La Reina de Picas ♠

Esa mañana despertó, pero no se levantó de brinco como siempre. Solo abrió sus ojos y posó la mirada en el alto techo que la cubría del cielo y del sol.

Miro a su alrededor y quedo pensando unos minutos en todo lo que tenía que hacer para prepararse y, para su molestia, sabía exactamente cada uno de los pasos que debía dar para satisfacer a todos.

Levantarse de brinco, tomar el baño, secar su pelo, vestirse como era debido, peinarse como correspondía y sonreír… Sin ganas, pero que nadie se diera cuenta.

Sin embargo, aquella mañana no quería seguir aquellos pasos y, sin saberlo a tiempo, ya había roto uno de estos.

Lentamente se sentó en la cama, bostezó, se estiró y se quedó mirando en el espejo que tenía enfrente su cansado rostro. Se vio por un buen rato, pensando que, para ese momento, en otro día normal, ya estuviese aseándose.

Salió de la cama y, en vez de ponerse sus pantuflas, a pies descalzos se dirigió al ropero. Vestidos, faldas, corsets, zapatos… todo en un magnifico color negro y el escudo de la familia en cada uno de los botones.

Cerro las puertas del ropero y sintió esas ganas de romper la rutina, la que ya había empezado a desmoronarse.

Una leve sonrisa se asomó en su rostro y, quitándose el pijama entro en el bañador.

Ya era tarde, todos esperaban justo a tiempo que la reina llegara. Que saliera por la puerta grande y les diera su mejor cara, aquella cara que le habían construido ellos mismos.

Mientras la reina se cambiaba, un escudero vestido de negro tocaba la puerta de la habitación de la reina, haciendo chocar el tocador en forma de pica, tres veces.

– ¿Por qué tarda tanto la reina? _Se preguntaban algunos.

Varios guardias, advertidos por el escudero, se personaron frente a la oscura puerta de la habitación más grande del castillo, armas en mano y con un doctor entre ellos.

Tomaron un ariete con la típica forma de pica en la punta. Estaban preparados para asediar la puerta y, de ser necesario, destruirla para asegurarse que la reina estuviese segura.

Tomaron impulso; uno, dos, tres pasos hacia atrás para tomar impulso y, justo antes de que el guardia real diera la señal, las puertas se abrieron.

El capitán se quitó el casco para poder creer lo que veía mientras todos quedaron paralizados, el escudero corrió hasta las afueras del castillo, en el jardín principal donde, todos los nobles de los cuatro reinos; esperaban ansiosos comenzar su rutina que empezaba al salir la reina… y grito:

¡La reina de picas se vistió de rojo!

 

Autor Fotografía: Desconocido.

Modelo: Génesis Ruíz

De Pensarte.

Cosquilleos en la yema de mis dedos. Desde los pies hasta la cabeza siento como la piel se me eriza. Las palpitaciones suben a doscientas por minuto y la sangre acelera su recorrido a través de mis venas llegando de pronto a mi cerebelo y, con este impulso, la serotonina fluye y me hace sonreír, mientras la dopamina hace que mi sonrisa sea picardía y que mi mente juegue a que soy adonis y tú, afrodita.

Solo por pensarte.

pensarte 2De pensarte hierbe mi sangre, siento mis células alborotarse… Puedo percibir tu olor en el aire.

El café más amargo me sabe dulce. Dulce de leche y miel que emanan tus labios.

El insomnio es más llevadero, al pensarte es fácil estar despierto, erecto, rígido.

Ternura, lascivia. Cariño, travesura. De pensarte los contrastes se hacen uno, se normaliza la paradoja, el absurdo cobra sentido… la anomalía se vuelve modelo.

Se agudizan mis sentidos. Escucho tus tacones detrás de mí, siento tus manos en mi pecho, siento el aire de tu voz bordeando mis orejas y tus manos sobre mi sexo.

pensarte 4De pensarte sudo. Mis labios son mordidos; por mí, tratando de imaginar que eres tú.

Te veo sentada en mi escritorio, te oigo hablar… Puedo ver tus piernas balancearse de atrás hacia delante. Puedo ver tus ojos, de un negro satinado, brillantes; mirándome coqueta mientras, con una sonrisa malévola, me golpeas el pecho.

De pensarte recuerdo. Mis manos en tu rostro, tu cintura haciendo frontera con mis caderas, tu piel cálida, tus besos infernales con sabor a cielo.

De pensarte le doy la ventaja a los demonios para que me tienten con la seguridad de que voy a caer en el averno. Activas mi pecado capital. Vuelo directo a mis bajos instintos. Me condenas.

pensarte 5El agua sabe a vino, el sonido de la lluvia se vuelve mar y marea. La noche se hace más corta y la luz de luna niquela los charcos de deseo que se desbordan en las fosas de mi lujuria.

De pensarte imagino un sinfín de posibilidades y casi todas terminan dentro de ti… otras fuera, pero siempre en ti. Mis sueños se empapan, mis sabanas te mimetizan y despierto empuñándolas y apretándolas con mis piernas.

De pensarte se desequilibra mi balanza química, haciendo que mis neurotransmisores activen todos mis sentidos hacia el placer, sin embargo, al final; no es más que mi imaginación, la misma que juega a tu favor.

Hasta aquel día en que las sabanas realmente sean tú.

Pensarte 6Hasta el momento en que, aquello que siento recorrer desde mi cuello a mi entrepierna sean verdaderamente tus manos.

Hasta que seas tú quien muerda mis labios para asirte de ellos como si de un barranco se tratase.

Hasta que eso no pase, no me cansare de pensarte… aun si no llega a pasar.

 

Sueños

Hoy volví a soñar con ella. Aquella de la sonrisa inefable.

Esas memorias inundan mi mente presentándome como recuerdos sus besos; los pocos que nos dimos, sus manos delicadas tocando mi mejilla, su olor dulce y la esencia de sudor que desprendía su piel por el calor que rodeaba aquella intimidad.

Soñé con el momento donde solo éramos ella y yo, donde lo demás no existía. El preciso momento donde, al choque de sus labios el tiempo dejaba de ser. El segundo exacto en que sus ojos eran alfa y sus labios fin.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Sabía que era un sueño. Sabía que no era real cuando mis manos tomaron sus caderas como si dependiera mi vida de ello. Imaginé que no era verdad cuando sentí sus uñas rozando mi espalda como intentando llegar al hueso, supuse que mi mente me jugaba una broma cuando su aliento de vida se posó sobre mi cuello y suspiraba melodías angelicales.

No negare que, a pesar de saber que nada era real, no tenía ninguna intención de despertar. Quería engañarme entre sus piernas, perderme en su sonrisa natural y atrayente; aun cuando fuera una broma pesada de mi memoria, una jugarreta estúpida de mi cerebro, una prueba onírica de mi subconsciente.

Couple having sex

Quería seguir allí, en ese segundo antes de despertar que me estremeció en la cama. Un segundo que se hizo casi infinito atrapado en su piel. Un segundo que me hizo sonreír al despertar.

Hoy volví a soñar con ella. Aquella de lindas caderas y besos memorables.

Sentado en la cama por unos minutos antes de comenzar la rutina, decidí solo cerrar los ojos y recordar con un suspiro: sus besos, su mirar y su sonrisa coqueta.

Mi alarma sonó.

 

Memorias

– Es una chica linda.

Así la describieron la primera vez que me hablaron de ella. Y no fue exagerando, ella era linda.

No. Ella era extrañamente bonita.

Piel canela, cachetes colorados y una hermosa sonrisa de la que salió un alegre “Hola”

Era de esas personas que conoces y no imaginas que serán si quiera amigos.

Cora.jpg

Recuerdo que una noche bailamos. Varias veces bailamos. Un ceñido vestido cubría su tersa piel hasta unas cuantas pulgadas encima de sus rodillas, dejando al descubierto unas hermosas piernas que, a ritmo de merengue se movían, a veces sin ritmo a causa del alcohol.

En cada giro, su cabello lanzaba esporas perfumadas en mi rostro. Aquel olor hacia más cómodo bailar rompiendo las leyes físicas del espacio.

Recuerdo que un día comimos. Tiene el don de comer y no perder la figura. Sonreía y suspiraba con cada bocado. Tiene el candor de una frágil rosa, de esas que, aun en otoño, luchan para no dejar sus pétalos caer y prefieren congelarse en invierno. Entonces sonrió al verme mirándola:

– ¿Que? Tengo hambre.

Me replicó. Lo que a su vez me hizo sonreír.

Su sonrisa podría partir en dos un arcoíris y tomar su lugar. Y su tierno mirar sosegar a la bestia menos dócil.

Recuerdo que una noche cogimos. Quizás no fue el mejor momento, quizás no fue la vida correcta… pero pasó. La tomé de las manos y, como si pidiera permiso para besarla, me acerque tímido. Sentí su sonrisa frente a mis labios y su lengua, amable, me recibió como si su boca fuera mi hogar.

Un beso de esos lentos, de esos que duran unos segundos, tiempo suficiente para que haya aparecido un sentimiento extraño… como si nos hubiésemos conocido de antes.

Sus pechos, los más hermosos que había visto en mi vida, firmes en mis manos y suaves al tacto como nublo frente al aire; orgullosos, cortaron las distancias que separaban su calor de mis ganas. Las ganas de conocer su sabor, el sudor de sus piernas, la esencia que de su piel emanaba.

Al bajar de sus altas montañas por el sendero de su abdomen; por donde agua dulce fluía, llegue exhausto a su valle. Con sed tome del agua de su arrollo y las ondas removían sus orillas.

Al verla allí, con los ojos cerrados; al contrario que sus piernas, sonreí. Como cuando en un sueño estas volando a tu antojo y sientes como tu cuerpo disfruta cada centímetro del viaje hacia el espacio… Así sintió mi cuerpo nadar en sus adentros.

IMG-20180907-WA0015.jpg

Entonces sentí aquello, aquel “Clic” que hacen las mentes que, posiblemente, se hayan conocido en otras vidas. Aquella sensación extraña de haber viajado a ese lugar que no conocías, de haber hecho antes, aquello que empezabas a realizar; ese sentimiento de que, esta idea que acabas de tener podría ser un recuerdo.

No podría olvidar que una vez lloramos. Luego de un lindo día caminando en un feo sitio de la ciudad. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus pupilas reflejaban impotencia. Allí pude ver su lado quebradizo, allí se rompió por el simple hecho de pensar  que los demás pensaban de ella, lo que ella no era. La abrace un momento y trate de hacerla entender que no debía dejar que otra persona la dañara, aun cuando ella quisiera a esa persona.

No recuerdo cuando nació nuestra amistad. Si fue mientras bailamos, o cuando comimos juntos. No recuerdo si fue mientras cogimos o cuando sus ojos empaparon mis hombros. De verdad que no recuerdo… Una amistad extraña para nosotros que, de habernos encontrado en otra vida, en otras circunstancias, con otra realidad; quizás aún estuviésemos viajando, yo en sus adentros y ella en mis pensamientos.

 

Fotografía: Ramón Guerrero
Modelo: Cora Gonzalez

19 Lunares

La dosis perfecta de motivación llevaba su nombre.

La espera, un poco de vino barato, un trago; sonrisas, la puerta…su ausencia.

No me dio tiempo a girar cuando su pelo caía cerca de mis hombros. Me sonrió y, amable; saludó.

Su mirada, su índice en la nariz cuando reía… su abrir y cerrar de ojos.

¿Alguna vez has sentido a alguien sin tocarlo?

Como si sintieras sus dedos en tu barbilla y, sin hacer esfuerzo alguno, te halara hacia sí.

“Un poco de alcohol quizás me ayude a controlar mis ganas…” Eso no fue una buena idea.

La música se le metía por la espina dorsal; desde el coxis llegaba a su médula y provocaba, en su cabello; ondulantes movimientos psicodelicos.

Se perdió por un momento, cerró los ojos y, como si hiciera el amor con la guitarra en “A contra luz”; dejo caer suavemente su cuerpo en la silla del bar, deslizando su espalda como si los tonos de la canción hicieran vibrar su físico desde el interior… sonreía como quien encuentra felicidad.

Maldición mía que mi mente no dejara pasar detalles.

Existen tantas cosas que decir en la distancia que existe entre dos mentes que no dejan de mirarse, entre dos cuerpos de polos opuestos, entre dos almas que desean romper; al menos, una ley de la física y hacerse una; aunque sea solo un instante.

Pues, quizás no nos conozcamos lo suficiente, pero, de lo poco que sé; es que una forma en que nos comunicamos es a ritmo de bachata. Sus manos frágiles que me agarran fuerte, que tocan mi espalda y en cada giro me aprietan hacia su centro.

El olor de su pelo, su sonrisa tras la mía, en asincrónica perfección. Sus movimientos mimetizando el viento y sus dedos ardiendo como fuego en mi cuello. Con ritmo tropical sus caderas se balanceaban armónicas, terminando; exactamente cada cuatro tiempos, sus piernas entre las mías, para inmediatamente movernos a la par, como cardumen emigrante.

Era la forma más fácil de hacerle saber las ganas que me provoca contar todos sus lunares. “Tiene 19 lunares en el camino de su boca hasta su cintura.”

Sus benditos labios, que suele morder cada cierto periodo de tiempo, creando una tortura a mis pensamientos. “Es un maldito poema verte ser…” Le dije.

Otra1

A penas comenzaba el día cuando una sombra tenue nos arropo, nos vimos cara a cara menos de un segundo, eso bastó para que el tiempo se detuviera y hacer de aquel momento el más largo de toda la noche. Una noche sin luna, su rostro de sol… en sus pupilas una llama.

Aun no sé si fui yo quien la beso o si ella me atrajo psíquicamente hacia su boca. Tan ligero fue al tocarnos que mi mente emblanqueció; tan fuerte fue al sentirnos que mis manos trataban de fusionarse a su espalda.

Su lengua, mis latidos.

Su olor, mis suspiros.

Sus feromonas, mis caricias.

Su adiós, mi “Hasta pronto”