Etiquetas

!Diablos¡ ¿Por que no se calla hasta que yo dejé de disfrutar mi orgasmo? Al menos sus labios son sexys.

¿Es necesario comenzar a charlar inmediato acaba el sexo?

Aún mis oídos están absortos entre el clímax y la realidad, ni siquiera te estoy escuchando parlotear del todo, sólo escucho murmullos. Al menos me gusta verte pasear desnudo por mi habitación.

– ¿Ya te vas? _Pregunté, con todas las ganas de que dijera que si.

– Ya veo. Quieres que me quede.

Mierda, creo que mal interpretó mi pregunta.

– Pero tienes que trabajar, ¿No?

– Lamentablemente, si; pero puedo venir después que termine si quieres. _ Dijo, mientras subía el cierre de su pantalon que llegaba casi hasta su marcado abdomen.

– !No¡ Digo, iré donde mi madre hoy asi que no estaré en casa.

– Esta bien, te veré mañana. _ Acomodó su corbata y se dirigió a la puerta.

– Quizas. _ Dije, pensando: Ojalá que no.

– Adiós.

La gente pensaría que estoy loca, que soy bipolar o que no sé lo que quiero. Aunque quizás las dos primeras sí sean verdad, en realidad, más que saber lo que quiero, sé lo que no quiero.

Jhona es el tipo de hombre que “Cualquier” mujer querría para su vida; tiene un cuerpo magnífico, un buen trabajo, tiene una profesión y para colmo coge muy bien, pero no soy cualquier mujer y no quiero a nadie para mi vida más que a mi.

Con él disfruto los momentos que compartimos, algo más que un par de días a la semana; cenamos, nos besamos y cogemos. Duerme en mi cama y se va. Gracias al cielo que se va.

¿Si lo quiero? Claro, es un buen tipo, somos buenos amigos. Pero no es mi pareja. Ni él, ni Víctor, tampoco Ana. Soy felizmente soltera.

Y no, no soy puta, ni fácil y menos lesbiana… Soy yo y nada mas. Dejen de etiquetar a la gente.

Eso es lo que no quiero, etiquetarme, ser alguien a la que la gente llame por un nombre que no sea el mío.

Que no me quiera casar, que no tenga una pareja, que no quiera hijos aún cuando tengo 27 años no me asigna una etiqueta, no me da un nombre ante la sociedad ni me incluye en un sub-grupo. Esas son decisiones que yo he tomado y no significa que eso de el derecho a otros de etiquetarme.

Víctor es casado, no me meto en su vida. Es inteligente y honesto… Al menos conmigo. Nos vemos rara vez, pero siempre que nos vemos es agradable.

Ana fue mi compañera de cuarto mientras estudiaba en la Universidad, con ella experimente mi sexualidad y conocí cosas que muy pocos hombres han podido descubrir y que los dedos de Ana conocen a la perfección.

¿Le hago mal a alguien para que otro me juzgue como “Mala”? Claro, sin mencionar a los religiosos, tienen sus razones, como Jhona, que es siervo de algún Dios y… ¿Como se dice? Ah, fornica conmigo.

Y es que no les pido su aceptación ni necesito el respeto de los demás… Pero traten sólo de no hacer lo que no les gustaría que otro les hiciera, como llamarlos por lo que creo que son… Idiotas.

Bueno, debería dejar de tocarme y después de este cigarrillo darme un baño e irme a trabajar.

Al fin y al cabo soy una persona “normal” y debo pagar mis necesidades básicas, con o sin etiquetas.

Anuncios

Dulce de Leche

Y me miró coqueta… a drede.

Sabe cuánto la admiro y aún más cuanto la deseo.

Su piel color Dulce de Leche, y sus labios sabor miel son ínfimos vicios delante de lo mágico detrás de su sonrisa.

Sus manos suaves, su aliento fresco.

Derritiendome dentro de su boca y respirando sólo por que es necesario, siento que besarla es como dar vida a mi espíritu.

En sus piernas se encuentra un mundo diferente, el cálido esplendor de sus muslos al aire libre y la fiereza de su caminar hace temblar la tierra con cada paso.

Para ella quizás sólo sea alguien especial en su vida, alguien quien le dice lo que piensa y lo que siente.

Para mí ella es la que enciende mis inciensos, la que despierta mi lujuria con una ternura única. La que con su fragancia hace que mis sueños sean felices.

Quizás no esté enamorada de mi, no me importa, aún cuando la ame como mujer. 

Que decir si es alguien a quien admiro y la admiración es el primer paso para adorar a alguien.

Fuerte, humilde, sensible y con temple, es la clase de mujer que encuentras una entre cien… No quisiera contar más.

Por que viviría una eternidad con su calor… Por que la pasión que guarda su cuerpo es suficiente para quemar toda una vida de deseos.

Sincera, valiente.

Una mujer sin desperdicios. ¿Defectos? Si, como todos… Pero, ¿quien mira defectos cuando tienes perfección en un beso enardecido?

Yo me doy cuenta que no será fácil.

Ahora no podría hacer más.

No podría dar lo que quisiera.

De mi no depende el destino.

Y aún así no me daré por vencido.

Algo mas que sexo.

¿Aun te da vueltas en la cabeza? ¿Aún lo dudas?

¿Cuántas veces tendré que decírtelo? NO-ES-SOLO-SEXO

nalgas

Imagino cuantas veces lo habrás escuchado ya, pero en mi caso tengo pruebas y razones ilógicamente creíbles para sostener mi argumento.

¿Recuerdas el día que nos conocimos? Por que yo no, siento que siempre te he conocido, tus gestos, tus señas, tu loca carcajada.

No soy bueno recordando cosas, sin embargo me pasan por la mente imágenes de momentos en que hemos coincidido en algún lugar: tocando tus manos sin mirarte, los besos robados, tu miedo para con mis impulsos de ponerte contra una pared de aquel vacío pasillo y mirarte a los ojos segundos antes de besarte como si de tu boca exhalaras el secreto de la vida.

Toqueteos, tus nalgas, mis erecciones y tus faldas…mis caprichos y tus juegos mentales; nuestras conversaciones, tus muecas y mis mordidas.

Sí, no negare que cogerte es uno de mis anhelos, sin embargo no el único, y quizás no el más importante de ellos; si así fuera no atesorara en mi memoria los secretos de nuestros encuentros furtivos que a besos apagamos encendiendo los demonios de los dos.

Sabes cuánto me gusta tu mirada, estas más que convencida que haces mi mente débil y caigo en tus abismos por mi propio impulso, Te aprovechas de que controlas mi lujuria a tu antojo y yo conozco de ti unos cuantos puntos débiles…aun así tienes muy claro que no es amor, sabes que somos nada y al mismo tiempo cuánto somos; la suma de tú y yo es un resultado misterioso e interesante.

¿Aun crees que es solo sexo? Si es así, dime ¿Porque aún no cogemos?

Horas Extras

Eran ya las 5:00pm de la tarde, hora en la que debíamos estar camino a casa, pero ese día ameritaba quedarse un poco más para terminar la faena con buen pie.

sesso-ufficio-1217

Los compañeros de trabajo que siempre llegaban apresurados pero se iban pacientemente, se alistaban para dejar la oficina con premura.

En aquel inmenso departamento, de cubículos anchos; nos encontramos solos sin darnos cuenta, hasta que percibimos el silencio, entonces sentí que me miró con un temor tierno al saber lo mucho que me gustaba y lo atrevido que era.

Trató de ocultar sus pensamientos para no darme motivos de querer tentarla, pero al parecer no imaginó que desde antes, eso estaba en mi mente.

Seguimos viendo la computadora, analizando un proceso que comenzó a dejar de ser trabajo cuando toqué su mano, que estaba encima del mouse, para mostrarle un punto importante en la ventana…el botón de cerrar.

Estaba a sus espaldas y ella con labios levemente temblorosos volteó y preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

– Aprovechar las oportunidades _Dije. Estar a solas contigo es casi imposible. _Y me acerqué tanto a su boca que pude sentir su fresco aliento.

A unos pocos centímetros estaban nuestros rostros, eran tantas las veces que yo tomaba la iniciativa de robarle besos que, esa vez, quise que fuese diferente. Me quedé ahí, mirándola, tratando de entender que decían sus tiernos ojos oscuros.

Sus ojos nunca hablaron, solo se cerraron y los que hablaron fueron sus labios; carnosos, suaves…toda una delicia. Los bese lentamente, me tomé mi tiempo para aprender su textura y, como lluvia fresca y repentina; su respiración se estremeció

No quise darme prisa, no apresuré el momento.

Entre besos se dio vuelta completa, aún sentada en aquella inerte silla de oficina; le ayude a levantarse. Aún entre besos lentos y mágicos pude tocar su espalda tibia y sentí sus tiernas manos en mi rostro.

Era casi un sueño hiperrealista, era una etérea sensación de lo infinitamente finito que puede ser un beso.

Una falda corta, negra y de tela fina; abrazaba su esbelta cadera, y aunque su busto no era demasiado, el botón que escondía su pecho parecía forzado en su trabajo.

No sé el momento exacto en que aquel botón fue despedido, pero no duró más de dos segundos el recorrido que hicieran mis labios desde su boca hasta sus senos.

Sus manos se hicieron con mi nuca y, con suaves movimientos, ayudaba a mis acciones.

Hábil con las manos, pude quitar con facilidad el resto de los botones de su camisa y la misión fue completada con éxito. En sus senos mis labios forjaban un lazo de deseo y ella me hacía saber que le encantaba empujando mi rostro hacia su pecho tierno.

Con paciencia de maestra, quitó uno a uno los botones de mi camisa, mientras yo dividía esfuerzos en comer cada esfera; cuando al fin pudo terminar tomó mi cuerpo y lo unió al suyo con una desesperación tan pasiva que nuestro calor se hizo uno.

Su cuerpo tibio enloqueció mis hormonas y fue casi imposible controlar mis ganas de ella.

Mis manos, que tocaban sus nalgas cuasi perfectas; se escondieron debajo de fu falda, toque su piel de seda.

Sentí su sentir, su pecho palpitaba casi tan rápido como el mío.

Al parecer mis manos en sus piernas quitaron toda pared que frenaba su descontrol e hizo volar mi cinturón, como fiera entro sus manos a mí entre pierna y notó cuanto me gustaba tenerla entre mis brazos.

Su rostro, que normalmente era de un ángel y un tierno felino, había cambiado a una tigresa con toques picaros.

De un momento a otro, ella tenía el control de todo, bajo mis pantalones y mirando fijamente a mi rostro, tocó mis nalgas y sonrió. Una sonrisa que decía: Juguemos.

Con una mano empujó todo lo que en su mesa de trabajo estaba, me arrastró hacia ella que estaba ya sentada en aquel espacio vacío.

Tomó la iniciativa, el control y la propiedad del momento y como si mi sexo fuese suyo, sin dejar de mirarme; lo tomó en sus manos y llenó su templo de mí, y en ese momento aprendí lo que era la relatividad temporal.

No hubo movimientos, sólo nos sentimos unidos por unos momentos, disfrutamos del estado de estar tan cerca uno del otro que sentíamos nuestras vibraciones, nuestros latidos y la velocidad de la sangre en nuestras venas.

Nos besamos mientras de forma natural mis caderas se columpiaban y dentro de ella había una fiesta cuya música salía por su voz en forma de gemidos.

No cerramos los ojos, solo para pestañear; y entre el vaivén de nuestros cuerpos intentamos conocernos a través de miradas.

Su mirada desvelaba su naturaleza salvaje de mujer, mis ojos no sé; estaban dentro de los suyos.

Mientras el nivel de calor subía desmedidamente, se abrazó a mi pecho como si creyera caerse. Mordió mi abdomen; quizás de placer. Sus uñas se clavaron en mi espalda baja y podía escucharla decir palabras entrecortadas.

Yo por mi parte, estaba en una quimera entre sus mordidas feroces y sus piernas mojadas.

Y como pensar claramente si el orgasmo estaba a la distancia de un suspiro.

Y es que no lo vi llegar, y ella no lo vio venir. Aquel impulso que salió sin pensarlo. La consecuencia de sentirla por no sé cuánto tiempo. Pudieron ser minutos, horas, días…no importa, fue una realidad paralela donde el tiempo no existía.

Sentados en la silla, cansadamente felices; frente a una computadora suspendida descansábamos del éxtasis que sentimos hacia minutos.

Ya con ropa puesta y extasiados de hacer travesuras, el corazón casi nos salió del pecho cuando escuchamos el sonido de llaves detrás de la puerta y alguien que gritó al abrir: “Hay alguien aquí”

Jugando a Besar

– No debemos. _Susurro mientras con miedo me miraba.

sexo_en_la_oficina

– Lo sé, pero ¿qué puedo hacer si lo deseo? _Mi corazón palpitaba casi tan rápido como el de ella y solo se escuchaba eso y nuestra respiración, que en armonía susurraba que estábamos a punto de besarnos.

– También lo deseo. _En su voz se escuchaba una derrota. – Pero no es correcto.

– ¿Y que lo es? ¿Ahogarnos en la decisión de hacer lo que sentimos o seguir nuestra razón? Pues, me doy por vencido. _Terminando estas palabras me acerqué tan rápido y suave que apenas le dio tiempo a cerrar los ojos antes de juntar nuestros labios en un beso desconocido y nuevo, con aires de aventura.

La suavidad de su boca era tal, como aquel aire que mueve las llamas de una vela sin apagarla.

Nuestras narices conocieron su temperatura y se hicieron amigas por unos segundos.

Fue un tiempo muerto donde solo había carne viva en nosotros; el calor de su aliento fue agua fresca que deleitó mis sentidos.

Solo 5 segundos bastaron para ella, en 5 segundos decidió que ya no necesitaba besarme más para saber que le gustaban mis besos, aunque para mí no fueron suficientes.

– Por favor, no vuelvas a hacer eso.

– ¿Por qué? _Pregunte con cara de saber la respuesta y una sonrisa malévola en mi rostro se lo hizo entender.

– Porque me gusto, pero no es correcto. _Se repetía, era lo único que tenía para frenar sus deseos de seguir.

– Entonces no los aceptes, si cuando te beso respondes a mis deseos tenemos cada uno la mitad de la culpa.

– No sé si pueda.

– Entonces ríndete, aunque tu lucha hace más interesante el juego.

– No tendrás oportunidades de actuar.

– Las inventare, me encanta jugar contigo. _En este momento su mirada cambio, era más fuerte, como si ella estuviese llevando el control y no yo.

Me empujo con las yemas de sus dedos en mi pecho y retrocedí como si me empujara el viento más recio que haya sentido. Cuando mi cuerpo toco la mesa entonces se me acerco y mirando cara parte de mi rostro dijo: “¿Y cómo sabes que no soy yo la que está jugando contigo?”

Sonrió coqueta y dejo el salón, ni siquiera miro hacia atrás.