Pausa en vivo que lo hace morir.

Es increíble el tiempo que tenía sin escribir nada en mi blog.

130512cr01Aun cuando amo este arte de usar caracteres para codificar un mensaje que haga, a quien lo descodifique, sentir cosas.

Hoy, comencé a escuchar a Zoe, una banda de la cual no se mucho pero su música es de esas que extrañamente nos hacen recordar cosas que nunca pasaron y que, si pasaron, se siente extraño recordarlas; rompí el hielo que tenía a mis dedos congelados y no me dejaba escribir, quizás la música me ayudo.

Siento que estoy en una de esas etapas donde las ideas vuelan libres en nuestros pensamientos, la creatividad sigue activa, y no para, pero por alguna razón no encuentras la manera, ni el tiempo ni la motivación para tomarlas y plasmarlas aunque sea en una servilleta; y pensé, esto no solo le pasa a un individuo pseudo poeta que vive en una isla subdesarrollada y que trabaja para sobrevivir en un país que no comparte sus ideas.

Hay momentos en nuestras vidas donde sientes como si una pausa se estableciera en tu mente, tu cuerpo se mueve continuamente en modo automático y, aunque estas en movimiento, tu mente solo está ahí para ocupar aquel etéreo espacio en la nada, sin motivación para hacer más que tus acostumbradas acciones: Ir al trabajo, hacer deberes, ir a estudiar, volver a casa y alguna que otra necesidad básica.

Es como estar encerrado en una jaula con ruedas que no te deja mirar más allá de lo que alcanzan tus manos; el mouse, un teclado, la taza de café…

Tienes conversaciones que olvidas al rato, aunque trates de poner atención solo recuerdas pedazos que quizás, con un poco de esfuerzo, logras comprender el mensaje por el contexto de las piezas que ves en tu cabeza.

Caminas hacia el trabajo solo mirando el asfalto cuando antes todo podía ser interesante; las nubes, el color del cielo en aquella mañana o ver si la luna esta aun mirándote. Cuando regresas es lo mismo.

Si eres como yo, con pensamientos enérgicos, alguien que busca motivación en los más mínimos detalles, querrás luchar en contra de esto, de este estar más que ser.

Mientras estés en este estado moribundo podrías intentar despertar de la rutina, romper el esquema y motivar tu cuerpo a hacer algo con más significado que utilidad.

Salir a comer a otros lugares y no al mismo comedor que vas a diario, besar.

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Bailar con alguien donde escuches una música sin importar quien este mirando; al fin y al cabo no es su vida.

Sonreírle a alguien, mirar bonito, coquetear…Apagar el celular o hacer el amor en la sala con las ventanas abiertas en un tercer piso.

Porque, aunque tu mente este en pausa y tu cuerpo en automático nadie puede detener al tiempo…es el único que no puedes controlar a menos que sea contando lunares con los labios, dando besos sin pensar, tocando almas, creando sonrisas, riendo a carcajadas.

Y es que no hay tiempo más que para vivir, y no sabemos cuánto nos queda. Quizás, por la naturaleza en que nuestras sociedades están creadas no podamos vivir de nuestras pasiones, pero deberíamos buscar a toda costa el poder practicarlas con más frecuencia.

Sigo escuchando a Zoe, me gusta su música…

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Horas Extras

Eran ya las 5:00pm de la tarde, hora en la que debíamos estar camino a casa, pero ese día ameritaba quedarse un poco más para terminar la faena con buen pie.

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Los compañeros de trabajo que siempre llegaban apresurados pero se iban pacientemente, se alistaban para dejar la oficina con premura.

En aquel inmenso departamento, de cubículos anchos; nos encontramos solos sin darnos cuenta, hasta que percibimos el silencio, entonces sentí que me miró con un temor tierno al saber lo mucho que me gustaba y lo atrevido que era.

Trató de ocultar sus pensamientos para no darme motivos de querer tentarla, pero al parecer no imaginó que desde antes, eso estaba en mi mente.

Seguimos viendo la computadora, analizando un proceso que comenzó a dejar de ser trabajo cuando toqué su mano, que estaba encima del mouse, para mostrarle un punto importante en la ventana…el botón de cerrar.

Estaba a sus espaldas y ella con labios levemente temblorosos volteó y preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

– Aprovechar las oportunidades _Dije. Estar a solas contigo es casi imposible. _Y me acerqué tanto a su boca que pude sentir su fresco aliento.

A unos pocos centímetros estaban nuestros rostros, eran tantas las veces que yo tomaba la iniciativa de robarle besos que, esa vez, quise que fuese diferente. Me quedé ahí, mirándola, tratando de entender que decían sus tiernos ojos oscuros.

Sus ojos nunca hablaron, solo se cerraron y los que hablaron fueron sus labios; carnosos, suaves…toda una delicia. Los bese lentamente, me tomé mi tiempo para aprender su textura y, como lluvia fresca y repentina; su respiración se estremeció

No quise darme prisa, no apresuré el momento.

Entre besos se dio vuelta completa, aún sentada en aquella inerte silla de oficina; le ayude a levantarse. Aún entre besos lentos y mágicos pude tocar su espalda tibia y sentí sus tiernas manos en mi rostro.

Era casi un sueño hiperrealista, era una etérea sensación de lo infinitamente finito que puede ser un beso.

Una falda corta, negra y de tela fina; abrazaba su esbelta cadera, y aunque su busto no era demasiado, el botón que escondía su pecho parecía forzado en su trabajo.

No sé el momento exacto en que aquel botón fue despedido, pero no duró más de dos segundos el recorrido que hicieran mis labios desde su boca hasta sus senos.

Sus manos se hicieron con mi nuca y, con suaves movimientos, ayudaba a mis acciones.

Hábil con las manos, pude quitar con facilidad el resto de los botones de su camisa y la misión fue completada con éxito. En sus senos mis labios forjaban un lazo de deseo y ella me hacía saber que le encantaba empujando mi rostro hacia su pecho tierno.

Con paciencia de maestra, quitó uno a uno los botones de mi camisa, mientras yo dividía esfuerzos en comer cada esfera; cuando al fin pudo terminar tomó mi cuerpo y lo unió al suyo con una desesperación tan pasiva que nuestro calor se hizo uno.

Su cuerpo tibio enloqueció mis hormonas y fue casi imposible controlar mis ganas de ella.

Mis manos, que tocaban sus nalgas cuasi perfectas; se escondieron debajo de fu falda, toque su piel de seda.

Sentí su sentir, su pecho palpitaba casi tan rápido como el mío.

Al parecer mis manos en sus piernas quitaron toda pared que frenaba su descontrol e hizo volar mi cinturón, como fiera entro sus manos a mí entre pierna y notó cuanto me gustaba tenerla entre mis brazos.

Su rostro, que normalmente era de un ángel y un tierno felino, había cambiado a una tigresa con toques picaros.

De un momento a otro, ella tenía el control de todo, bajo mis pantalones y mirando fijamente a mi rostro, tocó mis nalgas y sonrió. Una sonrisa que decía: Juguemos.

Con una mano empujó todo lo que en su mesa de trabajo estaba, me arrastró hacia ella que estaba ya sentada en aquel espacio vacío.

Tomó la iniciativa, el control y la propiedad del momento y como si mi sexo fuese suyo, sin dejar de mirarme; lo tomó en sus manos y llenó su templo de mí, y en ese momento aprendí lo que era la relatividad temporal.

No hubo movimientos, sólo nos sentimos unidos por unos momentos, disfrutamos del estado de estar tan cerca uno del otro que sentíamos nuestras vibraciones, nuestros latidos y la velocidad de la sangre en nuestras venas.

Nos besamos mientras de forma natural mis caderas se columpiaban y dentro de ella había una fiesta cuya música salía por su voz en forma de gemidos.

No cerramos los ojos, solo para pestañear; y entre el vaivén de nuestros cuerpos intentamos conocernos a través de miradas.

Su mirada desvelaba su naturaleza salvaje de mujer, mis ojos no sé; estaban dentro de los suyos.

Mientras el nivel de calor subía desmedidamente, se abrazó a mi pecho como si creyera caerse. Mordió mi abdomen; quizás de placer. Sus uñas se clavaron en mi espalda baja y podía escucharla decir palabras entrecortadas.

Yo por mi parte, estaba en una quimera entre sus mordidas feroces y sus piernas mojadas.

Y como pensar claramente si el orgasmo estaba a la distancia de un suspiro.

Y es que no lo vi llegar, y ella no lo vio venir. Aquel impulso que salió sin pensarlo. La consecuencia de sentirla por no sé cuánto tiempo. Pudieron ser minutos, horas, días…no importa, fue una realidad paralela donde el tiempo no existía.

Sentados en la silla, cansadamente felices; frente a una computadora suspendida descansábamos del éxtasis que sentimos hacia minutos.

Ya con ropa puesta y extasiados de hacer travesuras, el corazón casi nos salió del pecho cuando escuchamos el sonido de llaves detrás de la puerta y alguien que gritó al abrir: “Hay alguien aquí”

Jugando a Besar

– No debemos. _Susurro mientras con miedo me miraba.

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– Lo sé, pero ¿qué puedo hacer si lo deseo? _Mi corazón palpitaba casi tan rápido como el de ella y solo se escuchaba eso y nuestra respiración, que en armonía susurraba que estábamos a punto de besarnos.

– También lo deseo. _En su voz se escuchaba una derrota. – Pero no es correcto.

– ¿Y que lo es? ¿Ahogarnos en la decisión de hacer lo que sentimos o seguir nuestra razón? Pues, me doy por vencido. _Terminando estas palabras me acerqué tan rápido y suave que apenas le dio tiempo a cerrar los ojos antes de juntar nuestros labios en un beso desconocido y nuevo, con aires de aventura.

La suavidad de su boca era tal, como aquel aire que mueve las llamas de una vela sin apagarla.

Nuestras narices conocieron su temperatura y se hicieron amigas por unos segundos.

Fue un tiempo muerto donde solo había carne viva en nosotros; el calor de su aliento fue agua fresca que deleitó mis sentidos.

Solo 5 segundos bastaron para ella, en 5 segundos decidió que ya no necesitaba besarme más para saber que le gustaban mis besos, aunque para mí no fueron suficientes.

– Por favor, no vuelvas a hacer eso.

– ¿Por qué? _Pregunte con cara de saber la respuesta y una sonrisa malévola en mi rostro se lo hizo entender.

– Porque me gusto, pero no es correcto. _Se repetía, era lo único que tenía para frenar sus deseos de seguir.

– Entonces no los aceptes, si cuando te beso respondes a mis deseos tenemos cada uno la mitad de la culpa.

– No sé si pueda.

– Entonces ríndete, aunque tu lucha hace más interesante el juego.

– No tendrás oportunidades de actuar.

– Las inventare, me encanta jugar contigo. _En este momento su mirada cambio, era más fuerte, como si ella estuviese llevando el control y no yo.

Me empujo con las yemas de sus dedos en mi pecho y retrocedí como si me empujara el viento más recio que haya sentido. Cuando mi cuerpo toco la mesa entonces se me acerco y mirando cara parte de mi rostro dijo: “¿Y cómo sabes que no soy yo la que está jugando contigo?”

Sonrió coqueta y dejo el salón, ni siquiera miro hacia atrás.

Después del Tono

Un vino tinto, dos copas y con poca ropa. Así me esperaría esta vez.
Que combinación tan perfecta.

 

Un vino tinto, dos copas y con poca ropa. Así me esperaría esta vez.

Que combinación tan perfecta.

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El sol caía lentamente en el horizonte, podía verlo desde donde estaba; una monocromática y aburrida oficina. Sillas, mesas y escritorios no deberían ser más importantes que esta noche.

Tres llamadas sin respuesta, dos mensajes de voz en mi bandeja y una mujer esperando en un departamento, con labios carmesí y lujuria bien afilada.

Pude imaginar su rostro al contestar mi llamada. Ya era tarde, la luna compartía su luz en las calles mojadas por la llovizna.

Con una voz apacible, a pesar de estar esperando, preguntó por mi llegada, pero no fue la respuesta que esperaba. Mi negativa por razones de negocios no la saciaba. No era de su incumbencia mi trabajo, ni mis negocios, mucho menos mis jefes; a ella solo le importaba mi compañía, mi cuerpo y mi sexo.

Aun así no discutió, no se exaltó, ni siquiera subía la voz…solo colgó tras decir: Descuida.

Quede escuchando el tono de la línea unos segundos antes de mirar mi celular y reaccionar; darme cuenta de que había desperdiciado la noche, la lluvia y la luna; junto con el vino, las copas y su ausencia de ropas.

Y ahí estaba, sentada, tan borracha como tranquila.

Mirando la luna por la ventana y pensando en ella misma.

Era la segunda vez que la dejaba esperando y sabía que era la última vez que me esperaría.

Dejo la Copa en el piso y abrió su agenda rayando con premura sus hojas…ahora tenía tiempo libre pero no era para malgastarlo conmigo.

 

Tan cerca…

Llegue en horas de la mañana y espere sentado en aquel alegre parque del pueblo.

Tan Cerca

En frente una parada de autobuses y detrás; una esquina de colmados y tiendas de artículos de fantasía.

Aun cuando había sol el calor no molestaba, era mas el nerviosismo el que me hacia sudar, sudor que salia al pensar en quien esperaba, aquel ángel que no tardo mucho en llegar.

Era la primera vez que veía salir de un vehículo de transporte publico algo tan majestuoso y delicado, tanto como el trinar de un ave extinta, así de exótico su caminar y su sonrisa.

Un abrazo entrañable nos sostuvo por unos instantes, instantes que permitieron que su fragancia me adormeciera, no era perfume, era su esencia; aquella que aun en mis aires vuela.

Menciono algunas palabras y, aunque no recuerdo lo que dijo; si recuerdo su voz, era el “Hola” mas bello que me hayan dicho. Tenia un ángel en sus sombras, lo se por que iluminaba los limites de su figura.

Piel de seda, rostro de ninfa y sus ojos, ¡por todos los dioses! sus ojos ardieron mis infiernos por ser cielo, me perdí en aquellos círculos marrones y al verme allí quise caminar mas adentro; aun en lo mas profundo de ellos había luz.

No pasamos mas de dos minutos ahí de pie, no dure mas de 10 segundos en parecer idiota, quizás solo falto ser oportuno o falto que me diera cuenta que también se perdió en mi; nunca supe cuando.

A veces anhelamos tanto algo que no lo vemos cuando esta tan cerca de nuestras narices…tan cerca de nosotros que casi se respira, tan cerca que solo falta un beso.