Ellos – Resaca al Desnudo

Parte 2

– Casi olvidaba el sabor de tus besos. _ Le dijo mientras lo miraba fijo a los ojos.

– Yo nunca olvidaría los tuyos. _ Sonrió

Tenían meses sin verse y años sin tocarse como en ese momento lo hicieron.

Se conocieron de una forma extraña, casi tanto como se vieron en esas calles solitarias.

Cargada entre sus brazos, ella yacía con ojos cerrados. Él, la miraba mientras subía las escaleras del hermoso hotel vestido de épocas de antaño. La misma habitación de siempre. El mismo lugar a donde solía ir solo, a descansar, a despejar la mente y a buscar ideas, ahora era ocupado por dos personas.

La posó sobre la cama, le desabrochó el brasier y se sentó allí, a mirar la forma en que rebotaba la luz de luna en las ventanas del inutilizable balcón del tercer piso.

I

Se levantó. Se quito la camisa y los zapatos y, de forma imperceptible, ella se había levantado y lo abrazaba desde su espalda hasta tocar su pecho con las manos. Sus manos cálidas y el olor de su piel; con una ligera marca de alcohol, lo hicieron voltear para darse cuenta que ella se había quitado el vestido.

– ¿Qué crees que haces? _ Dijo sonriendo mientras le tapaba el cuerpo con una sábana.

– ¡No me tapes! Estoy lo bastante sobria para saber lo que hago y lo que quiero. _ Al terminar la oración, casi se cae de la cama.

Él, la tomo del brazo para que esta no cayera al suelo.

– Querida. Esta vez, ni yo estoy sobrio.

Con una sonrisa en la cara, él esperaba que ella lo mimetizara… y así fue. Ella sonrió y lo beso como nube contra el viento.

Esos besos con sabor a recuerdo. Besos que traen a la mente historias que nunca pasaron.

6Él la tomo por la cintura y la empujo hacia sí mismo, suavemente, para sentir aquel calor que desprendían sus poros. Los besos se intensificaron, tomando un significado más fuerte. Mordidas, lenguas, saliva y sudor.

Puro frenesí los controlaba. Como si el tiempo que llevaban sin verse acumuló las ganas de sentirse el uno al otro.

No hubo juegos, ni romance… mucho menos compasión. Se despedazaron a caricias. Sin pensarlo, él terminó de desnudarse, ella como respuesta lo tomó del cuello y, acostándose, se posó debajo de él. Un movimiento rápido para acomodarse y hubo unos segundos que parecieron en cámara lenta justo antes de que su sexo se deslizara en sus adentros. 9 centímetros en 3 segundos.

2Ella arqueo la espalda como si desde la cama, las manos de un ángel caído la empujara hacia el cielo. Él comió de sus pechos mientras sus caderas bailaban al son de la lujuria.

Ella, y sus manos agarradas a la espalda de él para no caer.

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Él y sus labios cual lobo matando presa, pegado a su cuello.

Ella y sus pies estirados del placer.

Él y su respiración excitada.

Ella y sus gemidos.

5

Él y sus suspiros.

Ella, en blanco.

Él, muriendo.

Ella… Él

Uno.

El sol parecía mucho más brillante en la mañana. Aprovechó que las cortinas no estaban correctamente colgadas y se coló en la habitación golpeando sus rostro.

Abrió sus ojos lentamente y, cuando su cerebro se encendió, entonces recordó cada sensación que había tenido la noche anterior. Aun podía sentir el palpitar entre sus piernas.

Miró a su lado y no encontró a nadie. Sintió algo de melancolía, pero ya sabía que era una posibilidad.

Entro a la ducha y, con agua caliente, trató de quitarse los pensamientos que le venían a la cabeza y seguir su día sin remordimientos. Salió para vestirse. Escondido en su ropa interior encontró un pedazo de papel.

Lo tomó con dudas, lo leyó, sonrió y, se mordió los labios.

Suspiró.

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Parte 3: Ellos – Divergentes

Parte 4: Ellos y nadie más

Parte 1: Ellos – Borrachos de Coctel

De Pensarte.

Cosquilleos en la yema de mis dedos. Desde los pies hasta la cabeza siento como la piel se me eriza. Las palpitaciones suben a doscientas por minuto y la sangre acelera su recorrido a través de mis venas llegando de pronto a mi cerebelo y, con este impulso, la serotonina fluye y me hace sonreír, mientras la dopamina hace que mi sonrisa sea picardía y que mi mente juegue a que soy adonis y tú, afrodita.

Solo por pensarte.

pensarte 2De pensarte hierbe mi sangre, siento mis células alborotarse… Puedo percibir tu olor en el aire.

El café más amargo me sabe dulce. Dulce de leche y miel que emanan tus labios.

El insomnio es más llevadero, al pensarte es fácil estar despierto, erecto, rígido.

Ternura, lascivia. Cariño, travesura. De pensarte los contrastes se hacen uno, se normaliza la paradoja, el absurdo cobra sentido… la anomalía se vuelve modelo.

Se agudizan mis sentidos. Escucho tus tacones detrás de mí, siento tus manos en mi pecho, siento el aire de tu voz bordeando mis orejas y tus manos sobre mi sexo.

pensarte 4De pensarte sudo. Mis labios son mordidos; por mí, tratando de imaginar que eres tú.

Te veo sentada en mi escritorio, te oigo hablar… Puedo ver tus piernas balancearse de atrás hacia delante. Puedo ver tus ojos, de un negro satinado, brillantes; mirándome coqueta mientras, con una sonrisa malévola, me golpeas el pecho.

De pensarte recuerdo. Mis manos en tu rostro, tu cintura haciendo frontera con mis caderas, tu piel cálida, tus besos infernales con sabor a cielo.

De pensarte le doy la ventaja a los demonios para que me tienten con la seguridad de que voy a caer en el averno. Activas mi pecado capital. Vuelo directo a mis bajos instintos. Me condenas.

pensarte 5El agua sabe a vino, el sonido de la lluvia se vuelve mar y marea. La noche se hace más corta y la luz de luna niquela los charcos de deseo que se desbordan en las fosas de mi lujuria.

De pensarte imagino un sinfín de posibilidades y casi todas terminan dentro de ti… otras fuera, pero siempre en ti. Mis sueños se empapan, mis sabanas te mimetizan y despierto empuñándolas y apretándolas con mis piernas.

De pensarte se desequilibra mi balanza química, haciendo que mis neurotransmisores activen todos mis sentidos hacia el placer, sin embargo, al final; no es más que mi imaginación, la misma que juega a tu favor.

Hasta aquel día en que las sabanas realmente sean tú.

Pensarte 6Hasta el momento en que, aquello que siento recorrer desde mi cuello a mi entrepierna sean verdaderamente tus manos.

Hasta que seas tú quien muerda mis labios para asirte de ellos como si de un barranco se tratase.

Hasta que eso no pase, no me cansare de pensarte… aun si no llega a pasar.