Cruces Olvidadas.

En aquel campo llamado santo por los vivos que esperan la redención de sus seres perdidos, se pueden observar, si se quiere; detalles que ennegrecen los pensamientos.

Hierva mala que trepa por las cruces olvidadas, cruces en las que el tiempo y el descuido ha dejado sin nombres ni epitafio. Flores marchitas que dejan su huella otoñal haciendo saber que ha sido abandonada y que quizás nadie más vuelva a encontrar el lugar de descanso de aquellos huesos inertes.

No cabe en mí pensar que alguien pueda ser olvidado sin más, aunque dejar de visitar una tumba no quiere decir que se borró de la memoria el recuerdo de aquel extinto.

Y es que cada uno pasa por la vida, y esta, solo es un pestañeo. Cada uno vera como la generación venidera los irá reemplazando. Cada niño que nace será un infante, un adolescente, un joven, un adulto y un anciano que hará las cosas que tú no pudiste hacer o quizás cosas que ya tú habrás hecho. Pero es lo más seguro en la vida; moriremos.

Antes de ese día podemos hacer tantas cosas, y es que uno de los objetivos debería ser tratar de no ser olvidados por la gente que conoció tu existencia. Dejar una huella, una marca en aquellos que coincidieron en tu camino mientras sentías.

Creo en el alma y en la energía que nos rodea y que viene de la naturaleza y va de vuelta a ella, esa energía está conectada con cada uno de nosotros.

Por lo tanto, aunque sea cremado, aunque se pierda mi cuerpo exánime o mi cruz sea olvidada y de ella se borre mi nombre, mi alma será feliz porque viviré en los recuerdos de quienes me amaron y de quienes una estela de mi existencia deje plasmada, en sus corazones y en sus pensamientos.