Self-Love

Esa mañana no se levantó con las mismas energías de siempre.

Despertó y, aún con la vista borrosa, miró el reloj que estaba en la cómoda junto a la cama que marcaba las 5:31 a.m. Se estiró lentamente dejando salir un suspiro al tiempo que se sentaba y quitaba las sabanas de encima.

Se movió al borde de la cama y se estrujó el rostro tratando así de despertarse del todo.

desnuda espejoSe quitó el pijama y quedó desnuda mientras la vestían los rayos de luz que entraban por los pequeños orificios de las ventanas. Caminó hacia el ropero y de camino, su reflejo en el espejo la detuvo. Se posó frente a este y empezó a observar su cuerpo de los pies a la cabeza.

Sus pequeños y anchos dedos, sus piernas de muslos grandes, su trasero con estrías, su cadera con curvas casi imperceptibles, su abdomen con un poco de grasa extra; sus senos, ella los veía cada día más caídos. Cada día le gustaba menos su cuerpo.

Suspiró, tomó la toalla y se dispuso a darse un baño.

Echarse agua en la cabeza a veces sirve para disipar pensamientos negativos. Mientras se masajeaba el cabello con el shampoo sintió que alguien le agarraba uno de sus senos con una mano y le apretaba las nalgas con la otra, mientras se acercaba a su cuello y lo mordía despacio y tiernamente.

Ella sonrió al instante. Sacó la espuma de su pelo y volteó. Allí estaba un hombre mirándola como si estuviese viendo una aurora boreal. La agarró por las caderas y la acercó a él. Era sábado, a él no le tocaba trabajar, pero se levantaba temprano para acosarla antes de que se fuera. Ya sea en el baño, en la cocina, en la sala o en la puerta antes de salir. “Me encanta verte desnuda” solía decirle; ella se sonrojaba y sonreía como tonta preguntándose que le encontraba aquel hombre a su cuerpo tan… común.

tumblr_pl2m6wqfPU1vqscym_540El domingo, como casi todos los domingos, él le preparaba desayuno. El trato era que debía comérselo al desnudo. Un poco de pan, queso, jamón, una manzana y jugo de limón; sin pantis ni sostén. La observaba y le daba besos en los pies, mordiendo de vez en cuando.

En la tarde cocinaban juntos, pero solo se permitía entrar a la cocina en ropa interior. Cocinaban en cueros y piel mientras se comían a besos. A veces se les olvidaba echarle sal al arroz o se les quemaba un poco la carne; pero valía la pena.

Esa noche ella salió al balcón en bata de dormir, a ver el cielo atónita mientras él se daba un baño. Eran las diez de la noche y todos a su alrededor estaban dentro de sus casas, trancados en monotonía y costumbre; siendo felices a medias, y ella aún tenía dudas de sí.

Escuchó pasos detrás y, luego de un silencioso minuto, preguntó por qué a él le gustaba su cuerpo. Mirando al cielo dijo, a modo de broma y con un sabor amargo de su sonrisa fingida: “Mi piel esta flácida, mi trasero tiene marcas y mis senos pronto llegaran a mi ombligo.”

833f65ab124e2ca29f8a41a75c6bdb53Aquel hombre, cuyo rostro siempre estaba risueño, frunció el ceño y quitó la sonrisa de su rostro. Era un hombre de pocas palabras. Decía solo lo necesario a pesar de ser gracioso e hilarante. Caminó hacia la habitación, ella escuchaba como habría las gavetas y el armario. A su regreso, en sus manos traía una cámara y un trípode. Luego de poner todo en su lugar la tomó de la mano dirigiéndola a la sala, le quito el pijama y, encendiendo una lámpara le dijo: “No soy bueno con las palabras, así que te mostraré tu cuerpo desde mi punto de vista”

Después de esa noche, al pasar al lado del espejo y verse desnuda, se ponía las manos en los senos y se miraba las nalgas sonriendo. Se tocaba en el baño o despertaba a su amante con sorpresas bajo las sabanas.

Comenzó a amarse, empezó a gustarse y a sentir que, más importante que la piel; era el amor que se tenían.

A veces hacen el amor mientras miran aquella grabación.

El crujido de la manzana

¿Sabías que el dios de la muerte solo come manzanas?

Como todas las noches, me quedaba hasta tarde frente al computador buscando el sueño en el cansancio mental que produce la lectura a esas horas. Encontré un libro interesante sobre esoterismo y estaba intentando entender un poco de la mística que se le atañe al Rey Salomón y sus Clavículas.

Siempre he sido creyente en las cosas intangibles, en la vibras y energías que emanan las personas o seres incorpóreos… en las cosas que no se ven.

Una cerveza, una manzana verde y la luz encendida; concentrado en el extraño texto y sus detalles, entonces percibí aquella extraña sensación nuevamente. Alguien me observaba.

No sé si era alguien realmente, o algo… pero creo que no soy el único que lo ha sentido, solo que en mi caso es muy frecuente. A veces no solo eran miradas. De reojo, mis sentidos percibían movimientos de cosas que, al mirar, realmente no estaban. Un trago de cerveza y luego una mordida a la manzana, de la cual, sale un crujido tan divertido y refrescante, me encanta disfrutar de esos detalles y es una de mis frutas favoritas. Me enfoco en mi texto nuevamente:

“…La tradición asegura que el Libro del Altar debe estar compuesto de 5 familias, 5 familias de 72 sellos cada una. Esto compondría un total de 360 sellos, uno para cada día del año, y este sería, según las leyendas, el Nombre de Dios.
72 nombres de Demonios, 72 nombres de Espíritus, 72 nombres de Ángeles, 72 nombres de Arcángeles, y 72 nombres Divinos ...”

Una extraña energía sentí repentinamente. Un escalofrío. Al mirar hacia la puerta, esta estaba abierta. “Seguro que fui yo”, pensé; ya que suelo olvidar con facilidad cosas como esas. Me levanté, me di otro trago de cerveza, cerré la puerta y aproveché para ir al baño.

Debía estar dormido, ya era tarde; estaba cansado y ese libro había logrado su objetivo. A pesar de ser tan interesante, es difícil de entender. Salí del baño, cerré la puerta y tomé la manzana. El sonido de la mordida, esta vez, fue más fuerte; imagino que a las 3:00am es normal que los sonidos se escuchen más.

Antes de sentarme nuevamente, siento que olvidé algo. Me revisé los bolsillos y no encontré mi celular. Aun con la manzana en la mano me devolví hacia el baño, tomé mi celular y me lavé la cara. Me miré en el espejo y me vi cansado y desgastado. “Debo ir a dormir” Me dije. Aunque mi habitación está al lado del baño, tenía que apagar la computadora antes de dormir. Como siempre, dejo las luces encendidas porque a pesar de todo; no me gusta la oscuridad.

Me apresuré a la sala, me di el ultimo trago de cerveza mientras presionaba las opciones para apagar la computadora, pero; aquella extraña sensación de que no estaba solo volvió.

Miré hacia la mesa y, al parecer había dejado la manzana en el baño. “Mierda” pensé, mientras terminaba de cerrar la laptop y desconectar el cable, me acerqué a la nevera y bebí un poco de agua. Estaba listo para conciliar el sueño, hasta que, justamente al momento de apagar los bombillos de la cocina, la manzana crujió por tercera vez… y esta vez, no me pareció divertido.

Lo que de ti nos queda.

Luego de una larga jornada de trabajo, en un pueblo del Cibao con un par de cervezas que compartimos en la cima de una presa con una vista maravillosa; me daba consejos sobre las decisiones que yo había tomado. Me decía su punto de vista siempre con su particular forma de expresarse, entre ironía y seriedad, lo que hacía que fuera un momento hilarante.

– ¿Te sientes bien como estas? _ Me preguntó justo antes de darse un largo trago de cerveza.

– Si. Me siento bien. Estoy feliz.

– Entonces disfrútalo y olvídate del mundo. Si mañana no te gusta, entonces cámbialo que eres joven aún.

Sonreí por que era justo como yo pensaba, pero era su manera de decirme que quería verme feliz.

Nos tomamos un par de fotos y, en el camino, mientras me decía que; de no ser porque él me salvó de donde estaba, todavía estuviese “Cogiendo lucha”, recordé que fue una de las primeras personas que me reconoció, que me dio una oportunidad de demostrar que podía ser mejor, que podía llegar mas lejos. Me dio un peldaño y me dejó colocar los otros que faltaban con esfuerzo y dedicación.

Entonces conocí a sus hijos, y me hice parte de ellos.

Allí podía ser yo sin temor, allí hacíamos un trabajo arduo entre risas. peleábamos y nos perdonábamos… luego agradecíamos por haber aprendido algo nuevo. Él nos trató como a sus hijos y, nosotros así nos sentíamos.

Incontables veces nos juntábamos a bailar, a beber y a charlar como locos desenfrenados, con un caos muy particular; y cuando él estaba ahí, sentíamos su respaldo.

Confiaba en nuestras capacidades. Dentro de sus límites nos ofreció las oportunidades para darnos a conocer ante los demás. “Tu imagen es lo que debe hablar primero de ti” siempre me decía ante mi obvia falta del sentido de la moda.

Algo que nunca olvidaré es que, al empezar, o en medio… a veces al terminar la fiesta nos decía:

“Esto es con lo que uno se queda al final, estos momentos con la gente que lo quiere”

Hoy fue uno de los viajes mas largos que he sentido de mi casa al trabajo. La noticia de su partida a sido una estaca inesperada, un golpe de improviso, una bala perdida en medio del pecho. No he querido hablar del tema, me he tragado parte de las lágrimas que pude haber derramado a cantaros; hoy yo solo fui un cuerpo respirando sin motivo.

A quien, con orgullo inmensurable, le llamamos jefe; algunos por más de 10 años; un boomer que no se dejo vencer de la tecnología ni el cambio generacional, un hombre que había mitigado el paso del tiempo y lucia mucho mas joven de lo que era realmente, un amigo que tendía la mano sin esperar nada a cambio, un líder… hoy se fue.

Sus charlas divertidas, sus comentarios afilados, sus reproches por cualquier cosa que terminaban en una risa, su memoria loca que olvidaba y recordaba lo que le daba la gana, sus extraños tics, su rara forma de expresarse que tantas risas nos causaba… Se llevó todo consigo.

Esta mañana mis lentes se empañaron de gotas saladas, mi respiración se agitó un poco y, como tenía que seguir mis labores acostumbradas, respiré profundo y me dispuse a calmar mis ansias. De un momento a otro pensé en todos y cada una de las personas que en ese momento estaban pensando en él y entendí que, en cada uno de nosotros quedo algo de él.

Chistes, historias, hechos, consejos, recuerdos… memorias. Entonces comprendí que decía la verdad cada vez que nos dijo que, al final, eso es lo único que las personas se quedan. Hablaba de nosotros. En cada uno de nosotros hay una parte de su ser.

Lo recordaré así, feliz y bonachón, humilde y elegante, sonriente y libre.

Se que todos tus “Hijos”, familiares y compañeros estarán de acuerdo conmigo cuando digo que fuiste una de las mejores personas que pudieron haber conocido.

Gracias, por confiar en mi antes que yo mismo.

En memoria de Guillermo Odalis Polanco.

Cadenas

De regreso a casa, más temprano que nunca, José miraba anonadado a través de la ventana del auto bus de la compañía para la que había trabajado por 7 largos años; y que hoy, junto con ocho compañeros más, lo había despedido.

Desde que empezó todo esto era lógico pensar que en muchas empresas hoteleras ocurrieran despidos masivos de empleados, pero José nunca se imaginó que fuera uno de los afectados. Se había comprado un vehículo hace poco y tenía dos préstamos en el banco que eran pagados entre su esposa y él.

Ahora, su vida había dado un vuelco en negativo, en todo el camino sacaba cuentas y, lo que el gobierno le iba a dar, no daba más que para las necesidades básicas, por tanto, era un lujo para ellos en ese momento que; doña Luisa, que tenía ya 5 años trabajando para ellos como ama de llaves, siguiera con sus labores.

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Doña Luisa es una mujer fuerte de 73 años y está trabajando desde muy joven. No tuvo oportunidades para estudiar en la universidad, pero, nunca le faltó trabajo. Es una mujer inteligente y confiable que se ha encargado de criar a su nieto desde antes de que su hija muriera de una enfermedad catastrófica.

Esa tarde, Luisa notaba que Don José estaba muy apenado por la situación que le presentaba, pero ella entendía que, en este momento, no era tan necesario pagarle a alguien por aquel trabajo. Preguntó si podían recomendarla con alguien que necesitara ayuda en su casa y les agradecía por todo.

Se fue a casa con el dinero de los días trabajados. Tendrá que sobrevivir con una pensión paupérrima que le dejaron tantos años de servicio en el sector público.

Manuel abraza a su abuela muy fuerte cuando esta llega a la casa. Con 12 años, es un niño cariñoso e inteligente. Era de los pocos niños del barrio que iba a una escuela privada, su abuela hacía de tripas corazón para poder darle la educación que ella no tuvo y este, la estaba aprovechando al máximo, aun sin saberlo.

Luego de dos meses de encierro, al fin la abuela le compraría la computadora que necesitaba para seguir sus clases online, pero Manuel no entendía por qué abuela estaba tan triste. Un día, escucho una conversación de la abuela con alguien a quien le hablaba en voz baja pero molesta: “Voy a tener que cambiarlo de escuela porque no me da para pagar este año”

Tomó el celular de la abuela, donde podía jugar cuando ella no lo estaba usando y, buscando entre los contactos escribió el nombre de su mejor amigo para contarle, insertando muchos emojis tristes, que no iba a seguir yendo a la escuela.

Felipe se preocupó mucho al leer esos mensajes. Él y Manuel tenían la misma edad y eran muy buenos amigos, tanto que doña Luisa había guardado el número del niño para que hablaran de vez en cuando.

Felipe fue corriendo donde su madre y, preocupado; le contó lo que su querido amigo le había dicho. Le preguntó si ellos no podían hacer nada para ayudarlos. “Habla con tu padre, hijo” le dijo su madre cabizbaja.

Agustín escuchó a su hijo atentamente y, con un perfil muy serio le explicó: “Felipe, sabes lo que está pasando en el mundo, eres un niño inteligente. A nosotros esto nos afectó mucho y, estaremos bien, gracias a que hemos tenido la oportunidad de guardar dinero suficiente para un momento como este”

Don Agustín, como solían decirle, sabía que la pandemia les daría un golpe fuerte a sus negocios, trató por todos los medios que su mayor orgullo, un hotel turístico de 4 estrellas cerca del mar, se mantuviera en pie, pero era imposible ante la naturalidad del virus. Ese día estaba muy triste, había despedido a 8 de sus mejores empleados operativos, incluyendo a José, que era como parte de su familia.

La vida es una cadena y, esta pandemia nos afecta a todos, arrasando como un domino muchos sueños, muchas ilusiones, metas y planes. Sin embargo, como cadena, si nos mantenemos fuertes, si nos ayudamos y respaldamos los unos a los otros, podemos volver poco a poco, a ser lo que éramos, a tener lo que teníamos, a soñar lo que soñábamos… no dejemos que mueran nuestros sueños.

“Las ganas de soñar es lo único que la realidad no debería poder quitarnos”

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Lucia.

La carne de gallina estaba en el caldero, tapada y puesta en el fogón. La doña había puesto la cena un poco tarde, puesto que para que se ablande la carne de gallina había que esperar un rato más de lo normal. Mandó a Chepe al conuco antes de que el sol se ocultara y este, como buen nieto y hombre de la casa, fue sin rechistar.

El conuco estaba subiendo la ladera. La tierra que le había regalado aquel ingenioso presidente a muchos de sus militares para tener, más que el respeto, la gratitud de sus fuerzas armadas; era una tierra fértil que su abuelo le había dejado en herencia.

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Casa de campo – Fotografía: Ramón Guerrero

Llegando a la cima, donde se podía ver la plantación de yuca y el platanal, podía escucharse la música del colmado de la esquina que ponía bachatas de amargue para esas almas que se ahogaban en alcohol por un amor que, quizás, nunca tuvieron. Desde aquella cima también se podía ver la gente cuando iba al manantial por agua para llenar sus tinajas.

Chepe se quedaba mirando a las personas que para esa hora, regresaban a sus casas con vasijas de agua en la cabeza, entonces volvió a la tarea encomendada. Cortó unos cuantos plátanos, sacó un par de yucas, puso agua a las gallinas que ya estaban por dormir y tomó del suelo dos mangos maduros que, con la brisa de la tarde, habían caído de sus ramas.

Puso todo en un saco que llevaba amarrado en el pantalón y se disponía a bajar la colina de vuelta a la casa cuando vio a Lucia que subía del manantial.

Lucia era la hija menor del excoronel de la zona quien fuera uno de los dedos manejados por Balaguer en aquel entonces para controlar las invasiones de los terrenos. Había puesto el nombre de su hija en memoria de una canción escrita por el presidente de Quisqueya en aquel momento. El papá de chepe trabajó también como militar bajo el mando del coronel y, por tal razón, a pesar de que eran amigos, a Lucia no se le permitía hablar con personas diferentes a ellos. Claro, las tierras del coronel Lachapel eran 5 veces más grandes comparadas con las de la familia de Chepe.

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Río La India – Fotografía: Ramón Guerrero

Era raro ver a Lucia cargando agua; conociéndola, Chepe sabía que se había escapado para ayudar a la servidumbre. El soltó el saco y se concentró en mirar aquella silueta de joven fuerte. Un vestido de flores hasta las rodillas y un moño en el cabello, Lucia se comparaba con las mariposas de las que su padre le había hablado en algún momento.

Ella lo miró desde lejos, soltó la vasija en el piso y caminó hacia él. Mientras se acercaba, su cara se hacía más divisible para Chepe, hasta darse cuenta de que había lágrimas en sus pupilas.

– Luci. ¿Tú tá bien? _ Dijo Chepe preocupado.

Una lagrima rebelde rodó por las mejillas rojas de la chica, la limpió rápidamente y no dejó que su rostro pareciera triste, si no, más bien enojado.

– El viejo me quiere mandá pa la capital Chepe. _ Dijo con la vista hacia su casa, que podía verse desde lejos.

– Pero Luci, él quizá tá pensando en tu bien. Allá no te va faltá ná. Y va podé ir a la univerdisá.

– Él me vá a mandá pá que me case con el hijo de un viejo amigo del. Y yo no quiero i pá yá.

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La gallina – Fotografía: Ramón Guerrero

Chepe, con las manos sucias de tierra, tomó las manos de Lucia para tratar de pasarle algo de sus fuerzas. Siempre han estado enamorados, todos en el pueblo lo saben, desde la desembocadura del río, hasta el chorro, pero nadie se atreve a mencionarlo.

Lucia y chepe quedaron mirándose por un corto periodo de tiempo. En él, ella podía ver la inocencia de la gente buena. Una luz de bondad y paciencia, rara en los hombres de aquel lugar. Él, en ella veía el candor de la juventud y una liga entre amabilidad con un temperamento fuerte y decidido, más extraño aun en las mujeres que allí crecían.

Ya había caído el sol, que entre montañas se oculta más temprano. Lucia, decidida al fin, se acercó a Chepe, tanto que podía sentir su olor a hierba fresca y a tierra negra. Lo besó, con una intención tan bonita que Chepe no tuvo otra opción que corresponder.

Chepe, joven fuerte, levantó a Lucia por encima de la empalizada y la llevó cargada a la enramada que había en el conuco. Allí, el olor a cuero se vio opacado por un aroma de hojas y flores que traía el cuerpo de Lucia.

Las manos de la beldad parecían brillar en el rostro de aquel hombre indio de pelo rizado. Las manos de Chepe, robustas y fuertes, acercaron a Lucia a su cuerpo para continuar los besos y las caricias que hace mucho no se daban.

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Bestias en la finca – Fotografía: Ramón Guerrero

Quizás por el miedo a no volverse a ver, o tal vez por lo repentina que fue la noticia, Lucia había renunciado al pudor en aquel momento. Tomó la soga que mantenía el pantalón de Chepe en su lugar, desamarró el nudo y se asió del torso del joven como para fusionarse.

Chepe, que ni tonto ni perezoso, cargó a la joven en su cintura cual almohada hecha de plumas de gaviota. Ya no podían echar hacia atrás. Al son de una guaracha que en la esquina sonaba, Chepe y Lucia sudaban y suspiraban en la enramada del conuco de la familia Rosario.

Las manos de Chepe tocaban las nalgas blancas de la joven, manchándolas de tierra y lodo; empujándolas con fuerza como macho cabrío. Lucia abrazaba con energía el cuello del indio, dejándole comer sus senos antes nunca vistos y con la mirada hacia arriba pidiendo a los santos que el momento nunca acabara.

Nadie escuchaba nada. Nadie podía imaginarse lo que allí pasaba. Pero los gemidos se perdían en el monte. Como bestias indomables, Lucia y Chepe unieron sus cuerpos en sexo y lujuria. Para ellos, eso significaba ser marido y mujer afianzando sus lazos en cada estocada.

Chepe bajo de su cintura a Lucia y la recostó de las paredes de madera del conuco, de espaldas a él; y continuó su embestida como semental en apareo. Un mareo repentino inundo a la joven y su mente perdió lucidez. Entre más le gustaba lo que su hombre le hacía, más sentía que su consciencia se iba. Se asustó y, con miedo a caer muerta, se agarro de los brazos fuertes de su amante, quien la tomó por las muñecas y la dejó a penas respirar.

– Me siento morí, Manuel. _ Dijo Lucia, llamándolo por su nombre verdadero.

– Pué de aquí salimo muelto lo dó.

Al decir aquellas palabras, la joven se soltó de uno de sus brazos para taparse la boca, por miedo a que el coronel escuchara aquella canción lasciva que gritaba el nombre de Manuel. Casi se cae cuando el joven, con voz entre cortada, decía que la quería.

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La red de pesca – Fotografía: Ramón Guerrero

Tres minutos pasaron sin hablar, tumbados en el piso de barro. Hasta que la joven rompió el silencio.

– Manuel. Yo me tengo que i. Mi papá no va a durá mucho sin aparecé por aquí.

– Ay dio mío. Yo tengo que llevale uno vivere a la doña _ Dijo el joven asustado.

– ¿Qué vamo a sé Manuel? _ Preguntó Lucia; sabiendo que aquello que habían hecho podía cambiar toda su realidad.

– Ya la vieja me ha dicho mucha vece que no importa si yo me quiero i de aquí. Tengo una carreta y una betia alitá. Tú ere mi mujel Lucia, y si tu quiere, no vamo junto.

La joven sonrió como si el cielo estuviese a su favor, besó a su amado y cruzó la empalizada para tomar la vasija y volver a casa.

Al bajar, Chepe vio a la doña afuera de la enramada donde estaba el fogón, con la cara como un machete.

– Entonce hijo. Contigo se puede mandá a buca la muelte.

– No vieja, fue que se me ecapó una gallina y en eta ocuridá e difícil agarrala.

– ¿Aja? ¿Y esa gallina tiene nombre?

– Vieja, ute siempre con su cosa.

– Con mi cosa no, que yo no soy pendeja y la sarruga no son de valde. _ Dijo la señora para luego apaciguarse y decir: – Tú sabe que tu helmano puede ayudame en la casa. Mijo, si tú te quiere i, pó vete. Que ete campo no se va a caé si te va. Pero ten cuidaó con lo que te lleva, aquí hay gente que por un gallo mataron a tu papá.

Chepe bajo el saco, sacó los mangos y le dió uno a la doña.

– Vieja. Papi fue el que me dijo: “Vale la pena morí por lo que se quiere.” Mi papá era militar y gallero, si no lo mató la milicia, no quedaba otra muelte para él.

Al terminar de decir esto, Manuel se acostó en la hamaca y toda la noche pensó en su amada mujer y en su carreta.

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Glosario de términos:

Conuco: Parcela pequeña de tierra o huerta destinada al cultivo, especialmente de yuca; suele estar administrada por un único agricultor.

Platanal: Siembra de plátanos.

Manantial: Naciente o vertiente es una fuente natural de agua que brota de la tierra o entre las rocas.

Quisqueya: Nombre literario o familiar aplicado a la República Dominicana, cuyo vocablo aborigen taíno significa «madre de las tierras»

Enramada: Casucha creada entrelazando ramas y pencas de palmeras.

Tinaja: Recipiente de barro con forma de vasija de perfil ovalado, boca y pie estrechos y por lo general sin asas, que se usa normalmente para almacenar agua potable.

Guaracha: Tipo de música originaria de la isla de Cuba
Las fotografías usadas en este cuento fueron tomadas por el autor en el pueblo de Las espinas, Jamao al norte. Moca, República Dominicana.

Canción Lucia.