Horas Extras

Eran ya las 5:00pm de la tarde, hora en la que debíamos estar camino a casa, pero ese día ameritaba quedarse un poco más para terminar la faena con buen pie.

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Los compañeros de trabajo que siempre llegaban apresurados pero se iban pacientemente, se alistaban para dejar la oficina con premura.

En aquel inmenso departamento, de cubículos anchos; nos encontramos solos sin darnos cuenta, hasta que percibimos el silencio, entonces sentí que me miró con un temor tierno al saber lo mucho que me gustaba y lo atrevido que era.

Trató de ocultar sus pensamientos para no darme motivos de querer tentarla, pero al parecer no imaginó que desde antes, eso estaba en mi mente.

Seguimos viendo la computadora, analizando un proceso que comenzó a dejar de ser trabajo cuando toqué su mano, que estaba encima del mouse, para mostrarle un punto importante en la ventana…el botón de cerrar.

Estaba a sus espaldas y ella con labios levemente temblorosos volteó y preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

– Aprovechar las oportunidades _Dije. Estar a solas contigo es casi imposible. _Y me acerqué tanto a su boca que pude sentir su fresco aliento.

A unos pocos centímetros estaban nuestros rostros, eran tantas las veces que yo tomaba la iniciativa de robarle besos que, esa vez, quise que fuese diferente. Me quedé ahí, mirándola, tratando de entender que decían sus tiernos ojos oscuros.

Sus ojos nunca hablaron, solo se cerraron y los que hablaron fueron sus labios; carnosos, suaves…toda una delicia. Los bese lentamente, me tomé mi tiempo para aprender su textura y, como lluvia fresca y repentina; su respiración se estremeció

No quise darme prisa, no apresuré el momento.

Entre besos se dio vuelta completa, aún sentada en aquella inerte silla de oficina; le ayude a levantarse. Aún entre besos lentos y mágicos pude tocar su espalda tibia y sentí sus tiernas manos en mi rostro.

Era casi un sueño hiperrealista, era una etérea sensación de lo infinitamente finito que puede ser un beso.

Una falda corta, negra y de tela fina; abrazaba su esbelta cadera, y aunque su busto no era demasiado, el botón que escondía su pecho parecía forzado en su trabajo.

No sé el momento exacto en que aquel botón fue despedido, pero no duró más de dos segundos el recorrido que hicieran mis labios desde su boca hasta sus senos.

Sus manos se hicieron con mi nuca y, con suaves movimientos, ayudaba a mis acciones.

Hábil con las manos, pude quitar con facilidad el resto de los botones de su camisa y la misión fue completada con éxito. En sus senos mis labios forjaban un lazo de deseo y ella me hacía saber que le encantaba empujando mi rostro hacia su pecho tierno.

Con paciencia de maestra, quitó uno a uno los botones de mi camisa, mientras yo dividía esfuerzos en comer cada esfera; cuando al fin pudo terminar tomó mi cuerpo y lo unió al suyo con una desesperación tan pasiva que nuestro calor se hizo uno.

Su cuerpo tibio enloqueció mis hormonas y fue casi imposible controlar mis ganas de ella.

Mis manos, que tocaban sus nalgas cuasi perfectas; se escondieron debajo de fu falda, toque su piel de seda.

Sentí su sentir, su pecho palpitaba casi tan rápido como el mío.

Al parecer mis manos en sus piernas quitaron toda pared que frenaba su descontrol e hizo volar mi cinturón, como fiera entro sus manos a mí entre pierna y notó cuanto me gustaba tenerla entre mis brazos.

Su rostro, que normalmente era de un ángel y un tierno felino, había cambiado a una tigresa con toques picaros.

De un momento a otro, ella tenía el control de todo, bajo mis pantalones y mirando fijamente a mi rostro, tocó mis nalgas y sonrió. Una sonrisa que decía: Juguemos.

Con una mano empujó todo lo que en su mesa de trabajo estaba, me arrastró hacia ella que estaba ya sentada en aquel espacio vacío.

Tomó la iniciativa, el control y la propiedad del momento y como si mi sexo fuese suyo, sin dejar de mirarme; lo tomó en sus manos y llenó su templo de mí, y en ese momento aprendí lo que era la relatividad temporal.

No hubo movimientos, sólo nos sentimos unidos por unos momentos, disfrutamos del estado de estar tan cerca uno del otro que sentíamos nuestras vibraciones, nuestros latidos y la velocidad de la sangre en nuestras venas.

Nos besamos mientras de forma natural mis caderas se columpiaban y dentro de ella había una fiesta cuya música salía por su voz en forma de gemidos.

No cerramos los ojos, solo para pestañear; y entre el vaivén de nuestros cuerpos intentamos conocernos a través de miradas.

Su mirada desvelaba su naturaleza salvaje de mujer, mis ojos no sé; estaban dentro de los suyos.

Mientras el nivel de calor subía desmedidamente, se abrazó a mi pecho como si creyera caerse. Mordió mi abdomen; quizás de placer. Sus uñas se clavaron en mi espalda baja y podía escucharla decir palabras entrecortadas.

Yo por mi parte, estaba en una quimera entre sus mordidas feroces y sus piernas mojadas.

Y como pensar claramente si el orgasmo estaba a la distancia de un suspiro.

Y es que no lo vi llegar, y ella no lo vio venir. Aquel impulso que salió sin pensarlo. La consecuencia de sentirla por no sé cuánto tiempo. Pudieron ser minutos, horas, días…no importa, fue una realidad paralela donde el tiempo no existía.

Sentados en la silla, cansadamente felices; frente a una computadora suspendida descansábamos del éxtasis que sentimos hacia minutos.

Ya con ropa puesta y extasiados de hacer travesuras, el corazón casi nos salió del pecho cuando escuchamos el sonido de llaves detrás de la puerta y alguien que gritó al abrir: “Hay alguien aquí”

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Jugando a Besar

– No debemos. _Susurro mientras con miedo me miraba.

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– Lo sé, pero ¿qué puedo hacer si lo deseo? _Mi corazón palpitaba casi tan rápido como el de ella y solo se escuchaba eso y nuestra respiración, que en armonía susurraba que estábamos a punto de besarnos.

– También lo deseo. _En su voz se escuchaba una derrota. – Pero no es correcto.

– ¿Y que lo es? ¿Ahogarnos en la decisión de hacer lo que sentimos o seguir nuestra razón? Pues, me doy por vencido. _Terminando estas palabras me acerqué tan rápido y suave que apenas le dio tiempo a cerrar los ojos antes de juntar nuestros labios en un beso desconocido y nuevo, con aires de aventura.

La suavidad de su boca era tal, como aquel aire que mueve las llamas de una vela sin apagarla.

Nuestras narices conocieron su temperatura y se hicieron amigas por unos segundos.

Fue un tiempo muerto donde solo había carne viva en nosotros; el calor de su aliento fue agua fresca que deleitó mis sentidos.

Solo 5 segundos bastaron para ella, en 5 segundos decidió que ya no necesitaba besarme más para saber que le gustaban mis besos, aunque para mí no fueron suficientes.

– Por favor, no vuelvas a hacer eso.

– ¿Por qué? _Pregunte con cara de saber la respuesta y una sonrisa malévola en mi rostro se lo hizo entender.

– Porque me gusto, pero no es correcto. _Se repetía, era lo único que tenía para frenar sus deseos de seguir.

– Entonces no los aceptes, si cuando te beso respondes a mis deseos tenemos cada uno la mitad de la culpa.

– No sé si pueda.

– Entonces ríndete, aunque tu lucha hace más interesante el juego.

– No tendrás oportunidades de actuar.

– Las inventare, me encanta jugar contigo. _En este momento su mirada cambio, era más fuerte, como si ella estuviese llevando el control y no yo.

Me empujo con las yemas de sus dedos en mi pecho y retrocedí como si me empujara el viento más recio que haya sentido. Cuando mi cuerpo toco la mesa entonces se me acerco y mirando cara parte de mi rostro dijo: “¿Y cómo sabes que no soy yo la que está jugando contigo?”

Sonrió coqueta y dejo el salón, ni siquiera miro hacia atrás.

Intimas Amigas

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No recuerdo un solo día en el que me haya dejado sola en mis momentos de soledad.

Siempre había estado en las peores, más que en las mejores, pues, no vivimos tan cerca como para visitarme constantemente, sin embargo aquí está, otro día fatal en que me arrulla y me frota el pelo para que deje de llorar por las estupideces que me hacen las personas que deberían amarme.

-¿Por qué ya no me quiere igual? Soy sincera con él, trato de ser bueno esposa, soy una buena madre y nunca le he faltado…será que no le gusto.

-Es un idiota y eso es todo querida. Un hombre que no vea la belleza que llevas dentro no merece ser parte de tu vida, y menos si es feo. _Dijo, haciéndome reír en mi penuria, como siempre.

Tocó mi barbilla con su dedo índice y levantó mi rostro húmedo de lágrimas de dolor, ira y desesperanza.

-No me siento amada hace tiempo ya, Carla.

-Si es así, entonces no me consideras parte de tu vida, yo te amo amiga y nunca dejare de hacerlo.

En sus ojos había tal verdad, una sinceridad enorme que ya hacía tiempo no veía en Carlos, en nadie. Me miro con amor y me abrazo con una sonrisa tierna, tanto como sus brazos en mi primera desilusión adolescente.

Quise corresponder a su cariño, al amor que me tenía. La mire y me acerque tanto a su rostro que nuestras narices se tocaron, su mano como de manera automática toco mi cuello y el calor de sus manos quemaba sin hacerme daño.

Su sonrisa, tan hermosa y su aliento al respirar me erizaron la piel…y toque mis labios con los suyos.

Si, la bese…así sin fuerzas, desgastada por el llanto que derrame por alguien que había olvidado que era mujer, que me hacían falta detalles, que no me amaba hacia tanto tiempo.

Un beso inmóvil, suave, se podía palpar en el aire el cariño y la verdad de los labios que se juntaron en aquel momento, creando un mundo desconocido.

Se despegaron nuestros labios sin el ánimo de hacerlo, solo por la curiosidad de vernos y tratar de adivinar que pensamos.

Aún tenía los ojos cerrados cuando realicé mi segundo ataque y como aspas chocamos entre carne y fluidos por unos minutos.

Me recosté en sus hombros y mientras besaba mi piel recordé como me consolaba cuando mi primer novio me trato como estúpida.

Me recostó de la almohada húmeda que tenía en sus piernas y se posó sobre mi…al parecer vio cuando mis labios temblaron de nervios. Yo aún no sabía lo que estaba pasando.

Sonrió y casi al instante mordió mis labios, quito mi blusa y se dirigió a mis pechos.

Sabía que me conocía, compartíamos toda nuestra vida y cada detalle, pero no sabía que tanto podía conocer mi cuerpo…

Sus manos me estremecieron solo con un toque en el lugar ideal con la presión específica; mi cuello, mis pechos, mis piernas estaban a su merced.

Había olvidado como se siente el éxtasis de que alguien que te ama te toque con devoción y Carla lo estaba haciendo como nadie.

Sus labios en mi abdomen contraían mis músculos y mis manos luchaban entre el sigue y el detente mientras empujaban su cuerpo hasta el templo de mi ser.

Aquella, mi amiga íntima, se refugió en mi intimidad y bebió del mana de mi sexo.

Un calor friolento subió desde mis piernas hasta mi cabeza con el simple roce de su respiración en mi nido y como relámpago bajó a mis caderas al frote de sus labios.

Sus manos agarraron fuerte las mías como previendo un huracán, pero fue un tornado el que sentí cuando se inspiró a devorarme.

Apreté tan fuerte que mis uñas la hirieron creo…un éxtasis de placeres junto con el ardor de lo prohibido carcomió mi conciencia y fue cuando mis piernas abrazaron su cuerpo como cinturones ardientes.

No escuchaba más que mis gemidos y algunas neuronas sentí que explotaron de un momento a otro varias veces, cada molécula de mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y un grito ahogado me dejaba jadeante,  perdí la visión por segundos mientras contemplé mentalmente un paraíso…

Volví en mí y aún sentía el dulce sabor del clímax, Carla estaba a mi lado, observándome, mientras regresaba del viaje al país de las maravillas.

La mire sonriente.

Y ella respondió coqueta con un ademan muy particular.

Entre mi respiración turbada y agitada solo pude decir:

-Creo que debo llamar a mi abogado.

Reí.

Me beso.

Nada mas

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Así, de la noche a la mañana ya no era tan especial para ella.

De un momento a otro solo era uno más anhelando su cariño.

Como si nunca hubiese pasado, ya no me veía en la luna…

Fue tan repentino, como cuando la mire y me desnudo el alma, como cuando le hable y su voz era coro de querubines; así como cuando la toque y erizo mis adentros.

¿Fueron en vano llenar de versos con su nombre inmensos espacios en blanco?
¿Sería en vano que de poemas se llenara mi cabeza al hablar con ella?

Tal vez fue una locura, siquiera imaginar que en algún momento atendería a mis esfuerzos por besarle.

Ya es tarde, y no seré más que uno más para ella…y seguirá alejándose de mi conforme pase el tiempo. Aunque me quiera a su manera. Aunque la quiero, aun sin deber hacerlo.

Debo conformarme con el recuerdo de su voz diciendo cosas lindas, de sus ojos mirándome fijamente mientras brillan como la luna; y sonreía…el recuerdo de su piel, que al tocarla es cristal.

No me toca mas, solo conformarme y nada mas.

Palabras Visuales

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¿Como la conocí? no recuerdo, ¿Cuando? mucho menos. mi mala memoria no guarda cosas como esas, al parecer las encuentra insignificantes.

Olvide la ropa que llevaba y lo poco que hablamos, como iba peinada y hasta sus zapatos; lo que nunca olvide fueron sus ojos, su mirar, la forma en la que mira; y mientras dice cosas con su voz las palabras indescifrables que salen de sus ojos cautivan mis sentidos.

Tratando de entenderla, que por dentro grita algo, grita lo que es, lo que siente, lo que piensa…dice con su mirada lo que desea, buscando quien pueda entenderla.

Quise verla una y otra ves, la buscaba en mi pantalla, en los pasillos estrechos donde la veía de lejos, y estaban allí, como saludándome mientras se alejaba con una sonrisa hermosa, aquellas esferas diáfanas de un tono dulce, que tienen tanto que decir, como ánfora guardan su alma, aquella alma de mujer que expresa con arte lo que es y envuelve de sensibilidad su rostro como seda.

Se que es mas de lo que veo, seguro mucho mas de lo que pienso…solo sabre lo que en verdad es, siente y piensa cuando entienda el lenguaje de sus ojos. Tengo que estudiarla, así que me toca mirarla mas atento, mas de cerca…mas sediento.