Tumores.

Para esto puse todo mi empeño en estudiar y aprender perfectamente todo lo concerniente al cerebro humano. Me dedique en cuerpo y alma a conocer cada tejido y cada parte del órgano más complejo. Gracias a eso, podré salvar la vida de mi vecino de 12 años.

Pablo es un niño muy energético. Le encantan los animales, lo sé por cómo se pone al ver a mi perrito Zack, un Chow Chow al que amamos con locura. Pablo suele montar bicicleta por horas, calle arriba y calle abajo. Le encanta el béisbol, frente a mi casa se juntan varios niños y juegan hasta que la luz del sol es tan tenue que no les permite ver la pelota; Pablo es el último en entrar a casa, se queda jugando a atrapar la pelota por un buen rato más.

Estos niños cubanos están jugando al béisbol. | Viajes, La habana ...

Sé que es muy educado con las personas mayores; a veces lo escucho hablar con el vecino al llegar a casa. Es un buen niño a pesar de todo.

Según su historial, el niño había ido a consulta 3 veces por un dolor intenso en la cabeza, luego de eso le realizaron varios estudios y, en su interior, un tumor maligno crecía y era muy probable que hiciera metástasis con parte de su cerebro.

Cuando vi su foto y nombre en el expediente no podía creerlo. Llamé a Carlos de inmediato, con lágrimas en los ojos le conté sobre Pablo y su situación, que yo era quien haría la operación y los nervios no me dejaban pensar. “Sé que puedes amor, sé que lo harás bien” me dijo, antes de un te amo.

Escogí a los mejores colegas que conozco: Asistente, anestesiólogo, especialista y dos enfermeras. Todos de los mejores en sus áreas. Ser alguien con mi historial profesional tiene sus ventajas y se conoce mucha gente.

Advierten sobre falta de anestesiólogos hacia 2032

11 horas duró la cirugía. Pablo duro 20 días en observación y hoy ya se va a casa con la sonrisa que siempre le caracteriza. Su madre, una mujer muy hermosa, preguntó quién había sido el medico que realizó la operación, que lo había buscado por días y no le encontraba; un colega me buscó. Aun llevaba mi mascarilla y el traje puesto, pues salía del quirófano en ese momento.

– Le deseo muchas bendiciones. Gracias. No sabré como pagarle el haber salvado a mi Pablito.

Me dijo con lágrimas en los ojos y una sonrisa. Es la primera vez que me habla y me mira sin despreció en los 4 años de ser vecinos. Lo mejor, es la primera vez que Pablo, el niño más alegre del barrio, me sonreía sin temor.

Llamo a Carlos para comentarle y puedo escuchar su carcajada del otro lado del teléfono.

– ¿No le dirás quién eres?

– No quiero crear una paradoja en sus sentimientos en estos momentos. _ Le digo sonriendo.

Termina mi turno y llego a casa, algo tarde como siempre. Puedo ver a Pablo mirando hacia la calle desde la mecedora en la galería de su casa. Imagino que 30 días de descanso serán eternos para un niño como él. Pero es fuerte, se recuperará pronto y eso me hace feliz.

Al salir del vehículo, Carlos sale de la casa con un pastel de cumpleaños con mi nombre, y un numero 30 sobre este; y Zack, con un lazo plateado sobre su cabeza muy hermoso:

“Feliz nuevos 20, querido Andres”

Las lágrimas salieron de mis ojos sin querer; lágrimas de felicidad. Un beso tierno y un abrazo fuerte en agradecimiento por estar conmigo, por amarme y acompañarme en mis penas y alegrías.

Sonriente, Pareja Gay, Abrazar, En, Jardín Fotos, Retratos ...

Fue un hermoso día. La sonrisa de un niño, el agradecimiento de una madre y el detalle de mi amado. Carlos y yo nos mirábamos y sonreímos cuando escuchamos decir a la madre de Pablo, como adrede: “Deja de estar mirando a los patos esos y entra pá dentro.”

No importa lo mucho que estudie el cerebro, jamas entenderé realmente la forma de pensar de algunas personas. Hay tumores que, realmente, ni el mejor cirujano podría extirpar… Prejuicios les llaman.

– Vamos. _ Dice Carlos sonriendo. – Te hice una sorpresa de la que Zack no puede enterarse.

Sonrió pícaro.

Ellos y nadie más

Parte 4

Era uno de esos días donde el sol sonríe. Ese día no hacía calor, la luz se posaba tenue y plácida en los hombros de los transeúntes, dándoles un abrazo acogedor. Era una de esas tardes donde sientes que algo bueno pasará, donde te quedas mirando fijo hacia ninguna parte y sonríes; una de esas tardes en que hay una energía que sale de tus poros y te hace ir adelante.

ShirtPantalón, zapatos grises, una camisa de mangas largas. Peinó su rizado cabello, arregló su barba, echó fragancia en su cuerpo y se miró en el espejo.

– ¿Por qué rayos siempre termino vestido como oficinista? _ Pensó, y sonrió por su falta de conocimiento de la moda.

En una habitación de paredes azules, al otro lado de la ciudad, un labial color granate se deslizaba por sus pronunciados labios. Ella, que no solía maquillarse, apenas se había puesto polvo y un poco de sombras. La sencillez era parte de su esencia.

Un vestido de coctel que no alcanzaba sus rodillas, dejando al descubierto sus esbeltas y hermosas piernas. Zapatos negros de tacón fino; quiso ponérselos, aunque no tenía por costumbre usarlos con frecuencia, deseaba verse atractiva, quería que él la deseara.

En las calles de aquella ciudad con aires coloniales, la gente caminaba sin prestar atención a los detalles. Distraídos en sus menesteres, pocos disfrutaban de las energías que produce la caída del sol entre las tejas de las casas.

WhiskyÉl llego 20 minutos antes de la hora acordada, fue al bar que acostumbraba y pidió un trago de whiskey. Habló un rato con el cantinero, le contó un chiste y salió del bar. Justamente al mirar al otro lado de la calle, de un taxi salía ella. A pocos metros de distancia, en la misma calle donde se vieron en días pasados, estaban mirándose a los ojos fijamente como quien trata de encontrarle fin al horizonte. Caminaron hacia el centro de la calle hasta encontrarse. Ella, mirada de águila, cerró los ojos para disfrutar el aire mientras volaba. Él, como cazador furtivo, disparó el primer beso para hacer caer a su presa desde lo alto hasta sus labios.

– Holis. _ Dijo ella sonriente, y preguntó: – ¿A dónde vamos?

dress2Él la tomo de la mano, dio media vuelta y caminaron. La gente, a penas se dio cuenta de que ellos existían de aquella forma; y ellos, apenas sabían que había mas personas en aquel parque.

Conversaron pobremente mientras caminaban; solo sonreían y se miraban, pareciera que guardaban todo lo que se querían decir o hacer, para cuando estuviesen uno en frente del otro.

Pronto llegaron a un lugar extravagante. Era lúgubre, pero con un aire de nobleza. Había una mesa reservada para ellos con una botella de vino rosa.

– ¿Sabes que solo puedo beberme unas copas? _ Dijo a modo de broma, recordando lo borracha que estaba la ultima vez que se vieron.

– Lo sé. Acordé con la mesera que solo nos tomaremos la mitad. _ Tomó una silla y se la ofreció para que ella se sentara.

El lugar y sus bombillas de tenues luces amarillas. Lámparas con estilo inglés, jazz en vivo y sus asientos cubiertos de terciopelo, llevaron a sus mentes a sentirse lejanamente en los años 20.

baile2Hacía años que no hablaban estando tan cerca, que no sonreían al tiempo, que no se tomaban de las manos. Aunque ambos sabían que todo aquello era temporal, aun cuando en sus mentes estaba claro que, si bien juntos eran magia, el espectáculo acabaría; se disfrutaban como si la luna se hubiese detenido y les dejara vivir eternamente aquellos sentimientos.

Una canción conocida para él comenzó a sonar. La voz de Ella Fitzgerald y el saxo de Armstrong le trajeron un deseo de disfrutar la pieza al son de sus pies.

– ¿Me concedes un baile? _ Dijo, extendiendo la mano hacia su contraparte.

La joven se ruborizo y puso ambas manos en sus cachetes.

– Pero si no se bailar esto. _ Susurró.

– Vamos, yo te llevo.

Baile4Ella se levantó y se puso justo frente a él, quien tomó sus manos, una por encima de su hombro y la otra al aire, y comenzó a moverse con ella hacia ambos lados al ritmo de un-dos. El calor de sus cuerpos ardía por encima de sus ropas. El olor de ambos se entrecruzaba en cada vuelta que daban. Entre la música y el baile se entrelazo un beso perdido.

La luz, sus miradas, la lámpara, la música… Ella, rojo mate en los labios. Él, olor a hierba mojada en la lluvia. Se habían unido, y fundido el aire que entre ambos se desplazaba. La gente de aquel lugar desapareció por completo, fueron desacelerando el ritmo y compás y, sin darse cuenta, estaban solo parados allí, sin moverse.

– Quiero que me hagas el amor. _ Su mirada había cambiado, la niña bonita del vestido de coctel ahora tenía ojos de ave rapaz.

Sin decir nada, él tomó la botella de vino, dejó el dinero en la mesa y salió con ella de la mano. Se detuvo repentinamente antes de salir al notar que había empezado a llover, entonces ella tomó el mando de aquella nave que no se decidía a zapar, elevó anclas y abrió las velas para aprovechar el viento del deseo que la empujaba desde proa. Apretó sus manos y salió, él no pudo más que seguirla. La noche, la luna, la lluvia y él, no sabían a donde iba aquella mujer de pasos firmes.

Caminaron unas cuadras y entraron a un hotel para él, desconocido. Tenia un gran lobby y unas escaleras al fondo de este. Rodeado de columnas dóricas con detalles muy barrocos, parecía mimetizar un coliseo de batalla.

pensarte 3

Subieron las escaleras y una gran puerta doble de madera los esperaba. Ella abrió, él empujó y la luz de la luna descanso sobre el pasillo de una bonita y gran habitación.

Cerraron las puertas y, sin mediar palabras se besaron; tan despacio como si entendieran que nadie los esperaba. Se besaron tan profundamente que el tiempo se sintió ignorado y comprendió la relatividad de su existencia. Sus labios se disfrutaron como baño de aguas termales, el calor de su aliento hizo tormentas en sus bocas y el estruendo de sus lenguas empezó a dejarlos náufragos en un éxtasis vicioso.

Lo abrazó y su mano llego a tocar su cuello. Él por su lado, canino después de todo, la tomó de la pierna y, por debajo del vestido, apretaba sus muslos como si de eso dependiera no caer al precipicio. Ella aceleró sus besos y él puso fuerza a los suyos.

Se separó de su verdugo, se arregló el vestido y se sentó en la cama para quitarse los tacones.

tacones 4-– No te los quites. _ Le dijo, al momento justo cuando ella tenía la punta del taco en los dedos.

– ¿Es algún fetiche nuevo? _ Preguntó coqueta, con una sonrisa casi imperceptible.

– Por ahora mi fetiche eres tú. _ Le dijo mientras tomaba su vestido y, con un movimiento suave lo quitó de su cuerpo para darse cuenta de que, además de los zapatos color negro, lo único que llevaba puesto eran unas prendas color carmín.

Quedó atónito ante tan majestuosa belleza. Parada frente a él, desnuda y con tacones, había una mujer de rostro de niña, mirada coqueta y piel de ámbar, quien, con firmeza posó su pierna derecha en el colchón mientras él aún estaba parado frente a ella, y dijo:

– Si soy tu fetiche, entonces eres libre de saciarlos.

Terminando de escuchar aquella invitación al pecado, se quitó la camisa y desabrochó la correa mientras caminaba hacia ella con intensidad y pasión. Ella le ayudó a despojarse de sus telas, aun con una pierna encima de la cama, lo que dejó a la intemperie sus muslos; la tomó y, levantándola, la llevó hasta la pared en una lucha para ver quien conquistaba primero la boca del otro. Ella lo abrazaba con fuerza entretejiendo sus pies en la espalda de su atacante. Este, la levantó un poco más y quedo frente a frente con sus pechos, los besó con precisión de asesino mientras tomaba el otro como rehén en espera de ser ejecutado.

En la paredElla, con sus brazos, lo apretaba hacia su pecho mientras disfrutaba de sus manos y sus labios, que comían su pecho como bestia hambrienta. Sintió un brusco movimiento y, sin saber como, se estrelló contra la cama quedando indefensa ante la sed de carne de aquel lobo indómito.

Entonces se sintió un momento de calma. Aquella calma que se siente en el ojo de un huracán, una tranquilidad impaciente de saber que viene una tempestad aún peor. A piernas abiertas, sin fuerzas para hacer más que sentir unos labios deslizándose desde su ombligo hasta sus senos.

Arañar

Las manos fuertes de aquel hombre la tenían atrapada de ambos lados de su cintura mientras él, seguía rasgando todo a su paso hasta desembocar en su cuello. Ella, con sus uñas afiladas, intentaba, a duras penas; defenderse clavándolas en la espalda desnuda de la bestia, que sin pausa seguía besando, lamiendo y mordiendo su carne.

– ¡Espera! _ Dijo sin fuerzas. Se soltó de los brazos del animal y, a cuatro patas se dispuso a huir para hacer su movida, pero él fue más rápido.

Dedo labiosLa tomó las piernas mientras ella, boca abajo, soltó un chillido ahogado al sentir un cálido toque en medio de su fuente. Intento cerrar las piernas en un reflejo involuntario, pero fue tomada por los muslos y levantada hasta quedar como felina estirada.

Él, que ha perdido en parte la razón, se esmeró en beber de su caudal con sed desmedida.

Cuando todo se había calmado de nuevo, sujetó las bragas y las quitó de ella, dejando expuesto su sexo. Con sus manos en la cima de las nalgas de ella, prosiguió su cometido con más paciencia.

Ella, había caído presa de una bestia de la cual ya no quería escapar. Acomodó su cuerpo y con los dedos en la boca, los mordisqueaba entre gemidos. Una de sus manos se deslizo hasta su templo haciendo saber que se acercaba el clímax. Con suspiros ahogados y palabras entrecortadas exclamo, con un grito; que había llegado a la isla del tesoro en un barco a la deriva.

Agotada por el viaje, se dejó caer a peso muerto en la cama. Como gacela herida, aun respiraba cansada. Él, aprovecho este momento para completar su propia desnudez, al quitarse las medias, protegió su arma antes del ataque, la agarró por las caderas y la arrastro hacia sí. Tarde se dio cuenta de que había caído en la trampa. Bajó la guardia y, en un vuelco enredado; ella estaba encima con una sonrisa llameante.

– Quiero mas de ti. _ Le susurró aun sin poder respirar a sus anchas.

Encima

Sin dejarlo decir una palabra, tomó el arma de aquel caballero y, como si se tratase de un Harakiri, se estocó así misma sin temor. La mujer que yacía indefensa en la cama, la que trataba de huir, aquella que había perdido las fuerzas; como el fénix, había renacido y ahora quemaba el sexo del que se creía cazador.

Sus caderas abrasaban el miembro del joven que, veía estremecido; como una fiera agarrada a su pecho emanaba alaridos de placer al ritmo del movimiento. El vaivén de su pelvis, el baile de la lujuria que ella danzaba le llevaba hasta lo alto de un cerro, sentía que caía al vacío y volvía a subir.  Ella era quien tenia el control, quien comandaba los deseos que lo hacían hervir.

Como ave que se lanza para tomar su presa, ella se recostó en su pecho, mordiendolo sin misericordia, sin que cesara su baile infernal, lo miro a los ojos y ambos sintieron como se fundían en deseo con un beso. Aquel beso fue el testigo del averno en el que se había convertido aquella habitación. Ya no era ella, ya no era él… Eran ellos, su sudor, el olor de su pasión, el sabor de su piel. Eran uno. El la abrazó, tan fuerte que delató sus últimos pasos para ser lanzado del barranco sin regreso, directo al orgasmo.

Entre caricias, besos, mordidas y arañazos, se amaron, se quisieron, se cogieron, se quemaron. Cada una de sus células habían sentido como dos cuerpos se fundieron.

Y allí estaban, con la cabeza en su pecho. Con las manos en sus nalgas, con las piernas entrecruzadas. Habían entrado dos personas, y en ese preciso momento, solo quedaba la tercera persona del plural.

Esta vez, quien se levantó tarde fue ella. Había quedado exhausta al parecer, y no se percató que ya era de mañana. Miró a su lado y, como temía; no había nadie. De inmediato notó que no tenia los tacones puestos y que había desayuno en la mesa de noche, donde, debajo de la taza con chocolate, había una nota.

Abrazados en al ducha

La tomó, y su rostro hizo una mueca entre una sonrisa y un dejo tristeza. Dejó el papel en la bandeja y buscó su ropa interior. Tomó su vestido y en su mente solo rondaba un pensamiento: “Debes irte” sin embargo, la curiosidad es más fuerte.

– Podría leer la nota y hacer como si nunca la leí. _ Se dijo.

Posó el vestido en la cama, se sentó al lado de la bandeja, tomó el pedazo de papel y lo abrió rápidamente:

“Me encantó, te veo en el jacuzzy cuando despiertes, aun es temprano, podemos disfrutar un rato más”

– Idiota. _ Al decir esto, sonrió, se quitó la ropa interior y fue a darse un baño.

Allí estaba él, lavándose el cabello.

– ¿Entonces soy un idiota? _ Dijo burlándose.

– Cállate.

Lo abrazó mientras él cerraba la puerta de la bañera.

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Parte 1: Ellos – Borrachos de Coctel

Parte 2: Ellos – Resaca al Desnudo

Parte 3: Ellos – Divergentes

Agenda Rota

Horas, días, semanas, meses… Años.

Mi agenda estaba llena, no tenía ni un día desocupado, y no lo quería.

Había llenado cada espacio de mi tiempo contigo, con nosotros. Había puesto una cita en cada nota al margen donde, al final de cada noche, me veía contigo.

Viajes, salidas al cine y noches de luna puestas en un calendario que empezó un octubre y, al contrario de los Mayas, no le pusimos fecha fin.

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Aun así, cerca de un equinoccio, se rompió el almanaque que había elaborado con tanto ahínco. No llegamos a firmar el anuario y cada glosa termino guardada en el último rincón de mi estante favorito.

Ya no habría citas, ni noches de luna, había terminado el viaje; mi agenda estaba vacía, de nuevo. Juro que intente llenarla de tareas, de ocupaciones y responsabilidades, pero las olvidada y recordaba que en ese momento pudimos estar bebiendo vino, bailando en la sala, o cocinando por que sí. Te aseguro que intente dejarla vacía, escondida; pero una alarma me despertaba a media noche con la etiqueta: “Despiértala a besos”.

Y ahora que el tiempo ha perdido sus motivos para existir (al menos el mío), sigo tachando con una equis cada día que pasa en mi calendario, como reo que espera libertad, pero no sabe cuánto tiempo encerrado le queda; solo para saber los días que lleva sin ver la luz.

Mi memoria me juega bromas pesadas al traerme tu recuerdo cuando pasan en la TV tu película favorita. Odio no poder besarte mientras estamos en el cine… ahora quien me ayudará a tomarme el vino.

Y aquí estoy, hojeando mi cuaderno de tareas por hacer, sin encontrar tu nombre en fecha alguna, con la TV encendida viendo algo que no me gusta, borracho de tanto vino y, pensando en ti y en mi maldita suerte de no haber sido suficiente para llenar tu vida, aun cuando, contigo; tuve la osadía de llenar la mía.

Horas, días, semanas, meses… Años.

Medidas

“Es enorme”, “La tiene pequeña”, “Esas, si que son nalgas”, son frases comunes entre amigos y familiares, a veces entre desconocidos; para referirse a partes del cuerpo de otras personas.

El tamaño, la medida y el volumen en que tienes algo, es tomado en cuenta al momento de hacer un juicio sobre ti, ya sea positivo o negativo.

1

¿Qué copa eres?

  • Son chicas, nadie las va a mirar.
  • Son enormes, desearía tener menos.
  • Tienen buen tamaño, pero están algo caídas.

Lo peor, es que una gran cantidad de hombres también se creen matemáticos, o tienen complejo de “Corpus Meter” al ponen en una balanza cuanto tiene y como lo tiene aquella chica.

3

Es algo tan normal el hecho de juzgar a alguien por las medidas de su pene o de sus nalgas, que da miedo.

Pero muchas chicas no se quedan atrás. ¿Cómo la tenía? – La pregunta más esperada después de que tu amiga durmiera con el chico que le gustaba.

No solo eso. Están las medidas de cinturas de las chicas, las medidas del pecho de los chicos, el tamaño de los pies de las mujeres, el tamaño de los bíceps del hombre, el largo del pelo de las féminas, el largo de los dedos del caballero.

2Pues les daré mi opinión sobre las medidas. No me interesan más de lo que deben. Es cuestión de gusto, respeto y amor propio.

Gusto. Lo que me gusta es tal o cual cosa, de tal o cual forma. Es aceptable tener gustos específicos. A pesar de que no los tengo yo.

Respeto. Que no me guste no significa que sea feo, que este mal, que sea incorrecto. Habrá otra persona que ame lo que a mí no me atrae.

Amor Propio. Amar mis medidas, amar mi forma… Siempre que mis medidas no afecten mi salud física o mental, debo quererme sobre todas las cosas.

Aprendí que la única unidad de medida que de verdad importa es el tiempo, este va avanzando indetenible, sin importar lo que hagas seguirá hacia delante.

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Da igual si estas gordo, delgado u obeso… el tiempo sigue su ritmo.

Cuando te miras al espejo y te sientes inconforme con lo que vez, esas medidas pueden ser cambiadas con esfuerzo, con dedicación, o en casos más extremos, con cirugías; pero mientras lo piensas, el tiempo sigue.

Mientras crees que tus estrías son feas, el tiempo sigue.

Cuando tienes esa disputa antes del sexo, luchando por apagar la luz; el tiempo sigue.

Cuando te frustras por querer tener el cuerpo de otra persona y no el tuyo, el tiempo sigue.

Cuando te quejas por no tener suficientes nalgas para sentirte aceptada, o abdominales de six-pack para sentirte atractivo, el tiempo sigue, y no se detiene… y estas desperdiciándolo.

(Imágenes tomadas del Video Clip de la canción Matemáticas de la Carne, del rapero español Rayden)

El amor de mi vida

  • ¡Ya me voy a casa! _Grité como despedida.
  • Déjame acompañarte. Me pongo algo encima y me esperas. _Dijo ella corriendo a la habitación.

Paso sus manos por su hermoso y rizado cabello. Un montón de pelo grueso y fuerte. Buscó un abrigo en forma de capa, aseguró sus lentes y salió detrás de mí.

  • Sabes que no tienes que hacerlo, es tarde y es peligroso para ti.
  • A mí no me van a quitar nada, porque no ando con dinero ni celular; además, sabes que me encanta acompañarte. _Me decía mientras me tocaba la mano derecha. – Déjame ayudarte con eso que llevas.
  • No, no es necesario. _ Le dije en vano.
  • Dámelo, ven. _Dijo casi arrebatando de mi mano el maletín.
  • A veces eres desesperante. ¿Sabias?
  • ¿Yo? _ Pregunto en tono ingenuo.

Su mirada de ternura me contagio, estaba más hermosa aquella noche. Todos los días la veo más bella. Ella no imagina lo mucho que me gusta caminar a su lado, aun cuando siempre está hablando, contándome algo, tratándome como a un niño, cuidándome más de la cuenta.

Adoro tomarla de la mano a lo largo del sendero, darle besos de sorpresa en la frente, oler su pelo, ayudarla a cruzar la calle (Aun cuando le hago creer que ella es quien me ayuda a mí).

No sé si sabe cuánto la amo y cuanto me gusta dedicarle de mi tiempo. Escuchar su voz casi indetenible Preguntando: ¿Tienes hambre? ¿Quieres algo? ¿Te hago chocolate? ¿Mi cena está ahí, puedes comer?

Me gusta abrazarla, aunque ella es demasiado eléctrica para quedarse un rato en un solo lugar y, el abrazo se termina antes de lo que quisiera poniéndose en camino para hacer la siguiente tarea.

He aprendido tanto de ella, de sus aciertos, de sus errores… de sus virtudes. Sigue orando por mí aun cuando sabe que, ni por mí mismo digo plegarias.

Es el amor de mi vida, por lo que ha sido, por lo que es. Te amo.

Le doy gracias a la vida por ser tu hijo, aun cuando no he sido lo que tú esperabas que fuera.

Dedicado a mi madre.

Juana E. De la cruz.

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