Jugando a Besar

– No debemos. _Susurro mientras con miedo me miraba.

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– Lo sé, pero ¿qué puedo hacer si lo deseo? _Mi corazón palpitaba casi tan rápido como el de ella y solo se escuchaba eso y nuestra respiración, que en armonía susurraba que estábamos a punto de besarnos.

– También lo deseo. _En su voz se escuchaba una derrota. – Pero no es correcto.

– ¿Y que lo es? ¿Ahogarnos en la decisión de hacer lo que sentimos o seguir nuestra razón? Pues, me doy por vencido. _Terminando estas palabras me acerqué tan rápido y suave que apenas le dio tiempo a cerrar los ojos antes de juntar nuestros labios en un beso desconocido y nuevo, con aires de aventura.

La suavidad de su boca era tal, como aquel aire que mueve las llamas de una vela sin apagarla.

Nuestras narices conocieron su temperatura y se hicieron amigas por unos segundos.

Fue un tiempo muerto donde solo había carne viva en nosotros; el calor de su aliento fue agua fresca que deleitó mis sentidos.

Solo 5 segundos bastaron para ella, en 5 segundos decidió que ya no necesitaba besarme más para saber que le gustaban mis besos, aunque para mí no fueron suficientes.

– Por favor, no vuelvas a hacer eso.

– ¿Por qué? _Pregunte con cara de saber la respuesta y una sonrisa malévola en mi rostro se lo hizo entender.

– Porque me gusto, pero no es correcto. _Se repetía, era lo único que tenía para frenar sus deseos de seguir.

– Entonces no los aceptes, si cuando te beso respondes a mis deseos tenemos cada uno la mitad de la culpa.

– No sé si pueda.

– Entonces ríndete, aunque tu lucha hace más interesante el juego.

– No tendrás oportunidades de actuar.

– Las inventare, me encanta jugar contigo. _En este momento su mirada cambio, era más fuerte, como si ella estuviese llevando el control y no yo.

Me empujo con las yemas de sus dedos en mi pecho y retrocedí como si me empujara el viento más recio que haya sentido. Cuando mi cuerpo toco la mesa entonces se me acerco y mirando cara parte de mi rostro dijo: “¿Y cómo sabes que no soy yo la que está jugando contigo?”

Sonrió coqueta y dejo el salón, ni siquiera miro hacia atrás.

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Intimas Amigas

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No recuerdo un solo día en el que me haya dejado sola en mis momentos de soledad.

Siempre había estado en las peores, más que en las mejores, pues, no vivimos tan cerca como para visitarme constantemente, sin embargo aquí está, otro día fatal en que me arrulla y me frota el pelo para que deje de llorar por las estupideces que me hacen las personas que deberían amarme.

-¿Por qué ya no me quiere igual? Soy sincera con él, trato de ser bueno esposa, soy una buena madre y nunca le he faltado…será que no le gusto.

-Es un idiota y eso es todo querida. Un hombre que no vea la belleza que llevas dentro no merece ser parte de tu vida, y menos si es feo. _Dijo, haciéndome reír en mi penuria, como siempre.

Tocó mi barbilla con su dedo índice y levantó mi rostro húmedo de lágrimas de dolor, ira y desesperanza.

-No me siento amada hace tiempo ya, Carla.

-Si es así, entonces no me consideras parte de tu vida, yo te amo amiga y nunca dejare de hacerlo.

En sus ojos había tal verdad, una sinceridad enorme que ya hacía tiempo no veía en Carlos, en nadie. Me miro con amor y me abrazo con una sonrisa tierna, tanto como sus brazos en mi primera desilusión adolescente.

Quise corresponder a su cariño, al amor que me tenía. La mire y me acerque tanto a su rostro que nuestras narices se tocaron, su mano como de manera automática toco mi cuello y el calor de sus manos quemaba sin hacerme daño.

Su sonrisa, tan hermosa y su aliento al respirar me erizaron la piel…y toque mis labios con los suyos.

Si, la bese…así sin fuerzas, desgastada por el llanto que derrame por alguien que había olvidado que era mujer, que me hacían falta detalles, que no me amaba hacia tanto tiempo.

Un beso inmóvil, suave, se podía palpar en el aire el cariño y la verdad de los labios que se juntaron en aquel momento, creando un mundo desconocido.

Se despegaron nuestros labios sin el ánimo de hacerlo, solo por la curiosidad de vernos y tratar de adivinar que pensamos.

Aún tenía los ojos cerrados cuando realicé mi segundo ataque y como aspas chocamos entre carne y fluidos por unos minutos.

Me recosté en sus hombros y mientras besaba mi piel recordé como me consolaba cuando mi primer novio me trato como estúpida.

Me recostó de la almohada húmeda que tenía en sus piernas y se posó sobre mi…al parecer vio cuando mis labios temblaron de nervios. Yo aún no sabía lo que estaba pasando.

Sonrió y casi al instante mordió mis labios, quito mi blusa y se dirigió a mis pechos.

Sabía que me conocía, compartíamos toda nuestra vida y cada detalle, pero no sabía que tanto podía conocer mi cuerpo…

Sus manos me estremecieron solo con un toque en el lugar ideal con la presión específica; mi cuello, mis pechos, mis piernas estaban a su merced.

Había olvidado como se siente el éxtasis de que alguien que te ama te toque con devoción y Carla lo estaba haciendo como nadie.

Sus labios en mi abdomen contraían mis músculos y mis manos luchaban entre el sigue y el detente mientras empujaban su cuerpo hasta el templo de mi ser.

Aquella, mi amiga íntima, se refugió en mi intimidad y bebió del mana de mi sexo.

Un calor friolento subió desde mis piernas hasta mi cabeza con el simple roce de su respiración en mi nido y como relámpago bajó a mis caderas al frote de sus labios.

Sus manos agarraron fuerte las mías como previendo un huracán, pero fue un tornado el que sentí cuando se inspiró a devorarme.

Apreté tan fuerte que mis uñas la hirieron creo…un éxtasis de placeres junto con el ardor de lo prohibido carcomió mi conciencia y fue cuando mis piernas abrazaron su cuerpo como cinturones ardientes.

No escuchaba más que mis gemidos y algunas neuronas sentí que explotaron de un momento a otro varias veces, cada molécula de mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y un grito ahogado me dejaba jadeante,  perdí la visión por segundos mientras contemplé mentalmente un paraíso…

Volví en mí y aún sentía el dulce sabor del clímax, Carla estaba a mi lado, observándome, mientras regresaba del viaje al país de las maravillas.

La mire sonriente.

Y ella respondió coqueta con un ademan muy particular.

Entre mi respiración turbada y agitada solo pude decir:

-Creo que debo llamar a mi abogado.

Reí.

Me beso.

Nada mas

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Así, de la noche a la mañana ya no era tan especial para ella.

De un momento a otro solo era uno más anhelando su cariño.

Como si nunca hubiese pasado, ya no me veía en la luna…

Fue tan repentino, como cuando la mire y me desnudo el alma, como cuando le hable y su voz era coro de querubines; así como cuando la toque y erizo mis adentros.

¿Fueron en vano llenar de versos con su nombre inmensos espacios en blanco?
¿Sería en vano que de poemas se llenara mi cabeza al hablar con ella?

Tal vez fue una locura, siquiera imaginar que en algún momento atendería a mis esfuerzos por besarle.

Ya es tarde, y no seré más que uno más para ella…y seguirá alejándose de mi conforme pase el tiempo. Aunque me quiera a su manera. Aunque la quiero, aun sin deber hacerlo.

Debo conformarme con el recuerdo de su voz diciendo cosas lindas, de sus ojos mirándome fijamente mientras brillan como la luna; y sonreía…el recuerdo de su piel, que al tocarla es cristal.

No me toca mas, solo conformarme y nada mas.

Palabras Visuales

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¿Como la conocí? no recuerdo, ¿Cuando? mucho menos. mi mala memoria no guarda cosas como esas, al parecer las encuentra insignificantes.

Olvide la ropa que llevaba y lo poco que hablamos, como iba peinada y hasta sus zapatos; lo que nunca olvide fueron sus ojos, su mirar, la forma en la que mira; y mientras dice cosas con su voz las palabras indescifrables que salen de sus ojos cautivan mis sentidos.

Tratando de entenderla, que por dentro grita algo, grita lo que es, lo que siente, lo que piensa…dice con su mirada lo que desea, buscando quien pueda entenderla.

Quise verla una y otra ves, la buscaba en mi pantalla, en los pasillos estrechos donde la veía de lejos, y estaban allí, como saludándome mientras se alejaba con una sonrisa hermosa, aquellas esferas diáfanas de un tono dulce, que tienen tanto que decir, como ánfora guardan su alma, aquella alma de mujer que expresa con arte lo que es y envuelve de sensibilidad su rostro como seda.

Se que es mas de lo que veo, seguro mucho mas de lo que pienso…solo sabre lo que en verdad es, siente y piensa cuando entienda el lenguaje de sus ojos. Tengo que estudiarla, así que me toca mirarla mas atento, mas de cerca…mas sediento.

Beso neófito

besoneofitodemispasionesEntonces vi tu rostro entre la multitud y pensé hacer en lo que siempre te digo “si te veo te besare”

Me puse nervioso, mas cuando me di cuenta que ya me habías visto, estando del otro lado de la calle.

Sonreíste.

Caminaste hacia mí, para saludar imagino; entre empujones de la muchedumbre te tome de la mano, te hale para poder estar a tu lado,  tu cuerpo, tu olor y tu mirada chocaron conmigo; mientras la gente pasaba era como si solo existiéramos nosotros, los demás solo pasaban.

Te mire como quien va a hacer algo prohibido,  me miraste como quien apuesta a que no lo haría.

Puse mis manos en tu espalda y me acerque sin dejar de mirarte, me dijiste muy bajito “hola poe” diminutivo de poeta que dices con cariño.

Te bese lentamente, correspondiste poniendo tu mano derecha en mi nuca, el mundo se detuvo por unos instantes en un beso lento y eterno….tan tierno como el nacimiento del arcoíris.

No quise alejar mi nariz de la tuya, pues tu respiración daba cariño a mi rostro.

Nuestros labios hicieron pausa, quedaron juntos unos segundos como quien se quiere conocer a fondo.

Se alejo tu boca de la mía al tiempo que se abrían nuestros ojos…tu aun con ellos cerrados pusiste tu frente en mi boca y te regale un beso de alivio.

Subiste tu mirada y sonreíste, afirmando lo que también sentí, quería besarte nuevamente; no sin antes saludarte “Hola hermosa Musa”