Lunes

Un suspiro profundo justo después de abrir los ojos gracias a la tercera alarma que suena desde tu celular y, luego un suspiro que grita “Resignación” desde los pulmones, se sientan en la cama por uno, dos… tres minutos, se llevan las manos a la cara, la estrujan con fuerza, otro suspiro profundo y… exhalan, al tiempo que se levantan de la cama y es cuando tu cerebro recuerda que ha llegado el lunes.

Lunes

Una gran cantidad de personas odian los lunes. ¿Por qué? En mi experiencia se debe a distintas causas:

  1. Los lunes son días que cargan con la maldición de terminar el maravilloso concepto de “Fin de Semana” convirtiéndose en el “Inicio” de la misma.
  2. Normalmente hay reuniones de equipos, esas reuniones que todos odiamos, donde se nos recuerda que debemos terminar lo que empezamos el viernes y comenzar con lo que habíamos olvidado.
  3. Los lunes son días donde el tiempo se queda a mirar atónito el paralizado tránsito, haciendo que este día se sienta de; al menos, 28 horas y unos cuantos minutos más.
  4. Son días donde no tenemos ni recargamos energías. Venimos de unos días de descanso en los que en realidad no descansamos nada, así que, debemos esperar el martes para que nuestras fuerzas vuelvan.

La gente debe llegar temprano al trabajo, salir tarde, entregar informes, mostrar resultados… el lunes es el día perfecto para sentirse totalmente un Godines. Menos para mí.

Para mí el lunes es un día hermoso, y más este, donde está lloviendo. Entre charcos de agua que mojaron mis zapatos nuevos, el paraguas que se quebró junto con mi camisa al atascarse en la varilla que sobresalía del carro viejo que me acerco a mi trabajo.

Es un perfecto lunes donde, a causa de los agentes de tránsito (que no se pusieron de acuerdo al dar la orden para mover la multitud de vehículos), termine en medio de la calle con los autos encima, tocando la bocina y amenazando con atropellarme mientras insultaban a mis ancestros.

No podría ser un lunes más maravilloso. Uno donde, a causa del piso mojado, resbale al entrar a la oficina y caí de nalgas justo al lado de mi jefe quien, con pocas ganas, pregunto: ¿Todo bien?

Puede que suene que he tenido un día fatal… bueno, es lunes, no esperaba menos; quizás si hubiese sido un viernes sonaría divertido. Al fin y al cabo, nada de eso me importa, nada impedirá que, desde hoy, el lunes sea mi día favorito.

Hoy, un lunes; mojado, con la camisa rota, con los pies inundados de agua y de seguro con un hematoma… te vi.

Hoy te vi y me sonreíste. Es el mejor día de toda mi puta vida.

Después del Tono

 

Un vino tinto, dos copas y con poca ropa. Así me esperaría esta vez.

Que combinación tan perfecta.

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El sol caía lentamente en el horizonte, podía verlo desde donde estaba; una monocromática y aburrida oficina. Sillas, mesas y escritorios no deberían ser más importantes que esta noche.

Tres llamadas sin respuesta, dos mensajes de voz en mi bandeja y una mujer esperando en un departamento, con labios carmesí y lujuria bien afilada.

Pude imaginar su rostro al contestar mi llamada. Ya era tarde, la luna compartía su luz en las calles mojadas por la llovizna.

Con una voz apacible, a pesar de estar esperando, preguntó por mi llegada, pero no fue la respuesta que esperaba. Mi negativa por razones de negocios no la saciaba. No era de su incumbencia mi trabajo, ni mis negocios, mucho menos mis jefes; a ella solo le importaba mi compañía, mi cuerpo y mi sexo.

Aun así no discutió, no se exaltó, ni siquiera subía la voz…solo colgó tras decir: Descuida.

Quede escuchando el tono de la línea unos segundos antes de mirar mi celular y reaccionar; darme cuenta de que había desperdiciado la noche, la lluvia y la luna; junto con el vino, las copas y su ausencia de ropas.

Y ahí estaba, sentada, tan borracha como tranquila.

Mirando la luna por la ventana y pensando en ella misma.

Era la segunda vez que la dejaba esperando y sabía que era la última vez que me esperaría.

Dejo la Copa en el piso y abrió su agenda rayando con premura sus hojas…ahora tenía tiempo libre pero no era para malgastarlo conmigo.

 

La Lluvia Morena

lalluviamorenademispasionesCon mis cejas empapadas de aquellas gotas que mojaban de manera aleatoria lo que se interpusiera entre ellas y el suelo, mire hacia arriba cansado de correr en vano para esquivarlas…

Mientras todos huían de aquella agua como si fuese fuego, yo me detuve a contemplarla.

Veía como venían hacia mi sus ovaladas gotas y la melancolía alcanzó a llegar con cada una de ellas.

Comencé a verte entre las negras nubes, aquella piel morena que tanto deseaba. Y la lluvia cambio de color, y era el tuyo…piel de azúcar y melao que endulzaba mi cuerpo sin hastiar mi paladar.

Me hiso recordar cuando te conocí, cuando te mire y de tu mirada me enamore…aquella lluvia era cómplice de mis recuerdos, que me hacían plañir por solo poder pensar en el aroma de tu cuerpo.

Necesito verte, ven mátame…deseo besarte aunque me de diabetes, dulce sabor de la india aquella, de la cual solo veía el reflejo en aquella lluvia morena.