Agenda Rota

Horas, días, semanas, meses… Años.

Mi agenda estaba llena, no tenía ni un día desocupado, y no lo quería.

Había llenado cada espacio de mi tiempo contigo, con nosotros. Había puesto una cita en cada nota al margen donde, al final de cada noche, me veía contigo.

Viajes, salidas al cine y noches de luna puestas en un calendario que empezó un octubre y, al contrario de los Mayas, no le pusimos fecha fin.

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Aun así, cerca de un equinoccio, se rompió el almanaque que había elaborado con tanto ahínco. No llegamos a firmar el anuario y cada glosa termino guardada en el último rincón de mi estante favorito.

Ya no habría citas, ni noches de luna, había terminado el viaje; mi agenda estaba vacía, de nuevo. Juro que intente llenarla de tareas, de ocupaciones y responsabilidades, pero las olvidada y recordaba que en ese momento pudimos estar bebiendo vino, bailando en la sala, o cocinando por que sí. Te aseguro que intente dejarla vacía, escondida; pero una alarma me despertaba a media noche con la etiqueta: “Despiértala a besos”.

Y ahora que el tiempo ha perdido sus motivos para existir (al menos el mío), sigo tachando con una equis cada día que pasa en mi calendario, como reo que espera libertad, pero no sabe cuánto tiempo encerrado le queda; solo para saber los días que lleva sin ver la luz.

Mi memoria me juega bromas pesadas al traerme tu recuerdo cuando pasan en la TV tu película favorita. Odio no poder besarte mientras estamos en el cine… ahora quien me ayudará a tomarme el vino.

Y aquí estoy, hojeando mi cuaderno de tareas por hacer, sin encontrar tu nombre en fecha alguna, con la TV encendida viendo algo que no me gusta, borracho de tanto vino y, pensando en ti y en mi maldita suerte de no haber sido suficiente para llenar tu vida, aun cuando, contigo; tuve la osadía de llenar la mía.

Horas, días, semanas, meses… Años.

Lunes

Un suspiro profundo justo después de abrir los ojos gracias a la tercera alarma que suena desde tu celular y, luego un suspiro que grita “Resignación” desde los pulmones, se sientan en la cama por uno, dos… tres minutos, se llevan las manos a la cara, la estrujan con fuerza, otro suspiro profundo y… exhalan, al tiempo que se levantan de la cama y es cuando tu cerebro recuerda que ha llegado el lunes.

Lunes

Una gran cantidad de personas odian los lunes. ¿Por qué? En mi experiencia se debe a distintas causas:

  1. Los lunes son días que cargan con la maldición de terminar el maravilloso concepto de “Fin de Semana” convirtiéndose en el “Inicio” de la misma.
  2. Normalmente hay reuniones de equipos, esas reuniones que todos odiamos, donde se nos recuerda que debemos terminar lo que empezamos el viernes y comenzar con lo que habíamos olvidado.
  3. Los lunes son días donde el tiempo se queda a mirar atónito el paralizado tránsito, haciendo que este día se sienta de; al menos, 28 horas y unos cuantos minutos más.
  4. Son días donde no tenemos ni recargamos energías. Venimos de unos días de descanso en los que en realidad no descansamos nada, así que, debemos esperar el martes para que nuestras fuerzas vuelvan.

La gente debe llegar temprano al trabajo, salir tarde, entregar informes, mostrar resultados… el lunes es el día perfecto para sentirse totalmente un Godines. Menos para mí.

Para mí el lunes es un día hermoso, y más este, donde está lloviendo. Entre charcos de agua que mojaron mis zapatos nuevos, el paraguas que se quebró junto con mi camisa al atascarse en la varilla que sobresalía del carro viejo que me acerco a mi trabajo.

Es un perfecto lunes donde, a causa de los agentes de tránsito (que no se pusieron de acuerdo al dar la orden para mover la multitud de vehículos), termine en medio de la calle con los autos encima, tocando la bocina y amenazando con atropellarme mientras insultaban a mis ancestros.

No podría ser un lunes más maravilloso. Uno donde, a causa del piso mojado, resbale al entrar a la oficina y caí de nalgas justo al lado de mi jefe quien, con pocas ganas, pregunto: ¿Todo bien?

Puede que suene que he tenido un día fatal… bueno, es lunes, no esperaba menos; quizás si hubiese sido un viernes sonaría divertido. Al fin y al cabo, nada de eso me importa, nada impedirá que, desde hoy, el lunes sea mi día favorito.

Hoy, un lunes; mojado, con la camisa rota, con los pies inundados de agua y de seguro con un hematoma… te vi.

Hoy te vi y me sonreíste. Es el mejor día de toda mi puta vida.

Medidas

“Es enorme”, “La tiene pequeña”, “Esas, si que son nalgas”, son frases comunes entre amigos y familiares, a veces entre desconocidos; para referirse a partes del cuerpo de otras personas.

El tamaño, la medida y el volumen en que tienes algo, es tomado en cuenta al momento de hacer un juicio sobre ti, ya sea positivo o negativo.

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¿Qué copa eres?

  • Son chicas, nadie las va a mirar.
  • Son enormes, desearía tener menos.
  • Tienen buen tamaño, pero están algo caídas.

Lo peor, es que una gran cantidad de hombres también se creen matemáticos, o tienen complejo de “Corpus Meter” al ponen en una balanza cuanto tiene y como lo tiene aquella chica.

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Es algo tan normal el hecho de juzgar a alguien por las medidas de su pene o de sus nalgas, que da miedo.

Pero muchas chicas no se quedan atrás. ¿Cómo la tenía? – La pregunta más esperada después de que tu amiga durmiera con el chico que le gustaba.

No solo eso. Están las medidas de cinturas de las chicas, las medidas del pecho de los chicos, el tamaño de los pies de las mujeres, el tamaño de los bíceps del hombre, el largo del pelo de las féminas, el largo de los dedos del caballero.

2Pues les daré mi opinión sobre las medidas. No me interesan más de lo que deben. Es cuestión de gusto, respeto y amor propio.

Gusto. Lo que me gusta es tal o cual cosa, de tal o cual forma. Es aceptable tener gustos específicos. A pesar de que no los tengo yo.

Respeto. Que no me guste no significa que sea feo, que este mal, que sea incorrecto. Habrá otra persona que ame lo que a mí no me atrae.

Amor Propio. Amar mis medidas, amar mi forma… Siempre que mis medidas no afecten mi salud física o mental, debo quererme sobre todas las cosas.

Aprendí que la única unidad de medida que de verdad importa es el tiempo, este va avanzando indetenible, sin importar lo que hagas seguirá hacia delante.

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Da igual si estas gordo, delgado u obeso… el tiempo sigue su ritmo.

Cuando te miras al espejo y te sientes inconforme con lo que vez, esas medidas pueden ser cambiadas con esfuerzo, con dedicación, o en casos más extremos, con cirugías; pero mientras lo piensas, el tiempo sigue.

Mientras crees que tus estrías son feas, el tiempo sigue.

Cuando tienes esa disputa antes del sexo, luchando por apagar la luz; el tiempo sigue.

Cuando te frustras por querer tener el cuerpo de otra persona y no el tuyo, el tiempo sigue.

Cuando te quejas por no tener suficientes nalgas para sentirte aceptada, o abdominales de six-pack para sentirte atractivo, el tiempo sigue, y no se detiene… y estas desperdiciándolo.

(Imágenes tomadas del Video Clip de la canción Matemáticas de la Carne, del rapero español Rayden)

Contrastes

Una época ha muerto. La época del romanticismo paso a la historia, la poesía es cosa del pasado.

En este nuevo mundo, uno lleno de oscuridad, remordimiento y temor, el arte de amar es perseguido por una turba; una muchedumbre de entes con corazones rotos, con alma rasgada y sin espíritu.

Desandan por las calles con maletines grises y negros, sin sonrisas reales, con miradas vacías.

Tazas de café que ya no quitan el sueño. Tazas de té que ya no ayudan a dormir.

Se sientan en un escritorio que ha separado ambos hemisferios de su cerebro y ha apagado el lado derecho, dejando de forma definitiva la lógica como elemento dominante.

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Ya no conectan con la naturaleza, no les es posible ver los arcoíris, no se detendrían a contemplar una aurora boreal, o el canto de algún ave, o los ojos de alguien más. Alguien más, alguien que si ve las cosas maravillosas que existen, lo mágico, lo etéreo. En este mundo gris aún existen personas con colores.

Están ocultos con sacos negros, zapatos de vestir y correas de marcas. Se ocultan de aquella energía oscura que a ensombrecido nuestro mundo. Se esconden en cabinas de teléfono, en las esquinas de los trenes, en el asiento de la ventana en algún avión, mirando las nubes, esta alguno.

Son esos que, entre la multitud pueden verse y, con disimulo y cuidado se sonríen. Son esos adaptados que trabajan de encubiertos entre papeles llenos de números, pero que en su tiempo libre escriben versos a lo inanimado, canciones a los amores perdidos y hablan de arquetipos olvidados.

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Son esos que beben café por placer, toman el té por quien los acompaña y se detienen unos segundos en medio de la acera para contemplar las primeras gotas antes del aguacero.

Están ahí afuera, tratando de colorear a los demás, a quienes se dejan, a quienes pueden aun despertar… y los estamos perdiendo. Sus colores se desvanecen. Algunos ya son color pastel, otros se han manchado de gris y están opacos y algunos, como todo en exceso hace mal, se han tornado de colores niquelados y metálicos y se creen por encima de los demás.

Que nadie nos haga tenues, que nadie nos quite color… que nadie nos haga gris. La revolución puede comenzar por un abrazo, una palabra sincera, un beso inesperado, sexo entre papeles. Una sonrisa oportuna, un elogio del corazón, una mirada del alma.

Dijo mi poetisa favorita una vez ¡Boicoteen el puto sistema!

El amor de mi vida

  • ¡Ya me voy a casa! _Grité como despedida.
  • Déjame acompañarte. Me pongo algo encima y me esperas. _Dijo ella corriendo a la habitación.

Paso sus manos por su hermoso y rizado cabello. Un montón de pelo grueso y fuerte. Buscó un abrigo en forma de capa, aseguró sus lentes y salió detrás de mí.

  • Sabes que no tienes que hacerlo, es tarde y es peligroso para ti.
  • A mí no me van a quitar nada, porque no ando con dinero ni celular; además, sabes que me encanta acompañarte. _Me decía mientras me tocaba la mano derecha. – Déjame ayudarte con eso que llevas.
  • No, no es necesario. _ Le dije en vano.
  • Dámelo, ven. _Dijo casi arrebatando de mi mano el maletín.
  • A veces eres desesperante. ¿Sabias?
  • ¿Yo? _ Pregunto en tono ingenuo.

Su mirada de ternura me contagio, estaba más hermosa aquella noche. Todos los días la veo más bella. Ella no imagina lo mucho que me gusta caminar a su lado, aun cuando siempre está hablando, contándome algo, tratándome como a un niño, cuidándome más de la cuenta.

Adoro tomarla de la mano a lo largo del sendero, darle besos de sorpresa en la frente, oler su pelo, ayudarla a cruzar la calle (Aun cuando le hago creer que ella es quien me ayuda a mí).

No sé si sabe cuánto la amo y cuanto me gusta dedicarle de mi tiempo. Escuchar su voz casi indetenible Preguntando: ¿Tienes hambre? ¿Quieres algo? ¿Te hago chocolate? ¿Mi cena está ahí, puedes comer?

Me gusta abrazarla, aunque ella es demasiado eléctrica para quedarse un rato en un solo lugar y, el abrazo se termina antes de lo que quisiera poniéndose en camino para hacer la siguiente tarea.

He aprendido tanto de ella, de sus aciertos, de sus errores… de sus virtudes. Sigue orando por mí aun cuando sabe que, ni por mí mismo digo plegarias.

Es el amor de mi vida, por lo que ha sido, por lo que es. Te amo.

Le doy gracias a la vida por ser tu hijo, aun cuando no he sido lo que tú esperabas que fuera.

Dedicado a mi madre.

Juana E. De la cruz.

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