Una vida entre muletas

unavidaentremuletasdemispasionesCon trabajo de más, me quede otro rato en la oficina adelantando lo que estaba atrasado.

Cuando salí a la calle estaba cayendo la tarde y me dedique a caminar despacio.

Al doblar la esquina vi de espaldas a alguien ya conocido, un personaje particular; aquel señor lo veo a diario sentado en una silla en una plaza frente a mi trabajo, lo saludo a diario sin recordar el por qué comencé a saludarlo ni cuál fue la primera vez que nos vimos.

– Sale un poco tarde usted de aquí. Le salude, y una tímida sonrisa salido de su rostro.

– Si, un poco.

– ¿Y aquel muchacho, el de la limpiabotas, como le ha ido luego que le robaran su caja? Pregunte, refiriéndome a un joven haitiano que de vez en cuando desayunaba conmigo o comía.

– Él está mejor. Me contesto en tono apagado. – Está trabajando cerca de la avenida, ahí al menos esta mejor.

Note en su voz que no tenía ganas de hablar y me dedique a acompañar sus silencios.

Estaba imitando sus pasos, los cuales ralentizados por las muletas que le acompañaban y la pierna que lo había abandonado, eran lentos y pausados…

Entonces mire hacia delante y note con detalles como la gente pasaba tan rápido a nuestro lado que solo podía ver su reflejo, gente que camina como que el mundo se les acabara.

Chocaban, algunos, con mi hombro y sin decir perdón o disculpa seguían en su caminar mecánico sin detenerse si quiera a respirar el aire lleno de humo de la capital dominicana.

Y es que los detalles que nos perdemos por la acelerada vida que llevamos, son elementos importantes, tanto como que definen la calidad de nuestra alma.

Mientras caminábamos pregunte donde vivía y como llegaba allí al señor aquel, y sin darnos cuenta estábamos parados justo en la esquina que separaba nuestro caminar.

Saque de mi bolsillo una pequeña cantidad de dinero y bendije su camino para que vaya y volviera al otro día; su cara lo valió todo al momento de decir gracias.

Esas gracias que no damos, esas gracias que no nos ganamos…porque simplemente andamos tan rápido que no entendemos que en el camino podríamos hacer algún bien a alguien, aunque este no nos lo agradezca.

Y es que aquel señor, con su vida entre dos muletas, tal vez era lento, quizá no muy productivo socialmente…pero con el aprendí algo:

“Vivir a prisa, tanto como para perder los detalles importantes de la vida, no es la mejor opción”

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Autor: rguerreroc89

Amante del arte, Poeta, Fotógrafo, Filántropo, Actor y un gran admirador de la mujer y la naturaleza. Art Lover, Poet, Photographer, Philanthropist, Actor and a great admirer of women and nature #OpenMind #Actor #Fotografía #Poesia

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