Algo mas que sexo.

¿Aun te da vueltas en la cabeza? ¿Aún lo dudas?

¿Cuántas veces tendré que decírtelo? NO-ES-SOLO-SEXO

nalgas

Imagino cuantas veces lo habrás escuchado ya, pero en mi caso tengo pruebas y razones ilógicamente creíbles para sostener mi argumento.

¿Recuerdas el día que nos conocimos? Por que yo no, siento que siempre te he conocido, tus gestos, tus señas, tu loca carcajada.

No soy bueno recordando cosas, sin embargo me pasan por la mente imágenes de momentos en que hemos coincidido en algún lugar: tocando tus manos sin mirarte, los besos robados, tu miedo para con mis impulsos de ponerte contra una pared de aquel vacío pasillo y mirarte a los ojos segundos antes de besarte como si de tu boca exhalaras el secreto de la vida.

Toqueteos, tus nalgas, mis erecciones y tus faldas…mis caprichos y tus juegos mentales; nuestras conversaciones, tus muecas y mis mordidas.

Sí, no negare que cogerte es uno de mis anhelos, sin embargo no el único, y quizás no el más importante de ellos; si así fuera no atesorara en mi memoria los secretos de nuestros encuentros furtivos que a besos apagamos encendiendo los demonios de los dos.

Sabes cuánto me gusta tu mirada, estas más que convencida que haces mi mente débil y caigo en tus abismos por mi propio impulso, Te aprovechas de que controlas mi lujuria a tu antojo y yo conozco de ti unos cuantos puntos débiles…aun así tienes muy claro que no es amor, sabes que somos nada y al mismo tiempo cuánto somos; la suma de tú y yo es un resultado misterioso e interesante.

¿Aun crees que es solo sexo? Si es así, dime ¿Porque aún no cogemos?

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Reciprocidad 0

Gestos, besos robados, miradas, suspiros.

No serian nada, no tendrían ningún significado, solo serían eso…cosas; a menos que alguien más las tomara para sí haciéndolas suyas.

reciproco

¿En qué me convierto yo cuando todo lo que hago para ti es simplemente humo tenue que se esparce con rapidez en el espacio?

Dejaste de sonreír a mis bromas, mis señales son movimientos vanos, mis sonrisas solitarias no son correspondidas más que con un forzado desplazamiento de tu comisura derecha.

¿Qué paso? ¿Cuándo me quede queriendo solo?

¿Cuándo acabaron tus miradas coquetas?

¿Cuándo dejaste de reír con mis ocurrencias?

¿Cuándo dejaron tus mejillas de sonrojarse al darse cuenta de que con deseo te observaba?

Y no tengo más opciones que hacer nada, ni me atrevería a cuestionarte sobre el porqué.

No fuimos más que una aventura a medias, una fantasía que no encontró puerto y quedo varada en medio de un mar olvidado. Fuimos besos ardientes, fuimos capricho de lascivia, secreto brillante entre sombras.

Para ti, que eres heroína para mis labios, ya fui y no soy más.

Para mí, que fui tu travesura picara, eres y siempre serás.

Estas ganas quedan huérfanas de alguien que las reciba. Se rebosara mi lujuria por tener inspiración de una musa que se aleja.

Este deseo no lo quiero, no lo pedí y aun así te anhelo.

¿Qué más soledad que sentir por alguien que poco a poco deja de sentir por ti?

Después del Tono

Un vino tinto, dos copas y con poca ropa. Así me esperaría esta vez.
Que combinación tan perfecta.

 

Un vino tinto, dos copas y con poca ropa. Así me esperaría esta vez.

Que combinación tan perfecta.

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El sol caía lentamente en el horizonte, podía verlo desde donde estaba; una monocromática y aburrida oficina. Sillas, mesas y escritorios no deberían ser más importantes que esta noche.

Tres llamadas sin respuesta, dos mensajes de voz en mi bandeja y una mujer esperando en un departamento, con labios carmesí y lujuria bien afilada.

Pude imaginar su rostro al contestar mi llamada. Ya era tarde, la luna compartía su luz en las calles mojadas por la llovizna.

Con una voz apacible, a pesar de estar esperando, preguntó por mi llegada, pero no fue la respuesta que esperaba. Mi negativa por razones de negocios no la saciaba. No era de su incumbencia mi trabajo, ni mis negocios, mucho menos mis jefes; a ella solo le importaba mi compañía, mi cuerpo y mi sexo.

Aun así no discutió, no se exaltó, ni siquiera subía la voz…solo colgó tras decir: Descuida.

Quede escuchando el tono de la línea unos segundos antes de mirar mi celular y reaccionar; darme cuenta de que había desperdiciado la noche, la lluvia y la luna; junto con el vino, las copas y su ausencia de ropas.

Y ahí estaba, sentada, tan borracha como tranquila.

Mirando la luna por la ventana y pensando en ella misma.

Era la segunda vez que la dejaba esperando y sabía que era la última vez que me esperaría.

Dejo la Copa en el piso y abrió su agenda rayando con premura sus hojas…ahora tenía tiempo libre pero no era para malgastarlo conmigo.

 

Batalla Injusta.

batalla injusta

Un día cualquiera, luego de terminar la faena diaria más una que otra conversación sexual; con nuestra sexy compañera Virginia, sobre quien aguanta más follando del hombre o la mujer, quedamos en desacuerdo.

Ella defendía su parte íntima y la comparaba con una maquina al vapor.

Nosotros tratamos, sin éxito, de defender nuestro falso orgullo de hombres diciendo que “Aguantamos dos mujeres pero la mujer no aguantaría dos hombres”.

Solos en aquella oficina y esas conversaciones hacían imaginar y decir cosas que, quizás sin querer, ardían en la mente y calentaban el cuerpo.

Virginia, atrevida como nunca, hizo mención de su gran aguante al decir que nos aguantaba a ambos al tiempo y no se cansaba.

Nos reímos sarcásticamente, mofándonos de ella, mientras nos miraba con cara muy seria y un tanto ofendida dijo:

-Solo inténtenlo y así sabremos quién tiene la razón.

Intentamos reír pero su cara no hizo ningún cambio y entendimos que había algo de literal en lo que decía.

Mi compañero y yo nos miramos, entonces la mire  a los ojos y me acerque tembloroso, sin hacerlo notar claro. La bese de manera muy pasional y ella respondió igual o más que yo.

Mi compañero se quedó atónito, solo nos miraba e imagino que ella noto que su parte intima estaba erecta porque, mientras nos besábamos salvajemente, agarro el miembro erecto de Elías y note en sus labios como le gusto lo que había tocado.

Sin pensarlo más mi compañero procedió a ayudarme y la hicimos sentar en un escritorio vacío que nos servía de testigo material. Su blusa voló repentinamente al cubículo de enfrente.

Sus senos al aire se asemejaban al pan recién horneado, tibio, de un olor que apetecía comerse, y al parecer, Elías pensó lo mismo que yo y la ataco sin piedad.

Sus pequeños gemidos los sentía en mis labios y mis manos rozaban sus piernas que, vestida de falda, se abrían de manera automática por causa de la doble excitación que estaba sintiendo.

Fue aumentando la temperatura de la fémina y más cuando mis manos llegaron a su zona más cálida; sabiendo la desesperación que se siente en esos momentos baje su falda y como leyendo mis pensamientos Elías la acostó de lado en aquella mesa estrecha totalmente desnuda.

Mi mano no tembló para comenzar a excitar su entre pierna y sus piernas se alzaron alegres. En un rápido movimiento casi imperceptible ya había sacado el miembro de mi amigo para succionarlo de manera  ávida.

Entre suspiros y gemidos, mojaba mis dedos como pistola de agua y curioso pretendí probar los fluidos que emanaba. Como venganza por lo que le hacia a mi compañero mi lengua comenzó a torturar su clítoris y luchando entre recibir y dar placer una locura sexual se apoderaba de ella.

Su pelvis comenzó a mecerse y su sexo bailaba en mi boca, Elías con la cabeza hacia arriba solo tocaba sus senos y disfrutaba de su divina forma de succión.

Para completar el morbo me desvestí con una sola mano mientras mi dedo mayor se perdía entre sus muslos junto con un suspiro de nuestra victima…masajee un buen tiempo, hasta bajar mis pantalones, y con dos dedos la ahogue en placer hasta que soltó de sus manos el pene de Elías y solo gimió hasta que sus piernas temblaron y se contrajeron sus músculos, era hora de atacar con armas más poderosas.

Cambiamos de posición y sin darle mucho respiro y aprovechando la lubricación de ella misma, sin esfuerzo Elías introdujo su grueso miembro mientras la dejaba con la boca abierta de placer, aproveche ese momento entonces para tapar ese agujero poniendo mi pene en su boca.

Su respiración aumentaba en cada estocada que mi compañero le proporcionaba; era tanto que arañaba sus piernas para tratar de abrir más sus zonas erógenas.

Con pasión alusiva a la lascivia comía mi sexo con premura, con la misma intensidad con la que sentía aquel solido elemento.

Era tiempo de cambiar la rutina cuando exhalo un aire que enfrió sus labios, los sentí en mi glande como hielo ártico.

Elías la bajo de la mesa despacio sin sacar aun su aspa de aquel cuerpo cálido.

A cuatro patas la dejo, ella me miro desde el suelo helado como desafiándonos aun, después de todo.

Mire a Elías, mentalmente nos pusimos de acuerdo.

Aun sin sacarlo de ella, como lo disfrutaba la lujuriosa aquella, se acostó en el piso y ella encima de él dejo a la intemperie sus nalgas hermosas.

Busque más rápido que la luz un aceite que guardaba una compañera en su gaveta y  mientras Elías la penetraba rotundamente regué el suave líquido en sus gluteos.

Antes de darse cuenta de lo que pasaba ya la punta de mi pene erecto paseaba por sus adentros, vi como sus muslos temblaron y como se ahogaba entre grititos de dolor, gemidos de placer y suspiros por el morbo, ella misma tomo con sus manos mis nalgas y empujo hasta que entero me introduje y choque mi pelvis con ella. Un grito de guerra salió de sus pulmones.

Cada movimiento de cada pene hacia que su cuerpo se estremeciera, cada coincidencia en que entrabamos juntos a ella, su voz tenía más fuerza…

Fueron 3 minutos de batalla hasta llegar a su gloria y casi al tiempo llevo mi compañero quien lleno de sus fluidos todo su templo, se desplomo aun con su pene dentro y mis estocadas aun no paraban.

Entre el roce de sus músculos, su voz pidiendo fuerza y el morbo de verla caer de placer … una estocada en cámara lenta fue la culminación de mi faena y termine dentro, muy adentro… mientras ella jadeaba tumbada en el pecho de Elías.

Nos quedamos sin fuerzas allí, ellos dos tirados en el suelo y yo medio parado mirando la escena.

Mire a Virginia con ojos nublados y sonrió.

Estaba exhausto por el clímax que había salido de mí y necesitaba recuperar fuerzas, ella extendió el brazo y me agarro el rostro para que la mirara muy atento y sínicamente, aun llena de nosotros, me dijo:

“Creo que aguantaría tomar otra copa de ese trago”

Intimas Amigas

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No recuerdo un solo día en el que me haya dejado sola en mis momentos de soledad.

Siempre había estado en las peores, más que en las mejores, pues, no vivimos tan cerca como para visitarme constantemente, sin embargo aquí está, otro día fatal en que me arrulla y me frota el pelo para que deje de llorar por las estupideces que me hacen las personas que deberían amarme.

-¿Por qué ya no me quiere igual? Soy sincera con él, trato de ser bueno esposa, soy una buena madre y nunca le he faltado…será que no le gusto.

-Es un idiota y eso es todo querida. Un hombre que no vea la belleza que llevas dentro no merece ser parte de tu vida, y menos si es feo. _Dijo, haciéndome reír en mi penuria, como siempre.

Tocó mi barbilla con su dedo índice y levantó mi rostro húmedo de lágrimas de dolor, ira y desesperanza.

-No me siento amada hace tiempo ya, Carla.

-Si es así, entonces no me consideras parte de tu vida, yo te amo amiga y nunca dejare de hacerlo.

En sus ojos había tal verdad, una sinceridad enorme que ya hacía tiempo no veía en Carlos, en nadie. Me miro con amor y me abrazo con una sonrisa tierna, tanto como sus brazos en mi primera desilusión adolescente.

Quise corresponder a su cariño, al amor que me tenía. La mire y me acerque tanto a su rostro que nuestras narices se tocaron, su mano como de manera automática toco mi cuello y el calor de sus manos quemaba sin hacerme daño.

Su sonrisa, tan hermosa y su aliento al respirar me erizaron la piel…y toque mis labios con los suyos.

Si, la bese…así sin fuerzas, desgastada por el llanto que derrame por alguien que había olvidado que era mujer, que me hacían falta detalles, que no me amaba hacia tanto tiempo.

Un beso inmóvil, suave, se podía palpar en el aire el cariño y la verdad de los labios que se juntaron en aquel momento, creando un mundo desconocido.

Se despegaron nuestros labios sin el ánimo de hacerlo, solo por la curiosidad de vernos y tratar de adivinar que pensamos.

Aún tenía los ojos cerrados cuando realicé mi segundo ataque y como aspas chocamos entre carne y fluidos por unos minutos.

Me recosté en sus hombros y mientras besaba mi piel recordé como me consolaba cuando mi primer novio me trato como estúpida.

Me recostó de la almohada húmeda que tenía en sus piernas y se posó sobre mi…al parecer vio cuando mis labios temblaron de nervios. Yo aún no sabía lo que estaba pasando.

Sonrió y casi al instante mordió mis labios, quito mi blusa y se dirigió a mis pechos.

Sabía que me conocía, compartíamos toda nuestra vida y cada detalle, pero no sabía que tanto podía conocer mi cuerpo…

Sus manos me estremecieron solo con un toque en el lugar ideal con la presión específica; mi cuello, mis pechos, mis piernas estaban a su merced.

Había olvidado como se siente el éxtasis de que alguien que te ama te toque con devoción y Carla lo estaba haciendo como nadie.

Sus labios en mi abdomen contraían mis músculos y mis manos luchaban entre el sigue y el detente mientras empujaban su cuerpo hasta el templo de mi ser.

Aquella, mi amiga íntima, se refugió en mi intimidad y bebió del mana de mi sexo.

Un calor friolento subió desde mis piernas hasta mi cabeza con el simple roce de su respiración en mi nido y como relámpago bajó a mis caderas al frote de sus labios.

Sus manos agarraron fuerte las mías como previendo un huracán, pero fue un tornado el que sentí cuando se inspiró a devorarme.

Apreté tan fuerte que mis uñas la hirieron creo…un éxtasis de placeres junto con el ardor de lo prohibido carcomió mi conciencia y fue cuando mis piernas abrazaron su cuerpo como cinturones ardientes.

No escuchaba más que mis gemidos y algunas neuronas sentí que explotaron de un momento a otro varias veces, cada molécula de mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y un grito ahogado me dejaba jadeante,  perdí la visión por segundos mientras contemplé mentalmente un paraíso…

Volví en mí y aún sentía el dulce sabor del clímax, Carla estaba a mi lado, observándome, mientras regresaba del viaje al país de las maravillas.

La mire sonriente.

Y ella respondió coqueta con un ademan muy particular.

Entre mi respiración turbada y agitada solo pude decir:

-Creo que debo llamar a mi abogado.

Reí.

Me beso.