El crujido de la manzana

¿Sabías que el dios de la muerte solo come manzanas?

Como todas las noches, me quedaba hasta tarde frente al computador buscando el sueño en el cansancio mental que produce la lectura a esas horas. Encontré un libro interesante sobre esoterismo y estaba intentando entender un poco de la mística que se le atañe al Rey Salomón y sus Clavículas.

Siempre he sido creyente en las cosas intangibles, en la vibras y energías que emanan las personas o seres incorpóreos… en las cosas que no se ven.

Una cerveza, una manzana verde y la luz encendida; concentrado en el extraño texto y sus detalles, entonces percibí aquella extraña sensación nuevamente. Alguien me observaba.

No sé si era alguien realmente, o algo… pero creo que no soy el único que lo ha sentido, solo que en mi caso es muy frecuente. A veces no solo eran miradas. De reojo, mis sentidos percibían movimientos de cosas que, al mirar, realmente no estaban. Un trago de cerveza y luego una mordida a la manzana, de la cual, sale un crujido tan divertido y refrescante, me encanta disfrutar de esos detalles y es una de mis frutas favoritas. Me enfoco en mi texto nuevamente:

“…La tradición asegura que el Libro del Altar debe estar compuesto de 5 familias, 5 familias de 72 sellos cada una. Esto compondría un total de 360 sellos, uno para cada día del año, y este sería, según las leyendas, el Nombre de Dios.
72 nombres de Demonios, 72 nombres de Espíritus, 72 nombres de Ángeles, 72 nombres de Arcángeles, y 72 nombres Divinos ...”

Una extraña energía sentí repentinamente. Un escalofrío. Al mirar hacia la puerta, esta estaba abierta. “Seguro que fui yo”, pensé; ya que suelo olvidar con facilidad cosas como esas. Me levanté, me di otro trago de cerveza, cerré la puerta y aproveché para ir al baño.

Debía estar dormido, ya era tarde; estaba cansado y ese libro había logrado su objetivo. A pesar de ser tan interesante, es difícil de entender. Salí del baño, cerré la puerta y tomé la manzana. El sonido de la mordida, esta vez, fue más fuerte; imagino que a las 3:00am es normal que los sonidos se escuchen más.

Antes de sentarme nuevamente, siento que olvidé algo. Me revisé los bolsillos y no encontré mi celular. Aun con la manzana en la mano me devolví hacia el baño, tomé mi celular y me lavé la cara. Me miré en el espejo y me vi cansado y desgastado. “Debo ir a dormir” Me dije. Aunque mi habitación está al lado del baño, tenía que apagar la computadora antes de dormir. Como siempre, dejo las luces encendidas porque a pesar de todo; no me gusta la oscuridad.

Me apresuré a la sala, me di el ultimo trago de cerveza mientras presionaba las opciones para apagar la computadora, pero; aquella extraña sensación de que no estaba solo volvió.

Miré hacia la mesa y, al parecer había dejado la manzana en el baño. “Mierda” pensé, mientras terminaba de cerrar la laptop y desconectar el cable, me acerqué a la nevera y bebí un poco de agua. Estaba listo para conciliar el sueño, hasta que, justamente al momento de apagar los bombillos de la cocina, la manzana crujió por tercera vez… y esta vez, no me pareció divertido.

Brindis.

Por la salud.

Por la familia.

Un brindis por los amigos y por todo lo bueno que nos ha pasado.

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Podemos brindar de tantas formas, detalles; cosas casi nunca dichas porque, quizás, no son tomadas en cuenta al momento de alzar las copas.

Brindar por aquello que nos enseñó, que nos dolió… Aquellos momentos cursis que nos invadieron al ver a quien debilita nuestro orgullo.

Brindar por el miedo que nos dio perder a quien amamos alguna vez y por la fuerza para sobrellevarlo.

Brindemos por los golpes que nos dieron en el alma, aquellos que abusaron de nuestros sentimientos; por la sonrisa que se revela al recordar esos amargos recuerdos.

Vamos a brindar por las personas que nos miran en la calle y sonríen.

Por los que bailan en las aceras y se miran como si no existiera nadie mas.

Brindemos por los que nos abrazan sinceramente.

Brindemos por quien da sin esperar más que un “Gracias”, quien ríe a carcajadas, por aquel que hace el chiste.

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Quiero festejar la vida, el rostro que disfruta la brisa y se deja mojar por la lluvia. Aquellos que, aun después de pisar el charco, pueden divertirse.

Brindemos por el amor, por el sexo; si, dos copas por el sexo, por si acaso les da vergüenza tocarse.

 

Un shot de vodka por quien te ayuda a levantarte.

Un trago de tequila por aquello que te motiva a seguir adelante.

Un vaso de cerveza por aquellos triunfos compartidos.

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Un trago de cleren y sake por esos amores perdidos que aún buscamos, sabiendo que nunca regresarán; aunque a veces podamos tocarlos.

Brindemos por el mar, por el alma blanca que vimos en sus ojos. Brindemos por su inocencia, por la rebeldía de ella… Por la picardía de él.

Por ella que es feliz, aun sin tener pareja. Por el que no quiere hijos, por los que tuvieron 3 y aún son felices.

Celebremos que tuvo el valor de besarla al fin, y una copa porque entregó su cuerpo a la persona que amaba… O a quien le dio la gana.

En nombre de estos versos borrachos bebamos porque los envidiosos encuentren paz, los tóxicos encuentren agua pura y los intolerantes simplemente se desvanezcan.
Brindo por ti, por mí… Por ellos.

Por los que viven y dejan vivir. Por los que cogen y dejan coger…por los que aman y dejan amar.

Y descuida; yo invito la próxima ronda.