Go Ahead

Muchos dicen que la vida es una carrera. De ser así, ¿Cuál sería su razón de ser? ¿Se trata de ganar? ¿Llegar primero? ¿A dónde?

pista

Pues en realidad no tengo ni idea de las respuestas para algunas de estas preguntas, sin embargo, podemos pensar en lo que podemos hacer durante la carrera para poder, al menos, aprovechar el trayecto.

¿DAR SIN ESPERAR A CAMBIO?

No significa que regalemos nuestros ahorros de toda la vida.

¿Qué más se puede dar? Un saludo, una sonrisa, apoyo o motivación.

Las personas que nos rodean, muchas veces están necesitando algunas cosas que, quizás no consigan por sí mismas. Como una palabra de aliento o un beso en la frente.

Si al dar estas cosas nos empeñamos en querer que nos sean devueltas, mejor no las demos. Te aseguro que, quien las recibió y las valoro, nos las dará sin pensarlo dos veces cuando seamos nosotros los que las necesitemos; si no es así, la misma naturaleza hará que esas personas se alejen de ti.

Siempre tengamos un abrazo de cortesía, este es el mejor negocio; porque normalmente nos responden al instante con otro, quizás más fuerte.

ENFRENTAR EL MIEDO

Aquellos que no tienen miedo a nada, quizás ya no sean humanos.

Siempre hay algo que nos hace pestañear fuerte, taparnos la cara, gritar por dentro o quedarnos en shock.

El miedo siempre será más fuerte si evitamos mirarlo a la cara, se alimenta de nuestra imaginación… mientras menos sepamos de él, será más poderoso y logrará vencernos. Sin embargo, veras que, al enfrentarlo, muchas veces solo es la sombra de un conejo frente a una lámpara en contra picado.

Enfrentalos uno a uno (nunca intentes un Royal Rumble). Identifica que te está deteniendo para realizar eso que siempre has querido hacer; que no te deja llegar a donde has querido ir. La frustración, el temor al fracaso, el recelo al qué dirán… el miedo está dentro de ti, tú lo haces existir; así que eres quien puede borrarlo.

Si te sientes frustrado por algo que no paso como querías, prepárate de nuevo y dale un segundo round, y si fracasas… pues al menos te hiciste más fuerte, lucha hasta el límite; no te rindas a la primera.

Temerles a cosas que no podemos controlar, como; lo que piensan las personas de nosotros, es tonto; tenemos que aprender a vivir con eso. Lo importante es lo que pensamos de nosotros mismos y que piensan las personas que nos aman… si nos aman de verdad nos dirán en que fallamos, aunque duela.

Enfrenta tu miedo, (a menos que sea miedo a algún animal salvaje, en este caso piénsalo dos veces).

DESAFÍA EL RIESGO

El miedo trata de influir en tus decisiones, pero si tienes la motivación necesaria tomaras la decisión de embarcarte en algo nuevo.

Lo desconocido siempre es un riesgo, pero no te hablo de que pises el acelerador hasta llegar a una velocidad de muerte sin ponerte el cinturón… No. Si temes al riesgo empieza por cosas pequeñas.

Vamos conquistando poco a poco, cima a cima.

Invítalo a salir, que te diga que no es lo peor que puede suceder. Llévala a un viaje sin que sepa dónde van a parar, quizás sea una aventura inolvidable. Bésala, quizás no te equivoques y le gustas también.

Diles que eres gay.

Termina la relación antes de que se hagan más daño.

Dile que la quieres, al fin y al cabo; es imposible que te engañes a ti misma.

Solo debes calcular los daños colaterales (Aunque a veces no da tiempo), recuerda que cada acción que tomas toca a quienes te rodean directa o indirectamente. Si estás dispuesto a pagar las consecuencias, un riesgo te permitirá lanzarte a lo desconocido.

En fin, trata de disfrutar el camino antes de llegar a la meta.

Si esta es una carrera, todos los corredores somos iguales, lo que nos diferencia es la forma en que vemos la pista (Y uno que otro que corren en vía contraria)

En algún lugar del camino sentirás que vas delante y, en otras, seguro te caerás y deberás beber un poco de agua para continuar tu camino, pero nunca te detengas (A menos que alguien se detenga contigo para hacer equipo)

Si en el camino ves a alguien que necesita de tu hombro, acompáñalo unos pasos.

No se las razones por la que hoy estamos aquí, existiendo; pero cosas como: Hacer amigos, amar al prójimo y ser felices, deben estar entre las mas importantes.

“LLEGARA MAS RÁPIDO QUIEN CORRA SOLO, PERO; LLEGARA MAS LEJOS QUIEN CORRA EN EQUIPO”

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Trepidación Cardiaca

ventana

Entré a aquella casa luego de tocar tres veces; la lluvia me obligo a hacerlo.

Aquella noche de octubre un diluvio, al parecer molesto, caía sin reposo ni tregua como una cascada llena de ira.

Al entrar llamé para saber si había alguien, pero la casa tenia aires de estar vacía.

Busque como secarme, en mi mochila llevaba una toalla, suerte que era impermeable.

De pronto, una sensación de ser vigilado activó mis reflejos y giré mi cabeza hacia la mesita de la sala.

Dos cigarros quemados a mitad dentro del cenicero, un marcador rojo y una foto.

Aquella foto fue lo que más llamo mi atención, la casa fotografiada era aquella donde me encontraba.

Me acerque a la foto para escudriñar mejor de que se trataba y saber lo que quiso captar el artista que la tomó.

La casa, de frente, donde se podían ver los grandes ventanales del tercer piso, aquella puerta angosta, aquella planta de enredadera que cubría y abrazaba la mitad de la pared.

En una ventana a la derecha de la foto, paralelas una a la otra y de pie, estaban dos niñas.

Ambas vestidas igual, cabello lacio, ojos claros. Gemelas idénticas, solo que al mirar fijamente la foto se podían diferenciar.

La niña de la derecha tenia una leve deformidad en el rostro, como una quemada; me acerque a la foto mas y enfoque mi vista, momento perfecto para que cayera un trueno que hiciera que se apagara la luz y que yo me estremeciera.

Saqué un foco de bolsillo que engancho a mi llavero y que por fin, después de mucho tiempo, serviría para algo.

Más fue mi espanto cuando al alumbrar la foto una de las niñas no estaba.

La niña de la izquierda estaba mirando hacia tras, por encima de su hombro, de manera paulatina unos pasos comenzaron a bajar las escaleras del segundo piso, no podía dejar de mirar las escaleras ni la foto…cuando los pasos estaban a la altura de bajar las escaleras que daban con la sala el miedo me inundó y en un último intento por entender lo que pasaba, mire la foto y aquella niña que quedaba en la ventana me miro y sonrió.

De mis temores

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En algún momento, todos hemos temido a algo.

Algunos temores solo son temporales, simples transeúntes que pasan por las calles de tus pensamientos. Otros, por alguna razón química se enlazan en tu cerebro y vives con ellos, en su mayoría, para toda la vida.

Muy pocas personas han pensado en algún momento en preguntarme por mis temores…menos personas lo han hecho.

Hoy, que es un día especial para hablarles de esto pues, mi condición de salud pasa por una etapa especial que hace eco a alguno de esos temores, les hablare de los tres principales.

Como la mayoría de los niños, mi primer temor es la oscuridad. Debe leerse estúpido, pero es así, tengo temor de la oscuridad.

Una fobia que desde pequeño me persigue.

Entendí más temprano que tarde que ese temor que me paraliza, me congela y me hace dudar de abrir los ojos en la oscuridad, no es miedo a la oscuridad misma, si no, a mi imaginación llena de creatividad y de capacidad para dar vida a imágenes que pasan por mi cabeza. Cuando entendí esto entonces supe controlar ese miedo y puedo sobrellevarlo ahora que soy adulto.

Quizá mi temor arraiga en que la oscuridad tiende a ser luz para los rincones más oscuros de nuestro pensamiento.

Mi segundo temor, más absurdo quizás, es la soledad, aquel miedo de no estar para nadie, de no ser…

Eso de que en un momento no tenga a quien acudir para hablar o para compartir. La soledad tiende a llegar en los momentos más inoportunos, cuando necesitas a alguien. Por esto trato de ser al menos un paño de lágrimas para alguien en algún momento, o el hombro u oído de alguien que requiere de mi compañía.

Estos temores son soportables, si están separados. Si en algún momento se juntasen la oscuridad y la soledad cubriendo mi cuerpo y mi mente, el caos sería tan anómalo para mí que no podría ni siquiera moverme por el miedo de que mi mente gane la batalla.

Por último, el dolor como mi temor oculto y exótico. Quizás muchas personas pensaron en la muerte, pero ese temor lo lleva cada humano, no se resignan ni se dan por vencidos al saber que su existencia es tan finita e ínfima que simplemente nadie sabe cuándo ni cómo desaparecerá para convertirse en un recuerdo vago en las mentes de quienes lo quisieron o amaron.

A la muerte, no le temo, por que se que no podre batallar con ella…más miedo le tengo al dolor, esa agonía incesante, física o psicológica es una tortura.

Al menos la muerte nos da la esperanza del descanso, pero el dolor desespera, y nos afanamos por encontrar la paz a ese sufrimiento, esa agonía que nos hace llorar, que nos da rabia, que nos envuelve en la impotencia de no poder hacer casi nada en su contra.

La muerte es imparable, imprecisa pero insobornable…nos queda solo desear que sea como una caricia, un viento suave, un colmillo de león que se esparce entre el aire.

Si, para mi es preferible el morir a ver morir a los amados.

Me es preferible morir a ver mis queridos sufriendo

Y es que los primeros dos también son creadores automáticos del último. Lo peor es que hay una cucharada en cada esquina de la vida. Uno de sus dedos te espera siempre en cada peldaño hacia el éxito, hacia el amor, hacia la felicidad.

Luz, compañía…pero que contrarresta al dolor?