, se levantó de su cubículo y rápidamente se dirigió al baño, entró a un espacio privado, bajó la tapa del sanitario, con la mente en blanco y sin pensar; tapó su boca con la mano derecha y clavó; débilmente, las uñas de la otra mano entre sus muslos.

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Unos segundos pasaron para que su mente volviera en sí con una exhalación que dejo sin aire su diafragma. Sacó del bolsillo su celular. Revisó su pantalón, por si quedaban pistas de su viaje momentáneo; y miró la hora… Era hora de ir a casa.

Abrir la puerta, dejar la llave en la mesa del comedor. Quitarse el brasier. Rascarse la barba. Hacer pis al desnudo. Mojarse el cabello. Abrir la ducha, mojarse la cara, pensarse. Con la frente en la pared había dos mundos totalmente diferentes queriendo colisionar. Con la frente en la pared miraron hacia el muro mojado que tenían delante y, por una milésima de segundo, creyeron verse.

Dos cabezas diferentes, dos mundos divergentes; pensando cada uno cosas similares de una forma muy distinta. Avergonzados por el hecho de que, tan solo por pensar en esa persona, salen de su rutina… pero con ganas suficientes para respirar hasta llenar el cuerpo de aire mientras se piensan mutuamente.

¿Cómo hacer para que esos deseos mengüen si no está la persona que los hace fluir?

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Pues, cada uno tendrá su forma, ¿No? Él mientras tomaba el baño. Ella, justo antes de dormir. Ambos optaron por calmar temporalmente su apetito con ayuda de sí mismos, o de algún juguete. No les quedaba de otra.

Una bocina proveniente de un camión de carga la despertó. Los sábados eran su día favorito. Una ducha, desayuno rápido y quedarse en pijama hasta mediodía, era toda una aventura para ella. ¿Su pijama? Un T-shirt que le cubría hasta los muslos; eso y nada más.

Secándose el cabello, desnudo en medio de la sala de estar, él cambiaba canales de la televisión buscando quien sabe qué. Un sándwich de queso y jamón, algo de jugo y un chocolate que encontró en la nevera. Apagó el televisor. El reloj marcaba la 1:45pm.

Sueños

Hoy volví a soñar con ella. Aquella de la sonrisa inefable.

Esas memorias inundan mi mente presentándome como recuerdos sus besos; los pocos que nos dimos, sus manos delicadas tocando mi mejilla, su olor dulce y la esencia de sudor que desprendía su piel por el calor que rodeaba aquella intimidad.

Soñé con el momento donde solo éramos ella y yo, donde lo demás no existía. El preciso momento donde, al choque de sus labios el tiempo dejaba de ser. El segundo exacto en que sus ojos eran alfa y sus labios fin.

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Sabía que era un sueño. Sabía que no era real cuando mis manos tomaron sus caderas como si dependiera mi vida de ello. Imaginé que no era verdad cuando sentí sus uñas rozando mi espalda como intentando llegar al hueso, supuse que mi mente me jugaba una broma cuando su aliento de vida se posó sobre mi cuello y suspiraba melodías angelicales.

No negare que, a pesar de saber que nada era real, no tenía ninguna intención de despertar. Quería engañarme entre sus piernas, perderme en su sonrisa natural y atrayente; aun cuando fuera una broma pesada de mi memoria, una jugarreta estúpida de mi cerebro, una prueba onírica de mi subconsciente.

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Quería seguir allí, en ese segundo antes de despertar que me estremeció en la cama. Un segundo que se hizo casi infinito atrapado en su piel. Un segundo que me hizo sonreír al despertar.

Hoy volví a soñar con ella. Aquella de lindas caderas y besos memorables.

Sentado en la cama por unos minutos antes de comenzar la rutina, decidí solo cerrar los ojos y recordar con un suspiro: sus besos, su mirar y su sonrisa coqueta.

Mi alarma sonó.

 

Pausa en vivo que lo hace morir.

Es increíble el tiempo que tenía sin escribir nada en mi blog.

130512cr01Aun cuando amo este arte de usar caracteres para codificar un mensaje que haga, a quien lo descodifique, sentir cosas.

Hoy, comencé a escuchar a Zoe, una banda de la cual no se mucho pero su música es de esas que extrañamente nos hacen recordar cosas que nunca pasaron y que, si pasaron, se siente extraño recordarlas; rompí el hielo que tenía a mis dedos congelados y no me dejaba escribir, quizás la música me ayudo.

Siento que estoy en una de esas etapas donde las ideas vuelan libres en nuestros pensamientos, la creatividad sigue activa, y no para, pero por alguna razón no encuentras la manera, ni el tiempo ni la motivación para tomarlas y plasmarlas aunque sea en una servilleta; y pensé, esto no solo le pasa a un individuo pseudo poeta que vive en una isla subdesarrollada y que trabaja para sobrevivir en un país que no comparte sus ideas.

Hay momentos en nuestras vidas donde sientes como si una pausa se estableciera en tu mente, tu cuerpo se mueve continuamente en modo automático y, aunque estas en movimiento, tu mente solo está ahí para ocupar aquel etéreo espacio en la nada, sin motivación para hacer más que tus acostumbradas acciones: Ir al trabajo, hacer deberes, ir a estudiar, volver a casa y alguna que otra necesidad básica.

Es como estar encerrado en una jaula con ruedas que no te deja mirar más allá de lo que alcanzan tus manos; el mouse, un teclado, la taza de café…

Tienes conversaciones que olvidas al rato, aunque trates de poner atención solo recuerdas pedazos que quizás, con un poco de esfuerzo, logras comprender el mensaje por el contexto de las piezas que ves en tu cabeza.

Caminas hacia el trabajo solo mirando el asfalto cuando antes todo podía ser interesante; las nubes, el color del cielo en aquella mañana o ver si la luna esta aun mirándote. Cuando regresas es lo mismo.

Si eres como yo, con pensamientos enérgicos, alguien que busca motivación en los más mínimos detalles, querrás luchar en contra de esto, de este estar más que ser.

Mientras estés en este estado moribundo podrías intentar despertar de la rutina, romper el esquema y motivar tu cuerpo a hacer algo con más significado que utilidad.

Salir a comer a otros lugares y no al mismo comedor que vas a diario, besar.

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Bailar con alguien donde escuches una música sin importar quien este mirando; al fin y al cabo no es su vida.

Sonreírle a alguien, mirar bonito, coquetear…Apagar el celular o hacer el amor en la sala con las ventanas abiertas en un tercer piso.

Porque, aunque tu mente este en pausa y tu cuerpo en automático nadie puede detener al tiempo…es el único que no puedes controlar a menos que sea contando lunares con los labios, dando besos sin pensar, tocando almas, creando sonrisas, riendo a carcajadas.

Y es que no hay tiempo más que para vivir, y no sabemos cuánto nos queda. Quizás, por la naturaleza en que nuestras sociedades están creadas no podamos vivir de nuestras pasiones, pero deberíamos buscar a toda costa el poder practicarlas con más frecuencia.

Sigo escuchando a Zoe, me gusta su música…