Ellos y nadie más

Parte 4

Era uno de esos días donde el sol sonríe. Ese día no hacía calor, la luz se posaba tenue y plácida en los hombros de los transeúntes, dándoles un abrazo acogedor. Era una de esas tardes donde sientes que algo bueno pasará, donde te quedas mirando fijo hacia ninguna parte y sonríes; una de esas tardes en que hay una energía que sale de tus poros y te hace ir adelante.

ShirtPantalón, zapatos grises, una camisa de mangas largas. Peinó su rizado cabello, arregló su barba, echó fragancia en su cuerpo y se miró en el espejo.

– ¿Por qué rayos siempre termino vestido como oficinista? _ Pensó, y sonrió por su falta de conocimiento de la moda.

En una habitación de paredes azules, al otro lado de la ciudad, un labial color granate se deslizaba por sus pronunciados labios. Ella, que no solía maquillarse, apenas se había puesto polvo y un poco de sombras. La sencillez era parte de su esencia.

Un vestido de coctel que no alcanzaba sus rodillas, dejando al descubierto sus esbeltas y hermosas piernas. Zapatos negros de tacón fino; quiso ponérselos, aunque no tenía por costumbre usarlos con frecuencia, deseaba verse atractiva, quería que él la deseara.

En las calles de aquella ciudad con aires coloniales, la gente caminaba sin prestar atención a los detalles. Distraídos en sus menesteres, pocos disfrutaban de las energías que produce la caída del sol entre las tejas de las casas.

WhiskyÉl llego 20 minutos antes de la hora acordada, fue al bar que acostumbraba y pidió un trago de whiskey. Habló un rato con el cantinero, le contó un chiste y salió del bar. Justamente al mirar al otro lado de la calle, de un taxi salía ella. A pocos metros de distancia, en la misma calle donde se vieron en días pasados, estaban mirándose a los ojos fijamente como quien trata de encontrarle fin al horizonte. Caminaron hacia el centro de la calle hasta encontrarse. Ella, mirada de águila, cerró los ojos para disfrutar el aire mientras volaba. Él, como cazador furtivo, disparó el primer beso para hacer caer a su presa desde lo alto hasta sus labios.

– Holis. _ Dijo ella sonriente, y preguntó: – ¿A dónde vamos?

dress2Él la tomo de la mano, dio media vuelta y caminaron. La gente, a penas se dio cuenta de que ellos existían de aquella forma; y ellos, apenas sabían que había mas personas en aquel parque.

Conversaron pobremente mientras caminaban; solo sonreían y se miraban, pareciera que guardaban todo lo que se querían decir o hacer, para cuando estuviesen uno en frente del otro.

Pronto llegaron a un lugar extravagante. Era lúgubre, pero con un aire de nobleza. Había una mesa reservada para ellos con una botella de vino rosa.

– ¿Sabes que solo puedo beberme unas copas? _ Dijo a modo de broma, recordando lo borracha que estaba la ultima vez que se vieron.

– Lo sé. Acordé con la mesera que solo nos tomaremos la mitad. _ Tomó una silla y se la ofreció para que ella se sentara.

El lugar y sus bombillas de tenues luces amarillas. Lámparas con estilo inglés, jazz en vivo y sus asientos cubiertos de terciopelo, llevaron a sus mentes a sentirse lejanamente en los años 20.

baile2Hacía años que no hablaban estando tan cerca, que no sonreían al tiempo, que no se tomaban de las manos. Aunque ambos sabían que todo aquello era temporal, aun cuando en sus mentes estaba claro que, si bien juntos eran magia, el espectáculo acabaría; se disfrutaban como si la luna se hubiese detenido y les dejara vivir eternamente aquellos sentimientos.

Una canción conocida para él comenzó a sonar. La voz de Ella Fitzgerald y el saxo de Armstrong le trajeron un deseo de disfrutar la pieza al son de sus pies.

– ¿Me concedes un baile? _ Dijo, extendiendo la mano hacia su contraparte.

La joven se ruborizo y puso ambas manos en sus cachetes.

– Pero si no se bailar esto. _ Susurró.

– Vamos, yo te llevo.

Baile4Ella se levantó y se puso justo frente a él, quien tomó sus manos, una por encima de su hombro y la otra al aire, y comenzó a moverse con ella hacia ambos lados al ritmo de un-dos. El calor de sus cuerpos ardía por encima de sus ropas. El olor de ambos se entrecruzaba en cada vuelta que daban. Entre la música y el baile se entrelazo un beso perdido.

La luz, sus miradas, la lámpara, la música… Ella, rojo mate en los labios. Él, olor a hierba mojada en la lluvia. Se habían unido, y fundido el aire que entre ambos se desplazaba. La gente de aquel lugar desapareció por completo, fueron desacelerando el ritmo y compás y, sin darse cuenta, estaban solo parados allí, sin moverse.

– Quiero que me hagas el amor. _ Su mirada había cambiado, la niña bonita del vestido de coctel ahora tenía ojos de ave rapaz.

Sin decir nada, él tomó la botella de vino, dejó el dinero en la mesa y salió con ella de la mano. Se detuvo repentinamente antes de salir al notar que había empezado a llover, entonces ella tomó el mando de aquella nave que no se decidía a zapar, elevó anclas y abrió las velas para aprovechar el viento del deseo que la empujaba desde proa. Apretó sus manos y salió, él no pudo más que seguirla. La noche, la luna, la lluvia y él, no sabían a donde iba aquella mujer de pasos firmes.

Caminaron unas cuadras y entraron a un hotel para él, desconocido. Tenia un gran lobby y unas escaleras al fondo de este. Rodeado de columnas dóricas con detalles muy barrocos, parecía mimetizar un coliseo de batalla.

pensarte 3

Subieron las escaleras y una gran puerta doble de madera los esperaba. Ella abrió, él empujó y la luz de la luna descanso sobre el pasillo de una bonita y gran habitación.

Cerraron las puertas y, sin mediar palabras se besaron; tan despacio como si entendieran que nadie los esperaba. Se besaron tan profundamente que el tiempo se sintió ignorado y comprendió la relatividad de su existencia. Sus labios se disfrutaron como baño de aguas termales, el calor de su aliento hizo tormentas en sus bocas y el estruendo de sus lenguas empezó a dejarlos náufragos en un éxtasis vicioso.

Lo abrazó y su mano llego a tocar su cuello. Él por su lado, canino después de todo, la tomó de la pierna y, por debajo del vestido, apretaba sus muslos como si de eso dependiera no caer al precipicio. Ella aceleró sus besos y él puso fuerza a los suyos.

Se separó de su verdugo, se arregló el vestido y se sentó en la cama para quitarse los tacones.

tacones 4-– No te los quites. _ Le dijo, al momento justo cuando ella tenía la punta del taco en los dedos.

– ¿Es algún fetiche nuevo? _ Preguntó coqueta, con una sonrisa casi imperceptible.

– Por ahora mi fetiche eres tú. _ Le dijo mientras tomaba su vestido y, con un movimiento suave lo quitó de su cuerpo para darse cuenta de que, además de los zapatos color negro, lo único que llevaba puesto eran unas prendas color carmín.

Quedó atónito ante tan majestuosa belleza. Parada frente a él, desnuda y con tacones, había una mujer de rostro de niña, mirada coqueta y piel de ámbar, quien, con firmeza posó su pierna derecha en el colchón mientras él aún estaba parado frente a ella, y dijo:

– Si soy tu fetiche, entonces eres libre de saciarlos.

Terminando de escuchar aquella invitación al pecado, se quitó la camisa y desabrochó la correa mientras caminaba hacia ella con intensidad y pasión. Ella le ayudó a despojarse de sus telas, aun con una pierna encima de la cama, lo que dejó a la intemperie sus muslos; la tomó y, levantándola, la llevó hasta la pared en una lucha para ver quien conquistaba primero la boca del otro. Ella lo abrazaba con fuerza entretejiendo sus pies en la espalda de su atacante. Este, la levantó un poco más y quedo frente a frente con sus pechos, los besó con precisión de asesino mientras tomaba el otro como rehén en espera de ser ejecutado.

En la paredElla, con sus brazos, lo apretaba hacia su pecho mientras disfrutaba de sus manos y sus labios, que comían su pecho como bestia hambrienta. Sintió un brusco movimiento y, sin saber como, se estrelló contra la cama quedando indefensa ante la sed de carne de aquel lobo indómito.

Entonces se sintió un momento de calma. Aquella calma que se siente en el ojo de un huracán, una tranquilidad impaciente de saber que viene una tempestad aún peor. A piernas abiertas, sin fuerzas para hacer más que sentir unos labios deslizándose desde su ombligo hasta sus senos.

Arañar

Las manos fuertes de aquel hombre la tenían atrapada de ambos lados de su cintura mientras él, seguía rasgando todo a su paso hasta desembocar en su cuello. Ella, con sus uñas afiladas, intentaba, a duras penas; defenderse clavándolas en la espalda desnuda de la bestia, que sin pausa seguía besando, lamiendo y mordiendo su carne.

– ¡Espera! _ Dijo sin fuerzas. Se soltó de los brazos del animal y, a cuatro patas se dispuso a huir para hacer su movida, pero él fue más rápido.

Dedo labiosLa tomó las piernas mientras ella, boca abajo, soltó un chillido ahogado al sentir un cálido toque en medio de su fuente. Intento cerrar las piernas en un reflejo involuntario, pero fue tomada por los muslos y levantada hasta quedar como felina estirada.

Él, que ha perdido en parte la razón, se esmeró en beber de su caudal con sed desmedida.

Cuando todo se había calmado de nuevo, sujetó las bragas y las quitó de ella, dejando expuesto su sexo. Con sus manos en la cima de las nalgas de ella, prosiguió su cometido con más paciencia.

Ella, había caído presa de una bestia de la cual ya no quería escapar. Acomodó su cuerpo y con los dedos en la boca, los mordisqueaba entre gemidos. Una de sus manos se deslizo hasta su templo haciendo saber que se acercaba el clímax. Con suspiros ahogados y palabras entrecortadas exclamo, con un grito; que había llegado a la isla del tesoro en un barco a la deriva.

Agotada por el viaje, se dejó caer a peso muerto en la cama. Como gacela herida, aun respiraba cansada. Él, aprovecho este momento para completar su propia desnudez, al quitarse las medias, protegió su arma antes del ataque, la agarró por las caderas y la arrastro hacia sí. Tarde se dio cuenta de que había caído en la trampa. Bajó la guardia y, en un vuelco enredado; ella estaba encima con una sonrisa llameante.

– Quiero mas de ti. _ Le susurró aun sin poder respirar a sus anchas.

Encima

Sin dejarlo decir una palabra, tomó el arma de aquel caballero y, como si se tratase de un Harakiri, se estocó así misma sin temor. La mujer que yacía indefensa en la cama, la que trataba de huir, aquella que había perdido las fuerzas; como el fénix, había renacido y ahora quemaba el sexo del que se creía cazador.

Sus caderas abrasaban el miembro del joven que, veía estremecido; como una fiera agarrada a su pecho emanaba alaridos de placer al ritmo del movimiento. El vaivén de su pelvis, el baile de la lujuria que ella danzaba le llevaba hasta lo alto de un cerro, sentía que caía al vacío y volvía a subir.  Ella era quien tenia el control, quien comandaba los deseos que lo hacían hervir.

Como ave que se lanza para tomar su presa, ella se recostó en su pecho, mordiendolo sin misericordia, sin que cesara su baile infernal, lo miro a los ojos y ambos sintieron como se fundían en deseo con un beso. Aquel beso fue el testigo del averno en el que se había convertido aquella habitación. Ya no era ella, ya no era él… Eran ellos, su sudor, el olor de su pasión, el sabor de su piel. Eran uno. El la abrazó, tan fuerte que delató sus últimos pasos para ser lanzado del barranco sin regreso, directo al orgasmo.

Entre caricias, besos, mordidas y arañazos, se amaron, se quisieron, se cogieron, se quemaron. Cada una de sus células habían sentido como dos cuerpos se fundieron.

Y allí estaban, con la cabeza en su pecho. Con las manos en sus nalgas, con las piernas entrecruzadas. Habían entrado dos personas, y en ese preciso momento, solo quedaba la tercera persona del plural.

Esta vez, quien se levantó tarde fue ella. Había quedado exhausta al parecer, y no se percató que ya era de mañana. Miró a su lado y, como temía; no había nadie. De inmediato notó que no tenia los tacones puestos y que había desayuno en la mesa de noche, donde, debajo de la taza con chocolate, había una nota.

Abrazados en al ducha

La tomó, y su rostro hizo una mueca entre una sonrisa y un dejo tristeza. Dejó el papel en la bandeja y buscó su ropa interior. Tomó su vestido y en su mente solo rondaba un pensamiento: “Debes irte” sin embargo, la curiosidad es más fuerte.

– Podría leer la nota y hacer como si nunca la leí. _ Se dijo.

Posó el vestido en la cama, se sentó al lado de la bandeja, tomó el pedazo de papel y lo abrió rápidamente:

“Me encantó, te veo en el jacuzzy cuando despiertes, aun es temprano, podemos disfrutar un rato más”

– Idiota. _ Al decir esto, sonrió, se quitó la ropa interior y fue a darse un baño.

Allí estaba él, lavándose el cabello.

– ¿Entonces soy un idiota? _ Dijo burlándose.

– Cállate.

Lo abrazó mientras él cerraba la puerta de la bañera.

Memorias

– Es una chica linda.

Así la describieron la primera vez que me hablaron de ella. Y no fue exagerando, ella era linda.

No. Ella era extrañamente bonita.

Piel canela, cachetes colorados y una hermosa sonrisa de la que salió un alegre “Hola”

Era de esas personas que conoces y no imaginas que serán si quiera amigos.

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Recuerdo que una noche bailamos. Varias veces bailamos. Un ceñido vestido cubría su tersa piel hasta unas cuantas pulgadas encima de sus rodillas, dejando al descubierto unas hermosas piernas que, a ritmo de merengue se movían, a veces sin ritmo a causa del alcohol.

En cada giro, su cabello lanzaba esporas perfumadas en mi rostro. Aquel olor hacía más cómodo bailar, rompiendo las leyes físicas del espacio.

Recuerdo que un día comimos. Tiene el don de comer y no perder la figura. Sonreía y suspiraba con cada bocado. Tiene el candor de una frágil rosa, de esas que, aun en otoño, luchan para no dejar sus pétalos caer y prefieren congelarse en invierno. Entonces sonrió al verme mirándola:

– ¿Que? Tengo hambre.

Me replicó. Lo que a su vez me hizo sonreír.

Su sonrisa podría partir en dos un arcoíris y tomar su lugar. Y su tierno mirar sosegar a la bestia menos dócil.

Recuerdo que una noche cogimos. Quizás no fue el mejor momento, quizás no fue la vida correcta… pero pasó. La tomé de las manos y, como si pidiera permiso para besarla, me acerque tímido. Sentí su sonrisa frente a mis labios y su lengua, amable, me recibió como si su boca fuera mi hogar.

Un beso de esos lentos, de esos que duran unos segundos, tiempo suficiente para que haya aparecido un sentimiento extraño… como si nos hubiésemos conocido de antes.

Sus pechos, los más hermosos que había visto en mi vida, firmes en mis manos y suaves al tacto como nubo frente al aire; orgullosos, cortaron las distancias que separaban su calor de mis ganas. Las ganas de conocer su sabor, el sudor de sus piernas, la esencia que de su piel emanaba.

Al bajar de sus altas montañas por el sendero de su abdomen; por donde agua dulce fluía, llegué exhausto a su valle. Con sed tomé del agua de su arrollo y las ondas removían sus orillas.

Al verla allí, con los ojos cerrados; al contrario que sus piernas, sonreí. Como cuando en un sueño estas volando a tu antojo y sientes como tu cuerpo disfruta cada centímetro del viaje hacia el espacio… Así sintió mi cuerpo nadar en sus adentros.

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Entonces sentí aquello, aquel “Clic” que hacen las mentes que, posiblemente, se hayan conocido en otras vidas. Aquella sensación extraña de haber viajado a ese lugar que no conocías, de haber hecho antes, aquello que empezabas a realizar; ese sentimiento de que, esta idea que acabas de tener podría ser un recuerdo.

No podría olvidar que una vez lloramos. Luego de un lindo día caminando en un feo sitio de la ciudad. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus pupilas reflejaban impotencia. Allí pude ver su lado quebradizo, allí se rompió por el simple hecho de pensar  que los demás pensaban de ella, lo que en verdad no era. La abracé un momento y traté de hacerla entender que no debía dejar que otra persona la dañara, aun cuando ella la quisiera.

No recuerdo cuando nació nuestra amistad. Si fue mientras bailamos, o cuando comimos juntos. No recuerdo si fue mientras cogimos o cuando sus ojos empaparon mis hombros. De verdad que no recuerdo… Una amistad extraña para nosotros que, de habernos encontrado en otra vida, en otras circunstancias, con otra realidad; quizás aún estuviésemos viajando, yo en sus adentros y ella en mis pensamientos.

 

Fotografía: Ramón Guerrero
Modelo: Cora Gonzalez

Búsqueda Inconsciente

La naturaleza humana nos hace querer buscar alguien con quien compartir nuestra existencia.

Casi nos obliga, de forma inconsciente, a tratar de conectar con alguien. Vamos de la casa al trabajo pensando, muchas veces, si encontraremos a esa persona este día o pensando en alguien a quien ya encontramos; este o no con nosotros.

Cada uno de nosotros, gracias a la diversidad, busca a su manera y busca cualidades diferentes. Mientras muchos buscan el amor de sus vidas, otros buscan el amor de una noche, sin embargo… nunca se sabe que te vas a encontrar.

Pareja JugandoLa gente lucha en contra de la soledad, al menos la mayoría. Buscamos miradas que son directas, sonrisas devueltas, coqueteos correspondidos o, un roce de manos en el que se crucen los meñiques.

Claro está que, para que la búsqueda sea más fácil, la gente tiene preferencias y cánones. Normalmente se enfocan en encontrar personas con un fenotipo agradable para sí o para una mayoría.

Pero ¿Qué es lo que en realidad importa? ¿Buscar a alguien para matar la soledad o encontrar un ser que nos haga compañía? ¿Es lo mismo?

¿Que nos hace sentir solos? Quizás nos hemos preguntado esto en algún momento. Es posible que la incapacidad de compartir con alguien mis intimidades, miedos, cualidades y des virtudes, sea la causante de ese sentimiento.

KissCreo que a veces el problema es que buscamos a alguien, pero con el plan incorrecto:

Buscamos alguien que nos escuche, pero no ponemos atención a lo que dice.

Buscamos alguien que nos ame sin tapujos, pero nos da miedo entregarnos por completo.

Deberíamos buscar alguien con el que disfrutemos, más que el hecho de que hizo el café, amemos compartir aquel momento agradable sentados en la mesa.

Deberíamos buscar a esa persona que, aunque no les gusten nuestros chistes, los escuche y sonría por lo idiota que somos.

Esa persona a la que nuestra seriedad o informalidad le parezcan interesantes. Con quien crear lenguajes propios, señales privadas; quien te invente nombres.

Pareja compañia

Jugar a las almohadas, quien te agarra la nariz y corre porque sabe que odias que lo hagan; quien cree en ti y en lo que deseas. Alguien que se apasione por lo que hace y no se detenga hasta conseguir lo que quiere compartiéndolo contigo. Alguien que quiera que estés ahí y por quien te quedarías, aun no te lo pidiera.

Alguien que se quede a escuchar mientras cantas tus canciones favoritas, aquella persona que sonría al verte sonriendo a la luna. Ese desorden que te besa y desapareces. El caos que remueve de ti los frutos y te hace tambalear.

Encuentra a quien te toque y deba secarte. Esa persona que te provoca orgasmos. Busca a ese elemento que falta en tu tabla periódica, aquello que hace real tu alquimia creando del bronce, oro y; que resucite con tu voz en cada gemido.

Si encuentras algún ente de estos vívelo, cuídalo y respétalo. Que importa cuánto dure. No hay personas equivocadas… Hay personas vividas, recuerdos compartidos e historias que contar… o callar.

Encontrar a quien sin decir nada lo es todo.

Combatir a la soledad es una lucha constante, no te rindas. Ese deseo de compartir quienes somos con alguien más está en nuestros genes.

Un consejo:

Sé Tú

Go Ahead

Muchos dicen que la vida es una carrera. De ser así, ¿Cuál sería su razón de ser? ¿Se trata de ganar? ¿Llegar primero? ¿A dónde?

pista

Pues en realidad no tengo ni idea de las respuestas para algunas de estas preguntas, sin embargo, podemos pensar en lo que podemos hacer durante la carrera para poder, al menos, aprovechar el trayecto.

¿DAR SIN ESPERAR A CAMBIO?

No significa que regalemos nuestros ahorros de toda la vida.

¿Qué más se puede dar? Un saludo, una sonrisa, apoyo o motivación.

Las personas que nos rodean, muchas veces están necesitando algunas cosas que, quizás no consigan por sí mismas. Como una palabra de aliento o un beso en la frente.

Si al dar estas cosas nos empeñamos en querer que nos sean devueltas, mejor no las demos. Te aseguro que, quien las recibió y las valoro, nos las dará sin pensarlo dos veces cuando seamos nosotros los que las necesitemos; si no es así, la misma naturaleza hará que esas personas se alejen de ti.

Siempre tengamos un abrazo de cortesía, este es el mejor negocio; porque normalmente nos responden al instante con otro, quizás más fuerte.

ENFRENTAR EL MIEDO

Aquellos que no tienen miedo a nada, quizás ya no sean humanos.

Siempre hay algo que nos hace pestañear fuerte, taparnos la cara, gritar por dentro o quedarnos en shock.

El miedo siempre será más fuerte si evitamos mirarlo a la cara, se alimenta de nuestra imaginación… mientras menos sepamos de él, será más poderoso y logrará vencernos. Sin embargo, veras que, al enfrentarlo, muchas veces solo es la sombra de un conejo frente a una lámpara en contra picado.

Enfrentalos uno a uno (nunca intentes un Royal Rumble). Identifica que te está deteniendo para realizar eso que siempre has querido hacer; que no te deja llegar a donde has querido ir. La frustración, el temor al fracaso, el recelo al qué dirán… el miedo está dentro de ti, tú lo haces existir; así que eres quien puede borrarlo.

Si te sientes frustrado por algo que no paso como querías, prepárate de nuevo y dale un segundo round, y si fracasas… pues al menos te hiciste más fuerte, lucha hasta el límite; no te rindas a la primera.

Temerles a cosas que no podemos controlar, como; lo que piensan las personas de nosotros, es tonto; tenemos que aprender a vivir con eso. Lo importante es lo que pensamos de nosotros mismos y que piensan las personas que nos aman… si nos aman de verdad nos dirán en que fallamos, aunque duela.

Enfrenta tu miedo, (a menos que sea miedo a algún animal salvaje, en este caso piénsalo dos veces).

DESAFÍA EL RIESGO

El miedo trata de influir en tus decisiones, pero si tienes la motivación necesaria tomaras la decisión de embarcarte en algo nuevo.

Lo desconocido siempre es un riesgo, pero no te hablo de que pises el acelerador hasta llegar a una velocidad de muerte sin ponerte el cinturón… No. Si temes al riesgo empieza por cosas pequeñas.

Vamos conquistando poco a poco, cima a cima.

Invítalo a salir, que te diga que no es lo peor que puede suceder. Llévala a un viaje sin que sepa dónde van a parar, quizás sea una aventura inolvidable. Bésala, quizás no te equivoques y le gustas también.

Diles que eres gay.

Termina la relación antes de que se hagan más daño.

Dile que la quieres, al fin y al cabo; es imposible que te engañes a ti misma.

Solo debes calcular los daños colaterales (Aunque a veces no da tiempo), recuerda que cada acción que tomas toca a quienes te rodean directa o indirectamente. Si estás dispuesto a pagar las consecuencias, un riesgo te permitirá lanzarte a lo desconocido.

En fin, trata de disfrutar el camino antes de llegar a la meta.

Si esta es una carrera, todos los corredores somos iguales, lo que nos diferencia es la forma en que vemos la pista (Y uno que otro que corren en vía contraria)

En algún lugar del camino sentirás que vas delante y, en otras, seguro te caerás y deberás beber un poco de agua para continuar tu camino, pero nunca te detengas (A menos que alguien se detenga contigo para hacer equipo)

Si en el camino ves a alguien que necesita de tu hombro, acompáñalo unos pasos.

No se las razones por la que hoy estamos aquí, existiendo; pero cosas como: Hacer amigos, amar al prójimo y ser felices, deben estar entre las mas importantes.

“LLEGARA MAS RÁPIDO QUIEN CORRA SOLO, PERO; LLEGARA MAS LEJOS QUIEN CORRA EN EQUIPO”

Almazul

Tus talones casi podían tocar al unísono las esquinas opuestas al sur de mi cama.

Como nadador implacable que siente que llega al extremo en la vuelta final, tome tus tobillos como si de ellos dependiera el no hundirme en aguas profundas.

Sentí el estremecer desmesurado de tus piernas, tus pies en punta me dejaron ver el rubí de tus uñas. Imagino que adrede lo hiciste, parecían los pies recién hechos para una sirena que vendió sus pecados a cambio de ellos.

Sabes muy bien que no es mi color preferido, pero sabes mejor que nadie como me encanta verlo cuando acompaña tu carne.

Besos de pulgar, besos que iban cuesta arriba. Besos de talones rojos por la fuerza que impusieron mis manos. Besos de pantorrillas fuertes, quizás por estirar al contacto de mis labios.

En cada beso, dedos suben a través de tus muslos; piel erizada, respiración profunda. Mis manos en tus rodillas hacen eco en tu mente adelantándose a los hechos.

Tu epidermis suave, mis manos resbalan sobre ella como hielo ardiente… el calor aumenta mientras se acercan a tu vértice. Interiores color escarlata; Hija de p…

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Rojo en mis mejillas, mis manos en tu cintura tratan de controlar tu pelvis que, como fiera enjaulada buscan salir a la fuerza, pero no aun… en este punto no sé quién es la presa.

Brusco, y con cuidado; busco el olor de tu venus, inhalo tu ombligo y en un tour con mi barbilla entre tu abdomen; tropiezo… Benditos senos, cubiertos de tela roja, un carmesí que no impiden la visión pero si limitan el tacto.

¿Estas sudando? Una sonrisa leve se refleja en tus labios por debajo de la tela que cubre tus fauces…

Sentarme encima de ti es como ir en una nube cálida directo a los infiernos, siento tus piernas queriendo asfixiar las mías, desesperadas por unirse hasta convertirse en nada más que un par.

Es tan fácil de romper esta tela de tus pechos, y en medio de ellos, acaricio con mis labios el surco que me lleva directo a la regazo de tu cuello… puedo sentir los dedos de tus pies tensos, la humedad de tu pelvis, el olor de tus poros.

Beso a beso por tu garganta estirada, así como queriendo que la arranque de un tirón; muerdes la tela de tu boca. -Te la voy a quitar, pero tendré cuidado… Labios color sangre. Cierro mis parpados y trato de recrear toda la aventura que mis sentidos han tenido en ti.

Tus manos le hacen fuerza a la camiseta que aprieta tus muñecas. -¡Basta! Dices. -¡Hazlo!

Ojos de fuego, tu voz jadeante… Rompo las cortinas de tu altar y más despacio que el tiempo que duraste en tomar el aire del primer suspiro, entré en tus cielos. Y se deshicieron las nubes, y las auroras dejaron de ser luz.

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Tus dientes trataban de comer tus labios sin éxito y, tus manos; tus manos atadas eran más fuertes de lo que creí y no las vi llegar a mi pecho. Manos con uñas feroces, uñas en rojo vino arañando mi pecho.

Y entre respiros te bese, y entre gemidos me besaste… y el color de tus labios desaparecía, y el calor de mi cuerpo te cubría.

Entre la caída de tus fuerzas me abrigue para, con mi último suspiro; abordar tus barcos y hacerme con tu ciudad, pero era Pompeya y un volcán arrasó mis cimientos, lava envuelta en un abrazo y un orgasmo, en un mordisco de tus dientes… y de mis labios un te amo.

Tus ojos dilatados frente a los míos; cansados, que ya no recuerdo hacia donde miraban… si al rojo que vestía tu cuerpo…o el azul que manaba tu alma.