Necesaria Esclavitud

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En aquella plaza, entre la muchedumbre, en la esquina entre el yugo y la esclavitud necesaria, trabaja sin parar aquel que ha tocado mas pies que nadie.

Con la cabeza mirando el suelo y el polvo que les dan forma a sus clientes, espera a que algún calzado sucio pise su caja.

Decenas de personas lo hacen, algunos a crédito por la longevidad y repetición que se han visto. Ya conoce sus mañas, sus caprichos.

Al señor del saco no le gusta que le toquen los tobillos, si no, no da propina. El señor de la tienda de tattoos no los brilla, para ser símil con los gris de su vestimenta.

Con cadenas invisibles que lo amarran a aquella caja llena de trapos, aquella que no lo deja vivir, ve a los demás viviendo, comparten con amigos, sonríen por que cambiaron de trabajo, porque lo dejaron, por que se graduaron…y el, allí.

A veces mira la cara de las personas a quienes sirve, los ve hablando por teléfono tan apurados, tratando de comerse el mundo sin percatarse de las cosas pequeñas que, como las células, dan forma a las cosas grandes. Los mira y piensa: “Daria lo que no tengo por ser libre como ellos”

Quizás no sepa que solo entraría a otra jaula más grande, pero se conformaría con eso. Con más opciones, con mas decisiones que tomar, es mejor que tomar aquella caja cada madrugada y esperar que el polvo haga el trabajo sucio para que las personas piensen en limpiar los zapatos.

De seguro, si tuviese aquella vida después de esta, no perdería tanto tiempo limpiándose el calzado.

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