Almazul

Tus talones casi podían tocar al unísono las esquinas opuestas al sur de mi cama.

Como nadador implacable que siente que llega al extremo en la vuelta final, tome tus tobillos como si de ellos dependiera el no hundirme en aguas profundas.

Sentí el estremecer desmesurado de tus piernas, tus pies en punta me dejaron ver el rubí de tus uñas. Imagino que adrede lo hiciste, parecían los pies recién hechos para una sirena que vendió sus pecados a cambio de ellos.

Sabes muy bien que no es mi color preferido, pero sabes mejor que nadie como me encanta verlo cuando acompaña tu carne.

Besos de pulgar, besos que iban cuesta arriba. Besos de talones rojos por la fuerza que impusieron mis manos. Besos de pantorrillas fuertes, quizás por estirar al contacto de mis labios.

En cada beso, dedos suben a través de tus muslos; piel erizada, respiración profunda. Mis manos en tus rodillas hacen eco en tu mente adelantándose a los hechos.

Tu epidermis suave, mis manos resbalan sobre ella como hielo ardiente… el calor aumenta mientras se acercan a tu vértice. Interiores color escarlata; Hija de p…

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Rojo en mis mejillas, mis manos en tu cintura tratan de controlar tu pelvis que, como fiera enjaulada buscan salir a la fuerza, pero no aun… en este punto no sé quién es la presa.

Brusco, y con cuidado; busco el olor de tu venus, inhalo tu ombligo y en un tour con mi barbilla entre tu abdomen; tropiezo… Benditos senos, cubiertos de tela roja, un carmesí que no impiden la visión pero si limitan el tacto.

¿Estas sudando? Una sonrisa leve se refleja en tus labios por debajo de la tela que cubre tus fauces…

Sentarme encima de ti es como ir en una nube cálida directo a los infiernos, siento tus piernas queriendo asfixiar las mías, desesperadas por unirse hasta convertirse en nada más que un par.

Es tan fácil de romper esta tela de tus pechos, y en medio de ellos, acaricio con mis labios el surco que me lleva directo a la regazo de tu cuello… puedo sentir los dedos de tus pies tensos, la humedad de tu pelvis, el olor de tus poros.

Beso a beso por tu garganta estirada, así como queriendo que la arranque de un tirón; muerdes la tela de tu boca. -Te la voy a quitar, pero tendré cuidado… Labios color sangre. Cierro mis parpados y trato de recrear toda la aventura que mis sentidos han tenido en ti.

Tus manos le hacen fuerza a la camiseta que aprieta tus muñecas. -¡Basta! Dices. -¡Hazlo!

Ojos de fuego, tu voz jadeante… Rompo las cortinas de tu altar y más despacio que el tiempo que duraste en tomar el aire del primer suspiro, entré en tus cielos. Y se deshicieron las nubes, y las auroras dejaron de ser luz.orgasmo-2

Tus dientes trataban de comer tus labios sin éxito y, tus manos; tus manos atadas eran más fuertes de lo que creí y no las vi llegar a mi pecho. Manos con uñas feroces, uñas en rojo vino arañando mi pecho.

Y entre respiros te bese, y entre gemidos me besaste… y el color de tus labios desaparecía, y el calor de mi cuerpo te cubría.

Entre la caída de tus fuerzas me abrigue para, con mi último suspiro; abordar tus barcos y hacerme con tu ciudad, pero era Pompeya y un volcán arrasó mis cimientos, lava envuelta en un abrazo y un orgasmo, en un mordisco de tus dientes… y de mis labios un te amo.

Tus ojos dilatados frente a los míos; cansados, que ya no recuerdo hacia donde miraban… si al rojo que vestía tu cuerpo…o el azul que manaba tu alma.

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Algo mas que sexo.

¿Aun te da vueltas en la cabeza? ¿Aún lo dudas?

¿Cuántas veces tendré que decírtelo? NO-ES-SOLO-SEXO

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Imagino cuantas veces lo habrás escuchado ya, pero en mi caso tengo pruebas y razones ilógicamente creíbles para sostener mi argumento.

¿Recuerdas el día que nos conocimos? Por que yo no, siento que siempre te he conocido, tus gestos, tus señas, tu loca carcajada.

No soy bueno recordando cosas, sin embargo me pasan por la mente imágenes de momentos en que hemos coincidido en algún lugar: tocando tus manos sin mirarte, los besos robados, tu miedo para con mis impulsos de ponerte contra una pared de aquel vacío pasillo y mirarte a los ojos segundos antes de besarte como si de tu boca exhalaras el secreto de la vida.

Toqueteos, tus nalgas, mis erecciones y tus faldas…mis caprichos y tus juegos mentales; nuestras conversaciones, tus muecas y mis mordidas.

Sí, no negare que cogerte es uno de mis anhelos, sin embargo no el único, y quizás no el más importante de ellos; si así fuera no atesorara en mi memoria los secretos de nuestros encuentros furtivos que a besos apagamos encendiendo los demonios de los dos.

Sabes cuánto me gusta tu mirada, estas más que convencida que haces mi mente débil y caigo en tus abismos por mi propio impulso, Te aprovechas de que controlas mi lujuria a tu antojo y yo conozco de ti unos cuantos puntos débiles…aun así tienes muy claro que no es amor, sabes que somos nada y al mismo tiempo cuánto somos; la suma de tú y yo es un resultado misterioso e interesante.

¿Aun crees que es solo sexo? Si es así, dime ¿Porque aún no cogemos?

Objetivo En La Mira

Salimos casi a la misma hora de todos los días y con la misma prisa inexistente de siempre.

Esa tarde nublada de un otoño caribeño, me tomaba del brazo tratando de buscar un poquito de calor para ahuyentar la brisa fresca que, plácidamente, golpeaba su cuerpo.

  • Esto te conviene. Dijo, con su mirada picara.
  • No me molesta, hoy el clima está a mi favor. Sonreí, lo que la hizo sonreír también.

Su sonrisa es algo casi imposible de describir, sin embargo, inspira tantas cosas que parece algo paradójico. Una sonrisa fuerte, de esas que salen repentinamente y estiran los cachetes hasta convertirlos en una redonda masa tierna que puedes morder.

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Caminamos despacio todo el transcurso, hablando de todo un poco. Aquella conversación se tornó más interesante cuando menciono que había soñado conmigo.

  • Wow, y que soñaste. Dije con el corazón palpitando un tanto más rápido que de costumbre y tratando de actuar como que no me había sorprendido.
  • Nada malo. Dijo, y puso aquella mirada que roba de mí la paz y atormenta mis deseos. – Soñé que te tumbe en un mueble y que íbamos a hacer el amor.

Su mirada, que normalmente me inducía a querer perderme en sus pupilas, era tan apacible como nubes blancas y calaba tan hondo que podías sentir que te tocaba al poner sus ojos en ti, como si te tocara el pecho, te rozara el alma y soplaba débilmente tu espíritu. Utopia.

No paraba de mirarme entre tiempos. Yo estaba haciendo un gran esfuerzo para no besarla en medio de la calle. Necesitaba aparentar que tenía aquel control de mí mismo, ese que ya había perdido.

Como siempre mi mente me llevo a aquella escena y se reprodujo una y otra vez en mi cabeza, dándome en cada una diferentes posibilidades de lo que quizás paso en aquel sueño: Besos, caricias, posiciones.

  • Pareciera que lo haces adrede, sabes que tan creativo soy y me dices eso.
  • Si, lo sé, pero mi sueño no paso de ahí, solo te tumbe en el mueble y término. Dijo esto como si supiera lo que pasaría al decírmelo.
  • ¿Y por qué no dijiste antes que termino ahí? Ya en mi cabeza te he follado en varias posiciones. Dije un tanto espontaneo.
  • ¿Qué posiciones? Quiero saber. Pregunto descaradamente y con el rostro pícaro que como magneto me atrae.
  • ¿Para qué quieres saber? Ya no importa. Le seguí el juego y cambie la bolsa que llevada de mi mano izquierda a la derecha.
  • ¿Quizás esa en la que pondrías mis piernas hacia arriba y abiertas?

La mire directo a los ojos, estaban llenos de una malicia angelical. No puedo negar que de solo imaginarla desnuda me excite y, tratando de ocultar lo que podía delatarme, puse la bolsa al nivel de mi entre pierna.

  • Mira, podría ser en ese sofá. Señalo aquel segundo piso en un edificio cercano, el mismo que en caminatas anteriores había señalado como “Perfecto” para tener una noche de sexo salvaje.
  • ¿No deberías hacer eso?

armas-de-mujer-3Sonrió y pregunto por qué, aun sabiendo la respuesta; le gustaba escucharla de mi boca.

Trate de no mirarla a los ojos, ni a los labios, ni a las caderas…solo trate de no mirarla; pero falle y sin darme cuenta ya mis labios estaban sobre su sonrisa.

Sus labios tenían la forma de mis besos aun cuando son más grandes que los míos; aun siendo tan suaves, tan dulces…

En un segundo de eternidad y, aun sonriendo, se alejó de mi rostro dándome a entender que ese era su objetivo; destruir mi calma.

Esa noche aprendí dos cosas: Que esta mujer sabe cómo usar sus armas y más importante aún, sabe que estoy dispuesto a morir si ella decidiera convertirme en su objetivo.

Pausa en vivo que lo hace morir.

Es increíble el tiempo que tenía sin escribir nada en mi blog.

130512cr01Aun cuando amo este arte de usar caracteres para codificar un mensaje que haga, a quien lo descodifique, sentir cosas.

Hoy, comencé a escuchar a Zoe, una banda de la cual no se mucho pero su música es de esas que extrañamente nos hacen recordar cosas que nunca pasaron y que, si pasaron, se siente extraño recordarlas; rompí el hielo que tenía a mis dedos congelados y no me dejaba escribir, quizás la música me ayudo.

Siento que estoy en una de esas etapas donde las ideas vuelan libres en nuestros pensamientos, la creatividad sigue activa, y no para, pero por alguna razón no encuentras la manera, ni el tiempo ni la motivación para tomarlas y plasmarlas aunque sea en una servilleta; y pensé, esto no solo le pasa a un individuo pseudo poeta que vive en una isla subdesarrollada y que trabaja para sobrevivir en un país que no comparte sus ideas.

Hay momentos en nuestras vidas donde sientes como si una pausa se estableciera en tu mente, tu cuerpo se mueve continuamente en modo automático y, aunque estas en movimiento, tu mente solo está ahí para ocupar aquel etéreo espacio en la nada, sin motivación para hacer más que tus acostumbradas acciones: Ir al trabajo, hacer deberes, ir a estudiar, volver a casa y alguna que otra necesidad básica.

Es como estar encerrado en una jaula con ruedas que no te deja mirar más allá de lo que alcanzan tus manos; el mouse, un teclado, la taza de café…

Tienes conversaciones que olvidas al rato, aunque trates de poner atención solo recuerdas pedazos que quizás, con un poco de esfuerzo, logras comprender el mensaje por el contexto de las piezas que ves en tu cabeza.

Caminas hacia el trabajo solo mirando el asfalto cuando antes todo podía ser interesante; las nubes, el color del cielo en aquella mañana o ver si la luna esta aun mirándote. Cuando regresas es lo mismo.

Si eres como yo, con pensamientos enérgicos, alguien que busca motivación en los más mínimos detalles, querrás luchar en contra de esto, de este estar más que ser.

Mientras estés en este estado moribundo podrías intentar despertar de la rutina, romper el esquema y motivar tu cuerpo a hacer algo con más significado que utilidad.

Salir a comer a otros lugares y no al mismo comedor que vas a diario, besar.

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Bailar con alguien donde escuches una música sin importar quien este mirando; al fin y al cabo no es su vida.

Sonreírle a alguien, mirar bonito, coquetear…Apagar el celular o hacer el amor en la sala con las ventanas abiertas en un tercer piso.

Porque, aunque tu mente este en pausa y tu cuerpo en automático nadie puede detener al tiempo…es el único que no puedes controlar a menos que sea contando lunares con los labios, dando besos sin pensar, tocando almas, creando sonrisas, riendo a carcajadas.

Y es que no hay tiempo más que para vivir, y no sabemos cuánto nos queda. Quizás, por la naturaleza en que nuestras sociedades están creadas no podamos vivir de nuestras pasiones, pero deberíamos buscar a toda costa el poder practicarlas con más frecuencia.

Sigo escuchando a Zoe, me gusta su música…

Horas Extras

Eran ya las 5:00pm de la tarde, hora en la que debíamos estar camino a casa, pero ese día ameritaba quedarse un poco más para terminar la faena con buen pie.

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Los compañeros de trabajo que siempre llegaban apresurados pero se iban pacientemente, se alistaban para dejar la oficina con premura.

En aquel inmenso departamento, de cubículos anchos; nos encontramos solos sin darnos cuenta, hasta que percibimos el silencio, entonces sentí que me miró con un temor tierno al saber lo mucho que me gustaba y lo atrevido que era.

Trató de ocultar sus pensamientos para no darme motivos de querer tentarla, pero al parecer no imaginó que desde antes, eso estaba en mi mente.

Seguimos viendo la computadora, analizando un proceso que comenzó a dejar de ser trabajo cuando toqué su mano, que estaba encima del mouse, para mostrarle un punto importante en la ventana…el botón de cerrar.

Estaba a sus espaldas y ella con labios levemente temblorosos volteó y preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

– Aprovechar las oportunidades _Dije. Estar a solas contigo es casi imposible. _Y me acerqué tanto a su boca que pude sentir su fresco aliento.

A unos pocos centímetros estaban nuestros rostros, eran tantas las veces que yo tomaba la iniciativa de robarle besos que, esa vez, quise que fuese diferente. Me quedé ahí, mirándola, tratando de entender que decían sus tiernos ojos oscuros.

Sus ojos nunca hablaron, solo se cerraron y los que hablaron fueron sus labios; carnosos, suaves…toda una delicia. Los bese lentamente, me tomé mi tiempo para aprender su textura y, como lluvia fresca y repentina; su respiración se estremeció

No quise darme prisa, no apresuré el momento.

Entre besos se dio vuelta completa, aún sentada en aquella inerte silla de oficina; le ayude a levantarse. Aún entre besos lentos y mágicos pude tocar su espalda tibia y sentí sus tiernas manos en mi rostro.

Era casi un sueño hiperrealista, era una etérea sensación de lo infinitamente finito que puede ser un beso.

Una falda corta, negra y de tela fina; abrazaba su esbelta cadera, y aunque su busto no era demasiado, el botón que escondía su pecho parecía forzado en su trabajo.

No sé el momento exacto en que aquel botón fue despedido, pero no duró más de dos segundos el recorrido que hicieran mis labios desde su boca hasta sus senos.

Sus manos se hicieron con mi nuca y, con suaves movimientos, ayudaba a mis acciones.

Hábil con las manos, pude quitar con facilidad el resto de los botones de su camisa y la misión fue completada con éxito. En sus senos mis labios forjaban un lazo de deseo y ella me hacía saber que le encantaba empujando mi rostro hacia su pecho tierno.

Con paciencia de maestra, quitó uno a uno los botones de mi camisa, mientras yo dividía esfuerzos en comer cada esfera; cuando al fin pudo terminar tomó mi cuerpo y lo unió al suyo con una desesperación tan pasiva que nuestro calor se hizo uno.

Su cuerpo tibio enloqueció mis hormonas y fue casi imposible controlar mis ganas de ella.

Mis manos, que tocaban sus nalgas cuasi perfectas; se escondieron debajo de fu falda, toque su piel de seda.

Sentí su sentir, su pecho palpitaba casi tan rápido como el mío.

Al parecer mis manos en sus piernas quitaron toda pared que frenaba su descontrol e hizo volar mi cinturón, como fiera entro sus manos a mí entre pierna y notó cuanto me gustaba tenerla entre mis brazos.

Su rostro, que normalmente era de un ángel y un tierno felino, había cambiado a una tigresa con toques picaros.

De un momento a otro, ella tenía el control de todo, bajo mis pantalones y mirando fijamente a mi rostro, tocó mis nalgas y sonrió. Una sonrisa que decía: Juguemos.

Con una mano empujó todo lo que en su mesa de trabajo estaba, me arrastró hacia ella que estaba ya sentada en aquel espacio vacío.

Tomó la iniciativa, el control y la propiedad del momento y como si mi sexo fuese suyo, sin dejar de mirarme; lo tomó en sus manos y llenó su templo de mí, y en ese momento aprendí lo que era la relatividad temporal.

No hubo movimientos, sólo nos sentimos unidos por unos momentos, disfrutamos del estado de estar tan cerca uno del otro que sentíamos nuestras vibraciones, nuestros latidos y la velocidad de la sangre en nuestras venas.

Nos besamos mientras de forma natural mis caderas se columpiaban y dentro de ella había una fiesta cuya música salía por su voz en forma de gemidos.

No cerramos los ojos, solo para pestañear; y entre el vaivén de nuestros cuerpos intentamos conocernos a través de miradas.

Su mirada desvelaba su naturaleza salvaje de mujer, mis ojos no sé; estaban dentro de los suyos.

Mientras el nivel de calor subía desmedidamente, se abrazó a mi pecho como si creyera caerse. Mordió mi abdomen; quizás de placer. Sus uñas se clavaron en mi espalda baja y podía escucharla decir palabras entrecortadas.

Yo por mi parte, estaba en una quimera entre sus mordidas feroces y sus piernas mojadas.

Y como pensar claramente si el orgasmo estaba a la distancia de un suspiro.

Y es que no lo vi llegar, y ella no lo vio venir. Aquel impulso que salió sin pensarlo. La consecuencia de sentirla por no sé cuánto tiempo. Pudieron ser minutos, horas, días…no importa, fue una realidad paralela donde el tiempo no existía.

Sentados en la silla, cansadamente felices; frente a una computadora suspendida descansábamos del éxtasis que sentimos hacia minutos.

Ya con ropa puesta y extasiados de hacer travesuras, el corazón casi nos salió del pecho cuando escuchamos el sonido de llaves detrás de la puerta y alguien que gritó al abrir: “Hay alguien aquí”