19 Lunares

La dosis perfecta de motivación llevaba su nombre.

La espera, un poco de vino barato, un trago; sonrisas, la puerta…su ausencia.

No me dio tiempo a girar cuando su pelo caía cerca de mis hombros. Me sonrió y, amable; saludó.

Su mirada, su índice en la nariz cuando reía… su abrir y cerrar de ojos.

¿Alguna vez has sentido a alguien sin tocarlo?

Como si sintieras sus dedos en tu barbilla y, sin hacer esfuerzo alguno, te halara hacia sí.

“Un poco de alcohol quizás me ayude a controlar mis ganas…” Eso no fue una buena idea.

La música se le metía por la espina dorsal; desde el coxis llegaba a su médula y provocaba, en su cabello; ondulantes movimientos psicodelicos.

Se perdió por un momento, cerró los ojos y, como si hiciera el amor con la guitarra en “A contra luz”; dejo caer suavemente su cuerpo en la silla del bar, deslizando su espalda como si los tonos de la canción hicieran vibrar su físico desde el interior… sonreía como quien encuentra felicidad.

Maldición mía que mi mente no dejara pasar detalles.

Existen tantas cosas que decir en la distancia que existe entre dos mentes que no dejan de mirarse, entre dos cuerpos de polos opuestos, entre dos almas que desean romper; al menos, una ley de la física y hacerse una; aunque sea solo un instante.

Pues, quizás no nos conozcamos lo suficiente, pero, de lo poco que sé; es que una forma en que nos comunicamos es a ritmo de bachata. Sus manos frágiles que me agarran fuerte, que tocan mi espalda y en cada giro me aprietan hacia su centro.

El olor de su pelo, su sonrisa tras la mía, en asincrónica perfección.  Sus movimientos mimetizando el viento y sus dedos ardiendo como fuego en mi cuello. Con ritmo tropical sus caderas se balanceaban armónicas, terminando; exactamente cada cuatro tiempos, sus piernas entre las mías, para inmediatamente movernos a la par, como cardumen emigrante.

Era la forma más fácil de hacerle saber las ganas que me provoca contar todos sus lunares. “Tiene 19 lunares en el camino de su boca hasta su cintura.”

Sus benditos labios, que suele morder cada cierto periodo de tiempo, creando una tortura a mis pensamientos. “Es un maldito poema verte ser…” Le dije.

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A penas comenzaba el día cuando una sombra tenue nos arropo, nos vimos cara a cara menos de un segundo, eso bastó para que el tiempo se detuviera y hacer de aquel momento el más largo de toda la noche. Una noche sin luna, su rostro de sol… en sus pupilas una llama.

Aun no sé si fui yo quien la beso o si ella me atrajo psíquicamente hacia su boca. Tan ligero fue al tocarnos que mi mente emblanqueció; tan fuerte fue al sentirnos que mis manos trataban de fusionarse a su espalda.

Su lengua, mis latidos.

Su olor, mis suspiros.

Su hircismo, mis caricias.

Su adiós, mi “Hasta pronto”

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Sin Situlo

No, ella no es mi novia.

¿Amantes? ¿Nos pueden llamar así si cogemos aunque yo no tenga pareja?

No sé si tiene pareja, y no me importa, si no me lo ha dicho es porque no le interesa que lo sepa, además de que nunca le he preguntado, y no creo que lo haga tampoco.

¿Qué somos? ¿Tienen alguna necesidad psicológica de ponerle nombre a todo?

 

No sé si es mi alma gemela o si tiene en su dedo, el otro extremo del hilo amarrado a mi meñique. No sé lo que somos, ni me interesa.

 

Es más, llámenlo como quieran.

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Lo que sí sé, es que cuando me besa se siente como si de mi lengua dependiera el oxígeno que su cuerpo necesita. De lo que estoy seguro es, que sus ojos me miran con una lujuria, tan ardiente como gigante roja.

Es directa como cañón de alto calibre, casi siempre da en el blanco; y, si no atina a mi diana, entonces le disparo yo, hasta terminar entre sus labios en un intercambio de disparos.

La conocí después de besarla. Luego de que sus dientes mordieran mi lengua y; a obscuras, sus manos conocían la estructura de mi espalda, no tuvimos tiempo de hablar, o de llegar a un acuerdo, firmamos de mutuo consentimiento la oportunidad que nos había tocado. Yo firme al tocar sus nalgas, ella cuando subió a mis caderas.

Se hizo mi aprendiz al desnudo, y con húmedos argumentos me convenció de ser su maestro. Sin miedo, sin vergüenzas nos entregamos a las tentaciones de la carne; ya no temo al infierno, tiene cielo entre sus piernas.

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Y no, no tiene nombré, ni etiquetas… no declaramos las caricias que nos dimos, ni pusimos una regla o limite cuando ella me llamo “perro” y yo le dije “puta”. No nos ofendimos, ni cuando ella mordió; sin previo aviso mis nalgas o cuando sin aviso previo hale con fuerza sus cabellos.

No nombramos el sudor de nuestros cuerpos, ni le puse algún apodo al arañazo que me hizo en las costillas… Y es que si designo un nombre a lo que hacemos se volverá objetivo, en cambio; si queda innombrado, sin protocolo, sin formalismo… se queda más cercano a lo abstracto más etéreo. Surreal.

Si he de reconocerlo de alguna manera, lo nuestro seria compartirnos, disfrutarnos, cogernos; matarnos y vivirnos. Un complejo ir y venir.

Y así lo vamos a dejar, hasta que ella se canse de pedirme más, o hasta que yo me harte de tener ya menos.

 

Gratitud a Carolin Rosario (Mi Princesa Rebelde) Por inspirar este escrito.

Almazul

Tus talones casi podían tocar al unísono las esquinas opuestas al sur de mi cama.

Como nadador implacable que siente que llega al extremo en la vuelta final, tome tus tobillos como si de ellos dependiera el no hundirme en aguas profundas.

Sentí el estremecer desmesurado de tus piernas, tus pies en punta me dejaron ver el rubí de tus uñas. Imagino que adrede lo hiciste, parecían los pies recién hechos para una sirena que vendió sus pecados a cambio de ellos.

Sabes muy bien que no es mi color preferido, pero sabes mejor que nadie como me encanta verlo cuando acompaña tu carne.

Besos de pulgar, besos que iban cuesta arriba. Besos de talones rojos por la fuerza que impusieron mis manos. Besos de pantorrillas fuertes, quizás por estirar al contacto de mis labios.

En cada beso, dedos suben a través de tus muslos; piel erizada, respiración profunda. Mis manos en tus rodillas hacen eco en tu mente adelantándose a los hechos.

Tu epidermis suave, mis manos resbalan sobre ella como hielo ardiente… el calor aumenta mientras se acercan a tu vértice. Interiores color escarlata; Hija de p…

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Rojo en mis mejillas, mis manos en tu cintura tratan de controlar tu pelvis que, como fiera enjaulada buscan salir a la fuerza, pero no aun… en este punto no sé quién es la presa.

Brusco, y con cuidado; busco el olor de tu venus, inhalo tu ombligo y en un tour con mi barbilla entre tu abdomen; tropiezo… Benditos senos, cubiertos de tela roja, un carmesí que no impiden la visión pero si limitan el tacto.

¿Estas sudando? Una sonrisa leve se refleja en tus labios por debajo de la tela que cubre tus fauces…

Sentarme encima de ti es como ir en una nube cálida directo a los infiernos, siento tus piernas queriendo asfixiar las mías, desesperadas por unirse hasta convertirse en nada más que un par.

Es tan fácil de romper esta tela de tus pechos, y en medio de ellos, acaricio con mis labios el surco que me lleva directo a la regazo de tu cuello… puedo sentir los dedos de tus pies tensos, la humedad de tu pelvis, el olor de tus poros.

Beso a beso por tu garganta estirada, así como queriendo que la arranque de un tirón; muerdes la tela de tu boca. -Te la voy a quitar, pero tendré cuidado… Labios color sangre. Cierro mis parpados y trato de recrear toda la aventura que mis sentidos han tenido en ti.

Tus manos le hacen fuerza a la camiseta que aprieta tus muñecas. -¡Basta! Dices. -¡Hazlo!

Ojos de fuego, tu voz jadeante… Rompo las cortinas de tu altar y más despacio que el tiempo que duraste en tomar el aire del primer suspiro, entré en tus cielos. Y se deshicieron las nubes, y las auroras dejaron de ser luz.

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Tus dientes trataban de comer tus labios sin éxito y, tus manos; tus manos atadas eran más fuertes de lo que creí y no las vi llegar a mi pecho. Manos con uñas feroces, uñas en rojo vino arañando mi pecho.

Y entre respiros te bese, y entre gemidos me besaste… y el color de tus labios desaparecía, y el calor de mi cuerpo te cubría.

Entre la caída de tus fuerzas me abrigue para, con mi último suspiro; abordar tus barcos y hacerme con tu ciudad, pero era Pompeya y un volcán arrasó mis cimientos, lava envuelta en un abrazo y un orgasmo, en un mordisco de tus dientes… y de mis labios un te amo.

Tus ojos dilatados frente a los míos; cansados, que ya no recuerdo hacia donde miraban… si al rojo que vestía tu cuerpo…o el azul que manaba tu alma.

Sexo Sentido

El tiempo se ha encargado de desgastar mi vista, quizás no pueda verte bien a una distancia considerable, tu elijes si te acercas más o si me pongo anteojos.

Mis oídos no son igual que hace unos años, la música en alto volumen con audífonos herméticos ha causado que mi audición vaya lentamente desvaneciendose, si deseas puedes hablar más fuerte para que pueda escucharte o puedes acercar tus labios y decirme lo que desees.

No importa nuestra condición, todo dependerá de tu punto de vista, del como haces las cosas y por qué.

Mientras decides lo anterior notarás que mis otros sentidos se han agudizado.

Se cuando eres tú sin siquiera verte, tu olor está impregnado en mi memoria y mi olfato canino te rastrea.

Conozco cada una de tus curvas, desde las que están en tu sonrisa, tus hombros y tus caderas, mi tacto desarrollo sensibilidad a tu piel, una dermafilia que suele agravarse cuando el tiempo pasa sin tocarte.

Sin embargo no hay nada en este mundo tan adictivo como tus besos. El Maná que reposa en tus labios y la suave textura de tu lengua hace que mi paladar alborote mis nervios y que todos mis sentidos, incluyendo los que ya no sienten tanto, se estremezcan y puedan volverse uno.

Aquí estoy, soy tuyo por completo, con mis virtudes y desaciertos, será tu decisión quedarte conmigo pero no puedes controlar  lo que sientes por mi.

Reina de Picas

 

geni editada

Cautivadora y seductora con serias ventajas intelectuales, visualmente adictiva, y virtudes inimaginables.

Una reina que en mi mente es diferente a las normales. Una diosa que en glamour es como una flor salvaje.

¿Donde más habrá una igual? eso no existe. ¿Cómo podría yo con dios hablar, para preguntarle cómo la hiciste?

Estoy seguro que de los arboles saco su fuerza, de los mares su grandeza, con hilos de viento hizo sus cabellos y sus ojos expresivos, del espacio algún lucero.

Es que es bendita entre todas las mujeres y hechiza su mirada como amor de adolescentes.

Temo deslumbrarme si la veo, ruego que de sus labios salga cielo, pedacitos de astros en cada letra y en cada verso, que su voz sea tan apacible como el aire en mes de enero.

Piernas esbeltas y limpias como la seda, ni el mármol ni el marfil son tan suaves como aquellas.

Como violín es su cadera, y toca notas al moverlas, es su caminar un compás, orgía sonora entre blancas y negras.

Me conformo con verla pero ya no aguantare. Necesitó conocerla para confirmar lo que pensé, que es una gran reina que de una estrella vino aquí y que es tan diferente que no es de corazones, es reina de PI♠

Foto: Génesis Ruiz